Rebelión de los votantes contra Trump

Decenas de indultados por Trump que fueron cabecillas del asalto al Capitolio de 2021 han sido rechazados por los ciudadanos cuando se han presentado a ocupar cargos públicos

22 de Septiembre de 2026
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Rebelión contra Trump Asalto Capitolio
Un conspiranoico con la bandera confederada toma el Capitolio en una imagen de archivo.

El universo paralelo de los mítines del movimiento MAGA considera que los asaltantes del Capitolio no fueron delincuentes, sino héroes. Patriotas de la libertad represaliados por un sistema corrupto. Esa era la historia que se han inventado.

Así que, cuando Donald Trump regresó a la Casa Blanca en enero de 2025 y firmó sus esperados indultos, la narrativa parecía redonda. La firma presidencial prometía abrir una puerta triunfal: del barro de las celdas directamente a los escaños del Congreso. Pero la realidad es tozuda... Y al chocar de frente con las urnas en estas primarias de 2026, el mito del martirio se ha ido directo al traste.

El veredicto de los votantes ha sido un portazo en toda regla. Catorce de los asaltantes indultados por Trump decidieron probar suerte en la política durante este ciclo electoral. El resultado ha sido una auténtica escabechina. Todos, absolutamente todos, han caído derrotados en sus primarias o han tenido que retirar la candidatura con la cabeza agachada.

Basta dar un repaso a la lista para entender el tamaño del fiasco. Jacob Chansley, el famoso "Chamán de QAnon" del casco con cuernos y la cara pintada, soñaba con ser gobernador de Arizona. Ni siquiera logró reunir las firmas para salir en la papeleta. Otro tanto les pasó a figuras como Larry Brock en Texas o Gene DiGiovanni en Connecticut. Mencionemos también a Kim Dragoo, a quien los vecinos de su pueblo en Missouri le dijeron un "no" rotundo cuando intentó colarse en la junta escolar.

La hemorragia de derrotas cruza el país de punta a punta. Candidatos a congresistas en Carolina del Sur, Nueva York, Florida o Texas fueron barridos en las primarias republicanas. Y no por hordas de votantes de izquierda, no. Por los propios electores conservadores, que prefirieron cualquier opción antes que cargar con la pesada mochila del 6 de enero.

Pues bien, en medio de este páramo hay una sola excepción: Cleophus Dulaney. Un tipo que fue arrestado por estampar una valla metálica contra la policía en el Capitolio y que ahora figura en las papeletas para el Congreso por Ohio.

Pero no nos engañemos, lo suyo no es una victoria del ideario insurreccional; es un puro accidente del sistema. Se presentó sin rivales en las primarias de su partido y en noviembre compite contra una congresista demócrata en un distrito donde no tiene la más mínima opción. Ya en 2020 perdió esa misma carrera por más de 70 puntos.

La conclusión en las urnas es clarísima: de los más de 20 asaltantes que han intentado pillar cargo desde 2021, prácticamente ninguno ha tocado moqueta. Sin embargo... la verdadera amenaza no está en las papeletas, sino en la puerta trasera del poder.

Mientras los ciudadanos cierran el paso a los radicales en las urnas, la administración Trump les abre las ventanas de los despachos por la vía del nombramiento directo. El caso de Elias Irizarry pone los pelos de punta. Tras ser condenado por el asalto y fracasar como candidato en Carolina del Sur, terminó colocado en la oficina de Operaciones Especiales del Departamento de Defensa. Con credencial de alto secreto incluida.

Ahí está la gran paradoja del panorama estadounidense. El votante común rechaza el extremismo en el colegio electoral de su barrio, pero Trump usa el aparato del Estado para cobijar a los condenados y darles las llaves de la seguridad nacional.

Las democracias casi nunca caen por el ataque de una turba enfurecida que rompe los cristales de un parlamento. Sucumben cuando la destrucción de las reglas se vuelve lo normal dentro de los propios despachos. Y mientras la gente corriente sigue diciendo "no" a los nombres propios de la revuelta, la toma de las instituciones por parte de quienes justificaron el golpe mantiene a la república en un permanente y peligroso juego de cuerdas flojas.

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