Israel extiende su ofensiva y cruza desde Siria hacia el sur de Líbano

La incursión marca un nuevo movimiento en una operación que sigue ampliando su alcance mientras aumenta la presión sobre la población civil libanesa

30 de Marzo de 2026
Actualizado a las 10:26h
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Israel extiende su ofensiva y cruza desde Siria hacia el sur de Líbano
Los conflictos bélicos han dejado imágenes de edificios bombardeados, como en la ciudad de Tyr, Líbano, el sábado 30 de noviembre, cuatro días después del alto el fuego.| Foto: CNUR/Ximena Borrazas

La ofensiva israelí en el sur del Líbano ha dado un paso más que no pasa desapercibido. Por primera vez, el Ejército ha llevado a cabo una incursión desde sus posiciones en Siria hacia territorio libanés, en una operación que oficialmente se presenta como un reconocimiento, pero que en la práctica amplía el radio de acción sobre una zona ya especialmente tensionada.

El movimiento parte del monte Hermón, bajo control israelí desde la caída del régimen sirio a finales de 2024, y se extiende hasta las granjas de Shebaa, un territorio en disputa que Líbano sigue reclamando. Se trata de un espacio donde cualquier movimiento tiene una lectura política inmediata.

Sobre el terreno, el Ejército israelí habla de una actuación dirigida a detectar infraestructuras y frenar la presencia de Hezbolá en la zona fronteriza. Pero el contexto en el que se produce esa operación hace difícil aislarla de una dinámica más amplia.Porque no llega sola.

Horas antes, las tropas israelíes habían alcanzado por primera vez la orilla sur del río Litani, uno de los objetivos marcados desde el inicio de la ofensiva. Ese avance sitúa a las fuerzas israelíes en un punto que durante años ha funcionado como referencia en el equilibrio del conflicto con la milicia libanesa  y, a partir de ahí, la situación se ha ido endureciendo.

En la localidad de Taibé, según fuentes libanesas, se produjo un enfrentamiento directo tras una emboscada de Hezbolá, en una jornada que ha dejado al menos 47 muertos y más de un centenar de heridos. Es una cifra que vuelve a poner el foco en el impacto que está teniendo la ofensiva sobre la población civil, más allá de los objetivos militares que se marcan desde Israel. Ese es uno de los elementos que más pesa en este tipo de operaciones.

El discurso oficial insiste en que se trata de actuaciones dirigidas contra estructuras armadas, pero la realidad sobre el terreno muestra un escenario mucho más amplio, donde los ataques afectan de forma directa a zonas habitadas y a una población que vuelve a quedar expuesta. La incursión desde Siria añade, además, otra capa al conflicto.

No solo amplía el espacio de intervención, sino que introduce una dimensión regional más evidente, al conectar directamente dos escenarios —Siria y Líbano— que ya estaban vinculados, pero que ahora lo están también en términos operativos.

Israel, por su parte, mantiene que estas acciones responden a la necesidad de neutralizar amenazas y evitar la consolidación de posiciones hostiles en su entorno inmediato. Sin embargo, el ritmo y la extensión de las operaciones apuntan a una estrategia que va más allá de intervenciones puntuales.

Se trata de una ofensiva que sigue avanzando, paso a paso, y que cada vez deja menos margen para interpretar sus movimientos como aislados. Mientras tanto, el coste humano sigue creciendo.

Y con él, la sensación de que el conflicto se está desplazando hacia un escenario más amplio, donde las fronteras —geográficas y políticas— se vuelven cada vez más difusas

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