Meloni rompe con Trump: "No estamos en guerra y no queremos entrar"

Meloni ha invocado el ejemplo de la España de Pedro Sánchez para definir la gestión de su propia soberanía. Al igual que el Ejecutivo español, Italia ha recordado que el uso de sus ocho bases estadounidenses se rige por acuerdos bilaterales

05 de Marzo de 2026
Actualizado a las 14:47h
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Meloni Guerra
Giorgia Meloni en una cumbre de líderes de la UE | Foto: Presidenza del Consiglio dei Ministri

La ofensiva militar de Estados Unidos e Israel contra Irán no solo ha incendiado el tablero de Oriente Próximo, sino que ha provocado un seísmo en la arquitectura de poder europea, dejando a Italia en una posición de inesperada irrelevancia estratégica. Durante meses, la narrativa oficial en Roma presentaba a la primera ministra Giorgia Meloni como el eslabón perdido entre la Unión Europea y la Casa Blanca, la aliada de máxima confianza de Donald Trump en el continente. Sin embargo, la realidad de la guerra ha desmantelado este espejismo; el hecho de que el Gobierno italiano no fuera avisado de la operación demuestra que, en los momentos de máxima tensión, el eje de decisión de Washington sigue pasando exclusivamente por los socios tradicionales como el Reino Unido, Francia y Alemania.

El episodio protagonizado por el ministro de Defensa, Guido Crosetto, funciona como una metáfora perfecta de este extravío geopolítico. El inicio de los ataques sorprendió al ministro en Dubái durante un viaje privado, sin escolta y sin conocimiento de los servicios secretos, lo que subraya la falta de comunicación previa por parte de la Administración Trump. Esta ausencia de aviso dejó a Roma en una situación de "temporeggiare", una táctica de ganar tiempo a través del silencio mientras Meloni intentaba equilibrar su afinidad ideológica con la Casa Blanca y la profunda impopularidad que la guerra despierta entre el electorado italiano, retrasando sus explicaciones oficiales durante días.

Tras este periodo de mutismo, la postura de Roma ha comenzado a cristalizar bajo la premisa de que Italia no está en guerra y no desea entrar en ella. En un giro discursivo notable, Meloni ha invocado el ejemplo de la España de Pedro Sánchez para definir la gestión de su propia soberanía. Al igual que el Ejecutivo español, Italia ha recordado que el uso de sus ocho bases estadounidenses se rige por acuerdos bilaterales firmados en 1954 que requieren la validación del Parlamento para cualquier acción que exceda el apoyo logístico. Al alinearse con la postura de Madrid, Meloni establece un límite claro: se permitirá la facilitación técnica, pero las bases en suelo italiano no serán plataformas para acciones directas de combate.

Pese a evitar el frente de batalla, el Gobierno italiano ha optado por un despliegue de naturaleza defensiva para proteger sus intereses económicos y humanos en la región. Roma ha confirmado el envío de equipos de defensa aérea, antidrones y antimisiles a los países del Golfo, incluyendo el sistema de escudo aéreo Samp-T. Esta maniobra busca blindar a naciones aliadas y proteger a los 2.000 militares italianos desplegados en la zona, así como a los cerca de 100.000 ciudadanos residentes o turistas en Oriente Próximo. Además, Italia se sumará a la iniciativa naval en Chipre mediante el envío de una fragata, integrándose en el esfuerzo europeo de contención y asistencia civil.

La crisis iraní ha redimensionado el peso real de Italia en el escenario global, forzándola a abandonar la ambigüedad estratégica. Mientras el ministro de Asuntos Exteriores, Antonio Tajani, intenta justificar las razones de Trump aludiendo a la amenaza nuclear iraní, el pragmatismo de Crosetto reconoce que la legalidad internacional ha sido vulnerada. Al final, Italia se encuentra navegando en las mismas aguas que el resto de la Unión Europea, intentando gestionar las consecuencias de un conflicto preocupante y descubriendo que la confianza personal con el inquilino de la Casa Blanca no garantiza un asiento en la mesa donde se deciden las guerras.

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