Trump asalta los ahorros para la jubilación de millones de personas

Una Orden Ejecutiva del presidente de los Estados Unidos propone la inclusión de criptomonedas, con las que Trump y su familia están ganando miles de millones, en fondos de pensiones protegidos

05 de Febrero de 2026
Actualizado a las 14:02h
Guardar
Trump dolar
Donald Trump, en la Casa Blanca | Foto: The White House / Molly Riley

El experimento económico de la administración de Donald Trump ha alcanzado una nueva frontera que amenaza con dinamitar los pilares de la seguridad financiera de la clase trabajadora estadounidense. Bajo el pretexto de una supuesta "democratización" de las finanzas, la orden ejecutiva del 7 de agosto de 2025 ha abierto las compuertas de los planes 401(k) a los activos más volátiles y opacos del mercado: el capital privado y las criptomonedas. Lo que la Casa Blanca presenta como una expansión de la libertad de inversión es, en realidad, un desmantelamiento sistemático de las salvaguardas fiduciarias que durante décadas protegieron los ahorros de jubilación de millones de familias, exponiéndolas a riesgos que incluso los inversores institucionales más sofisticados han comenzado a rechazar.

Esta maniobra desregulatoria no es un hecho aislado, sino una pieza clave de una arquitectura política que prioriza el rescate de las grandes firmas de inversión a expensas del ahorrador minorista. En un momento en que el entusiasmo de los fondos de pensiones tradicionales por el capital privado ha empezado a flaquear debido a las altas comisiones y la falta de liquidez, la administración Trump ha decidido que sean los ciudadanos comunes quienes rellenen ese vacío de capital. Al instar a los reguladores a incluir estos activos alternativos o "alts" en las carteras de jubilación, se está fomentando la entrada de billones de dólares en productos financieros que, por definición, son difíciles de valorar y casi imposibles de liquidar en momentos de crisis. El riesgo de que un trabajador se encuentre con que su fondo de retiro está compuesto por activos ilíquidos justo cuando más necesita acceder a ellos es una posibilidad real que la actual política ignora deliberadamente.

La gravedad de esta decisión se acentúa por el intento paralelo de derribar las barreras legales que permiten a los participantes de los planes demandar a los administradores que actúan con negligencia. Históricamente, el deber fiduciario obligaba a los patrocinadores de planes 401(k) a actuar bajo el principio de prudencia, seleccionando opciones de inversión que equilibraran el crecimiento con la seguridad. Sin embargo, al dificultar el litigio contra aquellos que promueven inversiones en criptomonedas y materias primas, la administración está otorgando una carta blanca a la industria financiera para experimentar con los fondos de pensiones. Esta erosión de la responsabilidad legal deja a los ahorradores en una situación de indefensión total, donde las pérdidas que alteran vidas se presentan como un simple "coste de mercado", mientras los asesores quedan blindados tras una nueva muralla de desprotección regulatoria.

La corrupción y el conflicto de intereses que subyace en esta política resulta especialmente inquietante cuando se analiza el patrimonio personal del presidente y su entorno más cercano. A lo largo de 2025, la familia Trump ha consolidado un imperio basado en activos digitales que, según estimaciones de mercado, podría alcanzar una valoración de 2.000 millones de dólares en 2026. Al utilizar la autoridad ejecutiva para legitimar e integrar las criptomonedas en el sistema nacional de jubilación, Trump no solo está dictando política pública; está impulsando directamente la infraestructura financiera de la que su familia obtiene beneficios milmillonarios. Esta convergencia entre el beneficio privado y la normativa de pensiones representa una ruptura sin precedentes con la ética administrativa y proyecta una sombra de duda sobre si el objetivo real de la orden ejecutiva es la prosperidad del trabajador o la revalorización de sus propios activos digitales.

La promoción de inversiones en objetos de colección digitales y otros activos sin valor intrínseco recuerda peligrosamente a la exuberancia irracional que precedió al colapso de los años 20. Al igual que en aquella década de especulación desmedida, se está invitando a los ciudadanos a participar en una apuesta donde el valor del activo depende exclusivamente de encontrar a un "tonto mayor" dispuesto a pagar más por él en el futuro. La diferencia es que, en esta ocasión, no se trata de capital excedente, sino de los fondos destinados a la supervivencia durante la vejez. Si la burbuja especulativa que Trump está alimentando llegara a estallar, las repercusiones no solo devastarían las cuentas individuales, sino que podrían provocar un colapso sistémico en toda la economía, dado el peso masivo que los planes de aportación definida tienen en el sistema financiero estadounidense.

En última instancia, el asalto de Trump a los planes 401(k) es un síntoma de una visión política que desprecia la estabilidad social en favor del crecimiento ficticio y el beneficio de los grupos de interés que sustentan su poder. Mientras el presidente presume de "convertir a Estados Unidos en la capital mundial de las criptomonedas", los trabajadores ven cómo el santuario de su jubilación se transforma en un casino financiero sin reglas claras. Desmantelar las protecciones fiduciarias no es democratizar el acceso al capital; es lanzar a los ahorradores a un océano de volatilidad sin salvavidas. La historia financiera demuestra que cuando la prudencia se sacrifica en el altar de la desregulación ideológica, el precio de la factura final siempre acaba recayendo sobre los hombros del eslabón más vulnerable de la sociedad, mientras quienes promovieron el caos observan desde la seguridad de sus propias fortunas.

Lo + leído