El silencio sobre las cárceles israelíes empieza a romperse

Las denuncias de abusos sexuales contra presos palestinos ya no proceden solo de organizaciones humanitarias, también llegan desde medios internacionales, juristas israelíes y organismos de la ONU

22 de Mayo de 2026
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El silencio sobre las cárceles israelíes empieza a romperse

Durante demasiado tiempo, buena parte del mundo ha preferido mirar hacia otro lado. Las denuncias sobre abusos sexuales, humillaciones y torturas contra palestinos detenidos en cárceles israelíes llevaban años apareciendo en informes de derechos humanos, testimonios judiciales y documentos de Naciones Unidas. Pero ahora algo empieza a cambiar, el silencio internacional comienza a resquebrajarse. Y eso incomoda profundamente al Gobierno de Netanyahu.

Porque ya no se trata únicamente de acusaciones lanzadas desde organizaciones palestinas. Son periodistas internacionales, abogados israelíes y organismos independientes quienes empiezan a describir un patrón de violencia sistemática dentro del sistema penitenciario israelí. Golpes en los genitales, amenazas sexuales, desnudos forzados, penetraciones con objetos, humillaciones constantes utilizadas como mecanismo de castigo y deshumanización.

Lo verdaderamente devastador no es solo la brutalidad de algunos testimonios. Es la sensación creciente de impunidad que los rodea. Israel reaccionó con razón y con indignación tras las atrocidades del 7 de octubre. El mundo escuchó entonces las denuncias sobre violencia sexual cometida por Hamás contra mujeres israelíes. Pero precisamente por eso resulta aún más insoportable observar ahora cómo parte de la sociedad y del Gobierno israelí responden negando, minimizando o desacreditando las denuncias cuando las víctimas son palestinas.

Ahí aparece la gran fractura moral de esta guerra.

Porque ningún trauma colectivo, ningún atentado y ninguna amenaza terrorista legitiman la degradación sistemática de seres humanos bajo custodia estatal. Y sin embargo eso es exactamente lo que describen cada vez más informes internacionales. El problema ya no es únicamente jurídico, es político y también profundamente ético.

Porque cuando una sociedad empieza a aceptar que determinados cuerpos pueden ser humillados porque pertenecen al “enemigo”, lo que se deteriora no es solo la legalidad internacional. Se deteriora la propia idea de humanidad compartida. Por eso las investigaciones sobre las cárceles israelíes tienen tanta importancia. No solo por lo que cuentan sobre Palestina.

También por lo que empiezan a revelar sobre la deriva moral de un Estado que durante años quiso presentarse ante el mundo como la única democracia plena de Oriente Próximo.

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