La posibilidad de una guerra mundial hace saltar las alertas globales

El último diagnóstico del Informe Mundial sobre Riesgos de la ONU constata que la posibilidad de una gran guerra ha dejado de ser una paranoia lejana. Hoy es el peligro más urgente, el más letal y, para colmo, para el que estamos peor preparados

17 de Septiembre de 2026
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apocalipsis posibilidad

Durante décadas se ha vendido un cuento cómodo: que las guerras mundiales eran cosas del siglo pasado, fotos en blanco y negro archivadas en los libros de texto. Que lo de hoy eran solo incendios pequeños, lejos de casa. Pues bien, esa ilusión acaba de saltar por los aires en la ONU.

El último Informe Mundial sobre Riesgos no anduvo con paños calientes ni rodeos diplomáticos. La posibilidad de una gran guerra ha dejado de ser una paranoia lejana. Hoy es el peligro más urgente, el más letal y, para colmo, para el que estamos peor preparados.

Más de 1.300 expertos de todo el planeta (diplomáticos, militares, académicos) respondieron a la encuesta de este año. Los resultados meten miedo. En solo dos años, la preocupación por un conflicto bélico global escaló dieciséis puestos.

Además, tres de cada cuatro especialistas creen que nos vamos a dar de frente contra un desastre de este calibre antes de que termine la década. Y mientras la mecha se acorta, las instituciones creadas para apagar el fuego están paralizadas. Mirando hacia otro lado.

El propio Secretario General de la ONU, António Guterres, lo dijo sin anestesia: las alarmas están sonando y las herramientas de la diplomacia sencillamente no funcionan. El multilateralismo está roto. Polarizado. Sin dinero.

La tensión no perdona a nadie. En Europa y Estados Unidos el fantasma de los misiles nucleares vuelve a quitar el sueño. En Asia, la pesadilla tiene cara de algoritmo: inteligencia artificial metida en los sistemas militares y unos pocos gigantes tecnológicos controlando las decisiones clave. La máquina va demasiado rápido y los gobiernos ni siquiera entienden cómo regularla.

Sin embargo, el peligro bélico no viene solo.

El cambio climático sigue al frente de las amenazas globales, pero ya no operan por separado. Se retroalimentan. La sequía aprieta, la comida falta, los recursos escasean... y ahí tienen la mecha perfecta para que dos países vecinos terminen a tiros. Un efecto dominó de libro.

La tragedia de nuestro tiempo no es la ignorancia. Es la cobardía.

Sabemos exactamente lo que se nos viene encima. Las tecnologías lo miden con precisión quirúrgica. Pero casi el noventa por ciento de los analistas coincide en lo mismo: los gobiernos recortan el dinero para prevenir catástrofes y prefieren mirar el horizonte a corto plazo, el de las próximas elecciones.

Ningún país, por muchos tanques, aviones o satélites que tenga en el garaje, va a poder salvarse solo si la tormenta se desata. La única salida sigue siendo hablarse. Cooperar. Antes de que sea demasiado tarde y el reloj termine de marcar la hora cero.

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