Trump congela su corredor marítimo en Ormuz para intentar cerrar un acuerdo con Irán

La Casa Blanca mantiene el bloqueo militar en el Golfo mientras suspende temporalmente su operación “humanitaria” en plena negociación con Teherán

06 de Mayo de 2026
Actualizado a las 15:57h
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Trump congela su corredor marítimo en Ormuz para intentar cerrar un acuerdo con Irán
Trump durante su comparecencia en la Casa Blanca

Donald Trump ha anunciado la suspensión temporal del llamado Proyecto Libertad, la iniciativa impulsada por Estados Unidos para escoltar el tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz, con el argumento de facilitar las negociaciones abiertas con Irán, aunque manteniendo intacto el despliegue militar y el bloqueo naval sobre una de las rutas energéticas más sensibles del planeta.

La decisión, comunicada por el propio presidente estadounidense a través de sus redes sociales, llega apenas un día después del arranque oficial de la operación y en medio de una guerra que Trump continúa describiendo con una frivolidad desconcertante como una “pequeña escaramuza militar”, pese al impacto estratégico y económico que el conflicto ya está provocando en toda la región.

Según explicó la Casa Blanca, la suspensión responde a la petición de varios países, entre ellos Pakistán, y al supuesto avance de las conversaciones con Teherán para alcanzar un acuerdo “completo y definitivo”. Sin embargo, Washington ha dejado claro que el bloqueo marítimo seguirá plenamente operativo y que la pausa afecta únicamente al corredor de paso seguro diseñado para determinados buques.

La contradicción resulta difícil de ocultar. Estados Unidos habla de desescalada mientras mantiene desplegado un dispositivo militar gigantesco en el Golfo, con destructores lanzamisiles, más de cien aeronaves, plataformas no tripuladas y unos 15.000 efectivos bajo mando del CENTCOM. Todo ello para una misión que, hasta el momento, apenas habría permitido el tránsito de dos embarcaciones estadounidenses por el estrecho.

El estrecho de Ormuz, por donde circula una parte esencial del petróleo mundial, se ha convertido otra vez en símbolo de un equilibrio internacional cada vez más precario. Lo que Washington presenta como una operación de protección marítima es interpretado por Teherán como una demostración de fuerza destinada a consolidar el control estadounidense sobre la región.

En ese contexto, la retórica de Trump vuelve a situarse en el centro de la escena. Reducir un conflicto armado entre potencias regionales a una “escaramuza” no solo banaliza la gravedad de la situación, sino que convierte la diplomacia en un ejercicio de improvisación permanente, sometido a declaraciones cambiantes y anuncios contradictorios.

La suspensión del Proyecto Libertad refleja precisamente esa lógica errática. Se lanza una operación militar de gran escala y apenas horas después se congela parcialmente para “ver” si las negociaciones avanzan. La sensación es la de una política exterior construida sobre impulsos, donde el lenguaje de la presión convive con apelaciones repentinas al diálogo sin una estrategia reconocible detrás.

Mientras tanto, el impacto económico empieza a sentirse más allá de Oriente Próximo. Las tensiones sobre el suministro energético y el tráfico marítimo mantienen en alerta a Europa y a los mercados internacionales, conscientes de que cualquier incidente en Ormuz tiene consecuencias inmediatas sobre los precios y las cadenas logísticas globales.

Por ahora, Washington insiste en que el acuerdo con Irán sigue siendo posible. Pero incluso esa expectativa aparece envuelta en el mismo tono de espectáculo político que caracteriza buena parte de la presidencia de Trump, donde cada movimiento parece diseñado más para dominar el relato que para estabilizar realmente el escenario internacional.

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