Las palabras de Martin Luther King en su discurso Más allá de Vietnam resuenan hoy con una claridad incómoda. Cuando advirtió que una sociedad que coloca las máquinas y las computadoras, el afán de lucro y los derechos de propiedad por encima de las personas se vuelve incapaz de derrotar el racismo, el materialismo extremo y el militarismo, estaba diagnosticando una patología estructural más que una coyuntura histórica. Casi seis décadas después, ese diagnóstico parece describir con precisión el estado actual de la política y la economía estadounidenses.
En el Washington contemporáneo, la prioridad no ha sido la vida material de los trabajadores sino la rentabilidad corporativa y la concentración de la riqueza. El repliegue de programas públicos orientados a la movilidad social y la expansión de una lógica securitaria y militarizada en el territorio nacional han debilitado la confianza cívica. El resultado es una tensión social persistente que se manifiesta con especial crudeza en las comunidades negras.
Recesión negra y desigualdad estructural
El informe Estado del Sueño 2026: De la regresión a los signos de una recesión negra, elaborado por el Joint Center, ofrece una radiografía inquietante. El desempleo entre la población negra alcanzó el 7,5 por ciento en diciembre de 2025, frente a una tasa nacional del 4,4 por ciento. Esta brecha no es un accidente estadístico sino la expresión de desigualdades económicas persistentes amplificadas por cambios de política que han debilitado el mercado laboral.
La volatilidad del desempleo juvenil negro durante los últimos meses de 2025 refuerza la idea de precariedad sistémica. Cuando el ciclo económico se vuelve adverso, las comunidades negras absorben el impacto primero y con mayor intensidad. La recesión, incluso cuando es incipiente, no se distribuye de manera neutral.
Órdenes ejecutivas de Trump
Las órdenes ejecutivas de Donald Trump han acelerado este proceso al desmantelar marcos institucionales de igualdad racial construidos durante décadas. El debilitamiento de la Orden Ejecutiva de Igualdad de Oportunidades en el Empleo de 1965, impulsada por Lyndon Johnson, y la desfinanciación de la Agencia de Desarrollo de Empresas de Minorías han reorientado el apoyo federal lejos de las empresas desfavorecidas.
Las consecuencias son inmediatas y tangibles. Las empresas de propiedad negra afrontan la pérdida de contratos federales, menor acceso a capital y un riesgo creciente de destrucción de empleo. Miles de millones de dólares en ingresos potenciales quedan en entredicho, mientras se socavan los esfuerzos por cerrar la brecha racial en el mercado laboral.
Política fiscal regresiva
La aprobación en 2025 del llamado Big Beautiful Bill por parte del Partido Republicano consolidó una orientación fiscal regresiva. Los recortes de impuestos favorecieron de manera desproporcionada a hogares y corporaciones de altos ingresos, mientras se redujeron inversiones en Medicaid y SNAP, pilares de la red de protección social. El ajuste no solo restringe el acceso a servicios esenciales sino que amplifica la vulnerabilidad económica de los hogares de bajos ingresos, con efectos raciales previsibles.
Tecnología, inteligencia artificial y nuevas exclusiones
El sector tecnológico, motor del crecimiento estadounidense, tampoco escapa a esta lógica. Órdenes ejecutivas orientadas a eliminar barreras al liderazgo en inteligencia artificial han suprimido protecciones de derechos civiles que podían favorecer una mayor inclusión. En ausencia de salvaguardas, la economía digital corre el riesgo de reproducir y profundizar desigualdades históricas bajo la apariencia de innovación.
El llamamiento de Martin Luther King a un liderazgo federal firme sigue siendo pertinente. Sin embargo, el rumbo actual apunta en sentido contrario. La destrucción de empleos públicos, el desmantelamiento de agencias encargadas de prevenir prácticas económicas depredadoras y la tolerancia a políticas regresivas conforman un patrón coherente con el aumento del desempleo negro y la fragilización del contrato social.
Como recordó King, el banco de la justicia no está en bancarrota. Pero la inacción tiene costes acumulativos. Con Donald Trump y su agenda supremacista las desigualdades económicas y raciales se consolidarán, generando una pérdida generacional. La cuestión central no es retórica sino política: si Estados Unidos será capaz de superar su herencia de racismo, materialismo y militarismo o si, desoyendo la urgencia moral señalada en 1967, permitirá que la regresión se convierta en norma.