Ocho niños muertos en un caso extremo de violencia en el entorno familiar en Luisiana

La tragedia, ocurrida en una vivienda de Shreveport, deja además a dos mujeres heridas de gravedad y vuelve a poner el foco en la violencia en el entorno familiar en Estados Unidos

20 de Abril de 2026
Actualizado a las 11:44h
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Ocho niños muertos en un caso extremo de violencia en el entorno familiar en Luisiana

Ocho menores, de entre apenas un año y 14, han muerto este domingo en una vivienda de Shreveport, en el estado de Luisiana, en un episodio que la Policía ya describe como un caso extremo de violencia machista y vicaria. Siete de ellos eran hijos del presunto autor, un hombre que, tras los hechos, huyó y terminó siendo abatido por agentes.

Todo ocurrió en dos escenarios muy próximos. Primero, una mujer fue tiroteada en plena calle. Después, el agresor se dirigió a una vivienda cercana, donde se produjo el ataque que ha dejado el balance más duro: ocho niños asesinados dentro de la casa.

Las autoridades siguen intentando reconstruir lo sucedido con precisión, pero lo que se conoce hasta ahora dibuja una escena difícil de asumir. Dos mujeres adultas permanecen hospitalizadas en estado grave, y un adolescente resultó herido mientras trataba de escapar. Otro menor logró huir por el tejado y, aunque sufrió fracturas, se encuentra fuera de peligro.

El sospechoso, identificado como Shamar Elkins, abandonó el lugar tras el ataque, robó un vehículo y fue localizado poco después por la Policía. La persecución terminó con disparos por parte de los agentes, que acabaron con su vida en el mismo lugar.

No hay todavía una explicación clara. Las autoridades hablan de "violencia doméstica", pero reconocen que siguen tratando de entender qué llevó a un desenlace así. Es una de esas preguntas que no tienen una respuesta fácil y que, probablemente, no alivien el peso de lo ocurrido.

En la ciudad, el impacto es evidente. El alcalde de Shreveport ha reconocido que se trata de una de las situaciones más trágicas que recuerda. También desde la Policía admiten la dificultad de encontrar palabras que estén a la altura de lo sucedido.

Más allá de los detalles del caso, lo que queda es una sensación de vacío difícil de describir. Ocho vidas muy cortas, un entorno familiar convertido en el escenario de la violencia más extrema y una comunidad intentando asimilar algo que, en realidad, cuesta aceptar.

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