La ciudad suiza de Davos es el escenario donde las tensiones globales suelen expresarse con lenguaje técnico y diplomacia amortiguada, Donald Trump volvió a preferir la franqueza áspera. Esta vez, el objetivo fue España, señalada como el “único país de la OTAN” que, según el presidente estadounidense, no se ha comprometido a elevar su gasto en Defensa hasta el 5 % del PIB. El calificativo elegido no fue casual: “aprovechado”. Es decir, un sinónimo de "gorrón".
El mensaje, lanzado durante la ceremonia de constitución de la Junta de Paz que Trump impulsa desde Suiza, trasciende el reproche puntual. Es una declaración de principios geopolíticos: Estados Unidos, bajo el liderazgo de Trump, vuelve a concebir las alianzas no como compromisos estructurales, sino como contratos revisables, medidos en porcentajes y balances contables.
Trump no se limitó a España. En su intervención previa en el Foro Económico Mundial, el presidente estadounidense insistió en una idea que ya definió su primer mandato: Estados Unidos “no ha obtenido nada de la OTAN”. En su relato, la Alianza Atlántica ha servido durante décadas para proteger a Europa de la Unión Soviética y de Rusia, mientras Washington asumía la mayor parte del coste financiero.
La lógica es inequívoca. La seguridad colectiva, uno de los pilares conceptuales de la OTAN desde 1949, queda relegada frente a una visión transaccional del poder, en la que la protección se convierte en un servicio que debe pagarse, y pagarse caro. El umbral ya no es el histórico 2% del PIB, sino un ambicioso 5%, una cifra que reconfigura por completo las prioridades presupuestarias europeas.
España, caso ejemplarizante
En este marco, España cumple una función estratégica en el discurso de Trump. No es solo un país con un gasto en Defensa relativamente bajo dentro de la Alianza, sino un símbolo útil para enviar un mensaje al resto de socios: quien no cumpla, será señalado públicamente.
“No sé lo que pasa con España”, afirmó Trump, subrayando su aislamiento dentro del bloque. La frase no busca tanto una explicación como marcar una asimetría de poder. Washington habla; los aliados escuchan. Y, eventualmente, corrigen.
No es la primera vez que Trump critica a Madrid por esta cuestión. Pero el contexto actual —con la guerra en Ucrania, la inestabilidad en Oriente Próximo y el replanteamiento del liderazgo occidental— convierte el reproche en algo más que retórica: es una advertencia estratégica.
Elevar el gasto militar hasta el 5% del PIB supone, para la mayoría de países europeos, un cambio estructural del Estado. Implica recortes, endeudamiento o reasignación de recursos desde políticas sociales hacia Defensa. En democracias con electorados sensibles al bienestar, el coste político es considerable.
Trump parece consciente de ello. Precisamente por eso, el listón tan alto refuerza su posición negociadora. El objetivo no es necesariamente que todos alcancen esa cifra, sino forzar una renegociación del reparto de cargas dentro de la OTAN bajo términos más favorables para Estados Unidos.
Junta de Paz, Junta de Autócratas
Las declaraciones contra España se produjeron durante la constitución de la llamada Junta de Paz, un órgano concebido inicialmente para supervisar el plan de Trump para Gaza, pero que ahora el presidente quiere extender a otros conflictos globales. El gesto no es menor.
Trump se presenta simultáneamente como árbitro de la paz y acreedor de la seguridad occidental. En ese doble papel, las alianzas tradicionales dejan de ser marcos estables y se transforman en instrumentos flexibles, sujetos a revisión constante según el beneficio percibido por Washington.
El episodio de Davos revela una tensión más profunda: Europa sigue dependiendo de Estados Unidos para su seguridad, pero Estados Unidos cuestiona cada vez más el valor de ese compromiso. España, en este contexto, aparece como el eslabón señalado, pero no necesariamente el único observado.
El riesgo para la OTAN no es una ruptura abrupta, sino algo más sutil: una erosión progresiva de la confianza, sustituida por una contabilidad fría de aportaciones y retornos. Cuando la alianza más poderosa del mundo empieza a medirse en términos de “quién paga qué”, el concepto mismo de solidaridad estratégica queda en entredicho.