Ratas, humo y montañas de basura: la crisis que golpea a La Habana

La capital cubana vive una situación límite por el colapso de la recogida de residuos: vecinos queman desperdicios en plena calle, proliferan los roedores y crece el temor a una crisis sanitaria

Cuba Ratas y Basura
Una mujer en La Habana | Foto: Naciones Unidas

Si ya la situación política y, sobre todo, social era compleja en los últimos meses de 2025, descrita en primera persona en el análisis Cuba: Ni Libertad ni Comunismo, publicado en Diario Sabemos en febrero, desde la captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por parte de Estados Unidos el pasado 3 de enero, no ha hecho más que empeorar: la escasez de combustible, facilitado mayoritariamente por el país caribeño, se ha interrumpido y, con ella, los cortes eléctricos se han incrementado, como así también han impedido el cumplimiento de servicios básicos como es la limpieza en las calles al no poder garantizar ni siquiera el transporte de recogida de basuras.

En los últimos días, las imágenes empiezan a recorrer redes sociales y medios internacionales con fuerza: desde la agencia Reuters, el prestigioso periódico británico The Guardian y hasta el dominicano Diario Libre se hacen eco de cómo el paisaje de La Habana se ha vaciado de turistas para dar paso a montañas de basura acumuladas entre edificios, calles cubiertas de humo negro, vecinos caminando con mascarillas improvisadas y enormes columnas de residuos ardiendo a pocos metros de viviendas, comercios y colegios.

Si el bloqueo de la administración Trump ha espantado a los pocos turistas que aún elegían a la isla como destino de vacaciones y, en consecuencia, ha herido de muerte al principal motor económico del país prácticamente desde el inicio de la Revolución allá por 1959, se suma que la capital cubana atraviesa una de las peores crisis de basura que se recuerdan en los últimos años. Más allá del deterioro visible de la vida cotidiana de los cubanos en sus calles —que la aleja de esa visión “romántica” que la hacía muy atractiva para el turismo internacional—, ya preocupan las consecuencias para sus residentes en un país que no cuenta con insumos, medicamentos ni infraestructuras sanitarias suficientes.

La basura, protagonista de las calles

En numerosos barrios, los contenedores llevan días e incluso semanas sin vaciarse. Las bolsas de basura se acumulan en esquinas y aceras bajo temperaturas elevadas y humedad constante, generando un fuerte olor, plagas de insectos y la proliferación de ratas. El panorama es desolador y no parece que, a corto plazo, tenga solución.

Según recogen medios internacionales, actualmente en La Habana solo estarían operativos 44 camiones de recogida de basura de un total de 106, una cifra insuficiente para una ciudad de más de dos millones de habitantes.

Es tan crítica la falta de combustible por el corte de suministro desde Venezuela y por la asfixia económica que la Administración Trump ha incrementado en los últimos meses bajo la extorsión de altos aranceles comerciales a los países que osen facilitarlo —de hecho, México, que tradicionalmente solía suministrar gasolina a la isla, se ha visto impedido por las amenazas de Estados Unidos—.

Quemar basura para poder respirar

Las imágenes hablan por sí solas: muchos ciudadanos han comenzado a prender fuego a los residuos como medida desesperada para reducir el volumen de basura y combatir los malos olores.

Sin embargo, al quemar los desperdicios se genera un problema de calado todavía mayor: el humo tóxico entra directamente en viviendas y negocios, obligando a personas mayores y comerciantes a usar mascarillas para evitar afecciones respiratorias.

La situación es de tal gravedad que algunos residentes entrevistados por medios internacionales denuncian que hay personas que provocan incendios de basura deliberadamente para obligar a acudir a los bomberos y así poder acceder al agua de los camiones en medio de la escasez.

Por su parte, las autoridades cubanas han habilitado puntos temporales de acumulación de residuos e incluso incineraciones controladas en determinadas zonas, una medida que ha generado preocupación entre especialistas y ciudadanos por la contaminación del aire en un país que carece de recursos e insumos sanitarios para tratar a su población.

Moscas, ratas y malos olores

En este contexto de insalubridad, la falta de medicamentos y de insumos hospitalarios empieza a ser uno de los aspectos más preocupantes, más aún cuando se aproxima la temporada de lluvias y el aumento de las temperaturas, factores que pueden favorecer el desarrollo de enfermedades relacionadas con la higiene, infecciones gastrointestinales y la proliferación de mosquitos.

No es necesario ir a la capital cubana para saber que la acumulación de desperdicios contribuye a que las moscas invadan las viviendas incluso manteniendo puertas y ventanas cerradas. Además, las ratas se han convertido en protagonistas habituales de La Habana al pulular alrededor de los montones de basura desperdigados arbitrariamente por sus calles.

Brigadas especiales y presión creciente

El Gobierno cubano ha movilizado brigadas especiales e incluso equipos militares para intentar acelerar la retirada de residuos en las zonas más afectadas de La Habana. Sin embargo, muchos residentes consideran que las medidas llegan tarde y que la situación lleva meses empeorando.

En paralelo, continúan apareciendo vídeos en redes sociales mostrando calles cubiertas por humo, vertederos improvisados y enormes acumulaciones de desperdicios en pleno entorno urbano.

Para muchos habaneros, el miedo ya no es solo convivir con el olor o la suciedad, sino que la crisis termine derivando en un problema sanitario todavía mayor en los próximos meses y para el cual no contarían tampoco con medios ni recursos médicos en caso de epidemia.

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