Donald Trump y Delcy Rodríguez han necesitado apenas nueve meses para recorrer una distancia política que hasta hace poco parecía imposible. Estados Unidos capturó a Nicolás Maduro mediante una operación militar en Caracas el pasado 3 de enero y este martes Trump recibió en Nueva York a quien fuera su vicepresidenta, convertida ahora en presidenta interina de Venezuela y principal interlocutora de Washington.
El encuentro se produjo en el hotel Lotte New York Palace, aprovechando la recepción organizada por Trump durante la Asamblea General de Naciones Unidas. Fue una reunión breve, a puerta cerrada y sin acceso de la prensa, en la que participaron también el secretario de Estado, Marco Rubio; el secretario del Tesoro, Scott Bessent; la jefa de gabinete de la Casa Blanca, Susie Wiles, y el subjefe de gabinete, Stephen Miller.
Pero la fotografía importa bastante menos que lo ocurrido antes de llegar a ella. En enero, Rodríguez era la vicepresidenta de un Gobierno que Estados Unidos combatía abiertamente. En septiembre se sienta con el presidente estadounidense para hablar de energía, minería, seguridad y cooperación económica, mientras Venezuela intenta recuperar financiación internacional y reestructurar una deuda gigantesca.
La propia Rodríguez calificó la reunión de “histórica” y aseguró que ambos habían abordado el fortalecimiento de las relaciones bilaterales. La delegación venezolana lleva varios días manteniendo conversaciones en Estados Unidos sobre energía, minería y deuda y ha establecido contactos con instituciones como el Banco Interamericano de Desarrollo, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Reuters cifra entre 150.000 y 200.000 millones de dólares la deuda venezolana pendiente de reestructuración.
La relación entre Washington y Caracas ya no se parece demasiado a la que existía cuando Maduro ocupaba Miraflores. Pero tampoco encaja fácilmente en una normalización diplomática convencional.
Trump habla de Venezuela como el vencedor que recoge el botín
Horas antes de encontrarse con Delcy Rodríguez, Trump había ofrecido ante Naciones Unidas una explicación mucho menos diplomática sobre su manera de entender la nueva relación con Venezuela.
El presidente estadounidense reivindicó la captura de Maduro como demostración de que Estados Unidos está dispuesto a utilizar su poder militar para proteger sus intereses en el hemisferio occidental y presumió del acuerdo petrolero alcanzado posteriormente con Caracas.
Y entonces resumió su filosofía con una frase difícil de mejorar mediante cualquier análisis político: “Al vencedor le corresponde el botín”. La elección de las palabras resulta especialmente significativa porque el “botín” del que hablaba Trump es el petróleo de un país extranjero.
Venezuela posee las mayores reservas probadas de crudo del planeta, alrededor de 303.000 millones de barriles, aproximadamente el 17% de las reservas mundiales, aunque años de deterioro de las infraestructuras y falta de inversión han reducido enormemente su capacidad productiva.
Trump ha defendido públicamente que el nuevo acuerdo permitirá a Estados Unidos acceder a alrededor de 65.000 millones de barriles de reservas venezolanas, mientras su Administración pretende impulsar inversiones por decenas de miles de millones de dólares para recuperar la producción. El petróleo explica así una parte sustancial del vertiginoso cambio de relación.
Washington pasó de considerar al Gobierno venezolano una amenaza regional a intervenir militarmente, capturar a su presidente y, posteriormente, establecer una relación privilegiada con su sucesora mientras las empresas estadounidenses regresan al sector energético del país.
Es difícil presentar semejante secuencia únicamente como un triunfo de la democracia venezolana cuando el propio presidente de Estados Unidos habla abiertamente del vencedor y de su botín.
Delcy Rodríguez pasa de vicepresidenta de Maduro a interlocutora de Trump
La transformación de Delcy Rodríguez es igualmente extraordinaria. Durante años fue una de las figuras más poderosas del chavismo y una de las colaboradoras más estrechas de Nicolás Maduro. Después de su captura prometió lealtad al presidente depuesto. Nueve meses después, su Gobierno mantiene una cooperación creciente con Washington y ella se convierte en la primera gobernante venezolana que se reúne con un presidente estadounidense desde el encuentro entre Barack Obama y Maduro en Panamá en 2015.
La Administración Trump ha encontrado en Rodríguez una interlocutora con capacidad para conservar buena parte de las estructuras del Estado venezolano y, al mismo tiempo, abrir sectores estratégicos a la inversión extranjera. Ese pragmatismo también beneficia a Rodríguez. La presidenta interina obtiene reconocimiento internacional, acceso a organismos financieros y posibilidades de recuperación económica para un país profundamente deteriorado.
Las conversaciones desarrolladas estos días en Nueva York van bastante más allá de una fotografía con Trump. La delegación venezolana está negociando cuestiones relacionadas con energía, minería, financiación internacional, reconstrucción y reestructuración de deuda. El acercamiento tiene, por tanto, intereses muy concretos a ambos lados de la mesa. Lo que resulta bastante más difícil de localizar es el calendario democrático.
El petróleo avanza más deprisa que las elecciones
Mientras los acuerdos económicos avanzan con rapidez, el futuro electoral del país continúa sin una definición equivalente. María Corina Machado permanece en Panamá y ha intentado regresar a Venezuela sin éxito. Al mismo tiempo, sectores de la oposición reclaman elecciones mientras Rodríguez consolida su posición institucional y multiplica los contactos internacionales.
La presidenta interina también ha tratado con el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, cuestiones relacionadas con las reformas democráticas. Pero la agenda económica ha adquirido una velocidad mucho mayor. Empresas estadounidenses ya estudian o negocian inversiones en petróleo y otros recursos naturales venezolanos, mientras Washington trata de integrar nuevamente al país en los circuitos internacionales de financiación.
Continental Resources, vinculada al empresario petrolero Harold Hamm, aliado de Trump, ha firmado un memorando de entendimiento con PDVSA para estudiar inversiones en la Faja del Orinoco. Otras compañías estadounidenses e internacionales exploran también oportunidades en el país.
La pregunta, por tanto, ya no consiste únicamente en cómo terminará la transición abierta después de Maduro. También consiste en quién se beneficiará económicamente de ella.
Maduro, a pocos kilómetros de una reunión que retrata la nueva Venezuela
La geografía añadió una imagen difícilmente imaginable hace un año. Mientras Trump y Rodríguez conversaban en un hotel de Manhattan sobre el futuro de las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela, Nicolás Maduro permanecía encarcelado a pocos kilómetros, después de haber sido capturado por fuerzas estadounidenses durante la operación militar del 3 de enero.
Su antigua vicepresidenta se encontraba entretanto sentada frente al presidente que ordenó aquella intervención. No hace falta forzar demasiado el simbolismo. Trump presentó precisamente la operación venezolana ante la Asamblea General de Naciones Unidas como una demostración de la recuperación del poder estadounidense en el continente. También prometió utilizar su “inigualable poderío militar” cuando considere amenazados los intereses de Estados Unidos. Reuters sitúa ese discurso dentro de la recuperación por su Administración de una concepción intervencionista de la influencia estadounidense sobre el hemisferio occidental.
Washington justificó durante años su presión sobre Caracas apelando a la democracia y los derechos políticos de los venezolanos. Tras la caída de Maduro, sin embargo, la velocidad de los acuerdos petroleros contrasta con la ausencia de un calendario electoral definido.
Eso no significa que nada haya cambiado. Se han producido liberaciones de presos políticos y el diálogo entre el chavismo y parte de la oposición ha permitido medidas como el levantamiento de restricciones contra determinados medios de comunicación.
Pero nueve meses después de la intervención estadounidense, la gran transformación visible es otra: Venezuela vuelve al mercado internacional mientras Estados Unidos gana una influencia extraordinaria sobre sus recursos estratégicos.
Y Trump ni siquiera parece interesado en revestirlo con el lenguaje tradicional de la diplomacia. “Al vencedor le corresponde el botín”, dijo ante Naciones Unidas. Pocas horas después, Delcy Rodríguez entraba en el New York Palace para reunirse con él.
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