Italia decide el futuro de su justicia en un referéndum que pone a prueba el liderazgo de Giorgia Meloni

La reforma judicial impulsada por el gobierno ultraderechista llega a votación en medio de una fuerte polarización política, con encuestas en empate técnico y un debate de fondo sobre la independencia de la magistratura

Meloni Italia Referendum
Giorgia Meloni en el pasado Consejo de Europa | Foto: Governo Italiano

Este fin de semana los italianos están convocados a votar en un referéndum constitucional clave que puede transformar en profundidad su sistema judicial y redefinir el equilibrio entre poderes en el Estado. En la consulta, que tendrá lugar durante las jornadas de sábado y domingo, se decidirá si se aprueba la llamada Reforma Nordio”, promovida por el Gobierno de la ultraderechista Giorgia Meloni tras no haber alcanzado la mayoría cualificada necesaria en el Parlamento.

En términos generales, el núcleo de la reforma plantea cambios estructurales en el poder judicial en cuatro direcciones: la separación de las carreras de jueces y fiscales, la división del Consejo Superior de la Magistratura (CSM) en dos órganos diferenciados y la creación de un tribunal disciplinario específico para magistrados, además de introducir el sorteo parcial en la designación de miembros del órgano de gobierno judicial.

¿Reorganización judicial o intento de sumisión política?

El alcance de la reforma va mucho más allá de una reorganización técnica, afecta a uno de los pilares del modelo italiano: la unidad de la magistratura, donde jueces y fiscales comparten carrera y estatus dentro del poder judicial.

Para los detractores y partidarios del “No”, la propuesta rompe ese principio al establecer una separación definitiva de las carreras, lo que supondría que los fiscales pasarían a constituir un cuerpo diferenciado. Y aquí se abre una paradoja: esa mayor independencia respecto a los jueces podría traducirse, según los críticos, en un debilitamiento de su capacidad de actuación en las investigaciones y en una mayor exposición a la influencia del poder político.

Sin embargo, para los partidos de la coalición de gobierno (Forza Italia, Fratelli d’Italia y Lega), promotores de la iniciativa, este cambio refuerza la imparcialidad y acerca a Italia a otros sistemas europeos.

A ello se suma la reforma del Consejo Superior de la Magistratura (CSM), cuya división y el uso parcial del sorteo buscan reducir el peso de las corrientes internas, pero que, según las formaciones de la oposición de izquierda, pueden alterar los equilibrios del sistema y abrir espacios de influencia política indirecta.

Más allá de los aspectos jurídicos, el debate de fondo no es solo técnico: es una discusión sobre quién controla los equilibrios del sistema judicial en Italia, si está en juego su independencia y su capacidad de fiscalización sobre la actividad política y de las decisiones de sus dirigentes. Y para los críticos, todo apunta a que los partidos de las derechas de gobierno, a través de iniciativas como esta reforma, quieren acotar el poder de control de jueces y fiscales, sobre sus acciones de gobierno.

En este contexto, el referéndum se ha convertido en un plebiscito indirecto sobre el liderazgo de Giorgia Meloni y también en un termómetro social para medir el grado de aceptación de su Gobierno de cara a las próximas elecciones generales.

Encuestas: voto incierto hasta el final

Los últimos sondeos publicados antes del cierre legal, el silenzio demoscopico del 6 de marzo de 2026, dibujan un escenario extremadamente abierto, sin un ganador claro.

Según la consultora Tecnè, el apoyo al “” se sitúa entre el 50,5% y el 52,5%, frente a un “NO” entre el 47,5% y el 49,5%, dentro del margen de error.

Sin embargo, otras encuestas ofrecen una lectura distinta. Un sondeo de Ipsos para Corriere della Sera otorga ventaja al rechazo, con un 52,4% de “NO” frente a 47,6% de “sí”. En la misma línea, YouTrend para Sky TG24 sitúa también por delante al “no”, con un 51,4% frente a 48,6%.

Otros institutos demoscópicos, como SWG o Sigma Consulting apuntan igualmente a una ligera ventaja del rechazo, mientras que Eumetra MR refleja prácticamente un empate técnico (50,4%NO” frente a 49,6% “SÍ”).

Por su parte, la consultora BiDiMedia introduce un elemento clave: la participación. En sus proyecciones, el “NO” se impondría en escenarios de baja movilización, mientras que con mayor participación el resultado se estrecha hasta el empate.

Fuera de Italia, medios internacionales como Reuters coinciden en el diagnóstico y subrayan que la votación llega con un elevado número de indecisos y una fuerte dependencia del nivel de participación.

¿Por qué se celebra el referéndum?

El referéndum no es una decisión política del Gobierno de Meloni, sino un mecanismo previsto en la Constitución de la República Italiana, concretamente en el artículo 138. En definitiva, al tratarse de una reforma constitucional, la propia Carta Magna obliga a que debe aprobarse dos veces tanto en Diputados como en el Senado, es decir, en las dos cámaras. Si en la segunda votación no alcanza una mayoría de dos tercios (como ha ocurrido en este caso) puede someterse a referéndum si lo solicitan parlamentarios, regiones o ciudadanos.

En pocas palabras, el gobierno de la primera ministra italiana Giorgia Meloni promovió   la reforma pero al ser rechazada en el Congreso italiano por falta de consenso, recurrió al mecanismo del referéndum, trasladando la decisión a la ciudadanía.

Cabe destacar que, una vez activada la opción del referéndum, su resultado es vinculante tanto para el poder ejecutivo como para el legislativo. En definitiva, si este fin de semana gana el “”, la reforma entrará en vigor tal como fue promovida por el gobierno de coalición ultraderechista. Si por el contrario, gana el “NO”, la iniciativa decaerá, para disgusto de la primera ministra italiana.

Y un dato relevante a tener en cuenta en este tipo de consultas populares: a diferencia de otros procesos en Italia, no exige un mínimo de participación, lo que convierte la movilización en un factor decisivo.

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