Starmer tira la toalla y abre una nueva etapa en Reino Unido con Burnham como gran favorito

El líder laborista anuncia su dimisión apenas dos años después de alcanzar una histórica mayoría parlamentaria.

22 de Junio de 2026
Actualizado el 23 de junio
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El primer ministro británico, Keir Starmer, este lunes ante el número 10 de Downing Street, en Londres, sede del Gobierno.
El primer ministro británico, Keir Starmer, este lunes ante el número 10 de Downing Street, en Londres, sede del Gobierno.

La política británica vuelve a entrar en una fase de profunda incertidumbre. Keir Starmer anunció este lunes su dimisión como primer ministro del Reino Unido y como líder del Partido Laborista, una decisión que pone fin a un mandato de apenas dos años y abre una carrera para elegir a la persona que dirigirá el Gobierno en los próximos meses.

La renuncia llega después de semanas de creciente presión interna dentro del laborismo y tras una serie de resultados electorales que habían alimentado el malestar entre numerosos diputados del partido. La figura que emerge con más fuerza para sucederle es Andy Burnham, hasta hace pocos días alcalde de Mánchester y recientemente elegido diputado por la circunscripción de Makerfield.

Durante una comparecencia ante el número 10 de Downing Street, Starmer confirmó que permanecerá temporalmente en el cargo para facilitar una transición ordenada mientras el Partido Laborista organiza el proceso de elección de un nuevo líder.

“En cada decisión que he tomado he puesto al país que amo por delante. Mi partido se preguntaba si yo era la persona mejor situada para ser candidato en las próximas elecciones. He escuchado la respuesta de mi grupo parlamentario”, afirmó el todavía primer ministro.

Un liderazgo cuestionado desde dentro

La salida de Starmer supone un giro inesperado para un dirigente que hace apenas dos años protagonizó una de las victorias más contundentes de la historia reciente del laborismo. Aquella victoria puso fin a catorce años consecutivos de gobiernos conservadores y fue interpretada como el inicio de una nueva etapa política para el país.

Sin embargo, el desgaste de su Ejecutivo fue acelerándose con el paso de los meses. La pérdida de apoyo entre amplios sectores del electorado, unida a la preocupación por el crecimiento de Reform UK, la formación liderada por Nigel Farage, terminó provocando una rebelión silenciosa dentro de las filas laboristas.

Según diferentes informaciones conocidas durante los últimos días, numerosos diputados consideraban que Starmer se había convertido en un lastre electoral para el partido y reclamaban un cambio de liderazgo antes de afrontar nuevas citas con las urnas.

El propio dirigente reconoció indirectamente esa situación al anunciar su retirada. “Dimitiré como líder del Partido Laborista. Ya he informado al rey de mi decisión”, señaló ante ministros, colaboradores y altos funcionarios reunidos para escuchar un discurso cargado de simbolismo.

La reivindicación de su legado

Lejos de presentar su marcha como una derrota personal, Starmer aprovechó su intervención para reivindicar los logros alcanzados durante su etapa al frente del laborismo y del Gobierno.

El primer ministro recordó las dificultades que encontró cuando asumió el liderazgo de una formación profundamente dividida tras años de derrotas electorales y conflictos internos.

“Hace seis años heredé un Partido Laborista que estaba política, financiera y moralmente en bancarrota”, afirmó.

En su balance destacó la reconstrucción de la organización, la recuperación de la credibilidad económica y el fortalecimiento de la imagen institucional del partido.

“Demostramos a todos los que lo decían que estaban equivocados, cambiamos el partido, lo liberamos del veneno del antisemitismo, recuperamos la confianza en la economía, la defensa y la seguridad nacional”, sostuvo.

Starmer también defendió la gestión realizada durante sus dos años en Downing Street, subrayando avances en crecimiento económico, salarios, inversión pública, sanidad, derechos laborales y gasto en defensa.

Entre los principales logros citados por el dirigente figuran la reducción de las listas de espera del sistema sanitario, el aumento de los derechos de trabajadores e inquilinos y medidas destinadas a combatir la pobreza infantil.

Andy Burnham toma ventaja

La gran incógnita ahora es quién ocupará el liderazgo del Partido Laborista y, por extensión, la jefatura del Gobierno británico.

Todas las miradas se dirigen hacia Andy Burnham. El exalcalde de Mánchester consiguió la pasada semana un escaño parlamentario al imponerse en Makerfield, un resultado que reforzó todavía más su posición dentro del partido.

Burnham cuenta con una importante base de apoyo entre la militancia laborista y es considerado por muchos dirigentes como una figura capaz de recuperar la conexión con sectores del electorado que se han alejado de la formación durante los últimos años.

El Comité Nacional Ejecutivo del Partido Laborista deberá activar formalmente el proceso de primarias el próximo 9 de julio. Si aparecen varios candidatos, la elección podría prolongarse durante todo el verano. Sin embargo, si Burnham logra consolidar el respaldo mayoritario que actualmente se le atribuye, el relevo podría producirse mucho antes.

En ese escenario, el Reino Unido podría tener un nuevo primer ministro a mediados de julio.

Una década marcada por la inestabilidad

La posible llegada de Burnham coincidiría además con una fecha especialmente simbólica para la política británica. Este año se cumplen diez años del referéndum que decidió la salida del Reino Unido de la Unión Europea, una consulta que transformó por completo el panorama político nacional.

Desde entonces, el país ha vivido una sucesión constante de crisis políticas, cambios de liderazgo y profundas divisiones sociales. Si Burnham acaba convirtiéndose en jefe del Ejecutivo, se transformará en el séptimo primer ministro británico en apenas una década.

La dimisión de Starmer confirma hasta qué punto continúa abierta la etapa de inestabilidad iniciada tras el Brexit. El dirigente que llegó al poder prometiendo reconstruir la confianza en las instituciones abandona ahora Downing Street presionado por sus propios compañeros y por un escenario político cada vez más fragmentado.

Su salida cierra un capítulo breve pero intenso de la historia reciente británica y abre otro lleno de interrogantes. El Partido Laborista deberá decidir en las próximas semanas si apuesta por una transición rápida bajo el liderazgo de Andy Burnham o si abre una competición interna más amplia. Lo que parece indiscutible es que Reino Unido vuelve a enfrentarse a un cambio de rumbo en un momento especialmente delicado para su futuro político.

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