El ruido de guerra que tapa el vacío político de Trump

La amenaza militar contra Irán no es una estrategia, es un estilo. Y también una coartada: ruido exterior para tapar el vacío interior de una presidencia que solo sabe gobernar a base de ultimátums

29 de Enero de 2026
Actualizado a la 13:01h
Guardar
El ruido de guerra que tapa el vacío político de Trump
Trump en el Foro de Davos | Foto: WEF

Donald Trump ha decidido volver a hablarle al mundo como si fuera un plató y no un sistema internacional. Un mensaje en su red social, redactado como un tráiler de acción, ha bastado para anunciar el despliegue de una “armada enorme” rumbo a Irán, encabezada por el portaaviones Abraham Lincoln. La diplomacia, reducida a una amenaza escrita en mayúsculas. La política exterior, convertida en relato bélico de consumo rápido. Y la paz, otra vez, subordinada al ego.

El mensaje no aporta nada nuevo en términos estratégicos, pero sí confirma algo que ya es estructural: Trump no concibe las relaciones internacionales como un espacio de negociación, sino como una sucesión de escenas de fuerza. La guerra no como último recurso, sino como lenguaje preferente.

El teatro naval como política exterior

El despliegue del Abraham Lincoln y su grupo de escolta no es un movimiento militar extraordinario: Estados Unidos mantiene presencia permanente en Oriente Próximo desde hace décadas. Lo extraordinario es la forma de anunciarlo. Trump no informa, amenaza. No disuade, intimida. Y lo hace comparando Irán con Venezuela, como si ambos países fueran episodios de una misma serie donde él siempre interpreta al sheriff.

La referencia a la supuesta “Operación Martillo de Medianoche” —una denominación que parece salida de un videojuego— revela el problema de fondo: la política exterior trumpista es un simulacro narrativo donde la violencia se presenta como eficacia y la diplomacia como debilidad. No hay matices, no hay escalas, no hay derecho internacional. Solo hay enemigos que “tienen que sentarse a la mesa” bajo amenaza de ser bombardeados.

El uso de la fuerza como argumento

Desde el punto de vista técnico, la amenaza carece de base jurídica. No existe mandato internacional, no hay resolución del Consejo de Seguridad, ni ruptura formal de ningún acuerdo vigente, más allá de los que Trump ya dinamitó en su primer mandato. El acuerdo nuclear con Irán —que funcionaba— fue desmantelado por Estados Unidos, no por Teherán. Desde entonces, la región vive en un equilibrio inestable que Washington se ha dedicado a tensionar.

Trump ahora invierte el relato: presenta a Irán como el obstáculo y a la fuerza militar como solución. Pero no hay solución militar al problema nuclear iraní, como saben perfectamente el Pentágono, la CIA y cualquier analista mínimamente serio. Un ataque no frenaría el programa: lo aceleraría. No debilitaría al régimen: lo blindaría. No aislaría a Irán: fracturaría aún más la región.

Irán, Israel y la política del abismo

La amenaza de Trump no se dirige solo a Teherán. Habla también a Tel Aviv, a Riad, a Moscú y a Pekín. Es una señal de que Estados Unidos vuelve a una lógica de bloques, donde la escalada es una herramienta política, no un riesgo a evitar. El problema es que esa escalada ya no se gestiona desde despachos, sino desde redes sociales.

Irán ha respondido con el mismo tono, advirtiendo de represalias inmediatas. La UE, mientras tanto, prepara nuevas sanciones que apenas tendrán impacto real, pero permiten mantener la ficción de que Europa todavía juega algún papel en este tablero. No lo juega. Observa, reacciona, comenta. Y espera que Washington no vuelva a incendiar una región que todavía arde por las guerras anteriores.

Trump necesita conflictos exteriores. Los necesita para alimentar su relato de hombre fuerte, para desplazar la atención de los problemas internos y para mantener cohesionada una base política que ya no se moviliza por programas, sino por enemigos. Irán cumple esa función: es lejano, es demonizable y no vota en Florida.

La amenaza militar no es una decisión de Estado, es un gesto de campaña permanente. Un presidente que gobierna a golpe de ultimátum y que confunde liderazgo con intimidación. Lo preocupante no es el mensaje. Lo preocupante es que ya nadie se sorprende. Porque cuando la política exterior se convierte en espectáculo, el peligro deja de ser la guerra y pasa a ser la normalización de su anuncio.

Lo + leído