Harvard pone a prueba a Sánchez: tecnoligarcas, corrupción, Pegasus y Venezuela

El presidente denuncia el poder de las grandes tecnológicas y acepta un turno abierto de preguntas en el que los estudiantes le interrogan sobre los casos que afectan al PSOE, el espionaje con Pegasus, Marruecos y la situación de Venezuela

25 de Septiembre de 2026
Actualizado a las 12:50h
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Pedro Sánchez en Harvard
Pedro Sánchez alerta en Harvard contra los tecnoligarcas 

Pedro Sánchez llegó a la Universidad de Harvard dispuesto a hablar del poder que están acumulando las grandes compañías tecnológicas y acabó sometiéndose también a un turno de preguntas en el que los estudiantes llevaron la conversación directamente a algunos de los asuntos más controvertidos de la política española. Corrupción, Pegasus, Marruecos, el Sáhara Occidental y Venezuela entraron en un debate que había comenzado con algoritmos, inteligencia artificial, democracia y la capacidad de los Estados para poner límites a las nuevas concentraciones de poder.

El escenario no era menor. El presidente intervino el 24 de septiembre en el John F. Kennedy Jr. Forum de la Harvard Kennedy School, en un acto anunciado oficialmente bajo el título “The Technoligarch Threat to Democracy”, después de varios días en Nueva York con motivo de la Asamblea General de Naciones Unidas.

Y Sánchez no rebajó el mensaje preparado para Harvard. Frente a quienes reclaman confiar en las empresas que desarrollan los sistemas de inteligencia artificial más poderosos del planeta, respondió con una expresión inequívoca: «Ni hablar». Después remachó: “De ninguna manera. No mientras dependa de nosotros” (“No freaking way. No way. Not on our watch”). Su tesis fue que los gobiernos democráticos no pueden entregar a un pequeño grupo de multimillonarios decisiones que afectan a la información, la privacidad, el empleo y al propio funcionamiento de las democracias.

Pero el momento políticamente más imprevisible llegó después.

Sánchez contra el poder de los “tecnoligarcas”

El presidente construyó su intervención a partir de la figura de Louis Brandeis, jurista estadounidense, antiguo alumno de Harvard y posteriormente juez del Tribunal Supremo de Estados Unidos, para relacionar las grandes concentraciones económicas del pasado con el poder que actualmente acumulan los propietarios de plataformas digitales, redes sociales y sistemas de inteligencia artificial.

Sánchez sostuvo que las nuevas oligarquías ya no controlan principalmente ferrocarriles, petróleo o grandes infraestructuras industriales, sino plataformas que condicionan el debate público, sistemas digitales utilizados en la vida cotidiana y herramientas de inteligencia artificial capaces de intervenir en la forma en la que millones de personas reciben información.

Su propuesta fue inequívocamente intervencionista: regulación, supervisión independiente, responsabilidades jurídicas para los directivos de las plataformas y coordinación internacional. Sánchez defendió que la tecnología debe someterse a controles similares a los existentes en mercados como los medicamentos, los automóviles o los alimentos y reivindicó las iniciativas impulsadas en España y en la Unión Europea.

La advertencia ya había aparecido un día antes en Naciones Unidas, donde reclamó también una regulación estricta de las redes sociales y de la inteligencia artificial frente al poder de los que denomina “tecnooligarcas”.

De la inteligencia artificial a la corrupción

Después del discurso y de la conversación con el profesor Mathias Risse llegó el turno del público. Y ahí cambió por completo el terreno.

Peter, un estudiante de Harvard que se presentó además como investigador en seguridad de inteligencia artificial, enlazó precisamente la influencia del dinero sobre la política con las investigaciones judiciales que rodean al PSOE y al entorno del presidente. En su pregunta reunió diferentes procedimientos que afectan o han afectado a personas vinculadas al Gobierno, al partido y a la familia de Sánchez.

Sánchez no evitó la cuestión.

Reconoció expresamente que su Gobierno y su partido han «sufrido casos de corrupción» y sostuvo que la obligación de cualquier Ejecutivo ante esas situaciones es reaccionar. “Ha habido casos de corrupción. Eso es cierto”, respondió.

Pero trazó inmediatamente una frontera entre esos episodios y las investigaciones relacionadas con su entorno familiar. Sánchez rechazó considerar estos últimos casos de corrupción y denunció lo que considera una utilización política y personal contra su mujer y su hermano. También reprochó al estudiante que presentara como culpables a personas cuya culpabilidad no había sido establecida.

Fue, por tanto, una respuesta con dos planos distintos: aceptación de la existencia de casos de corrupción que han afectado a su partido y rechazo frontal a extender esa consideración automáticamente a los procedimientos que afectan a miembros de su familia.

Pegasus entra en Harvard

La siguiente intervención llevó el debate desde las investigaciones judiciales hasta uno de los episodios más delicados de los últimos años: el espionaje mediante Pegasus.

Nicholas, estudiante de posgrado de Harvard, recordó que el teléfono móvil del presidente y los de otros miembros del Gobierno fueron comprometidos mediante este programa y relacionó aquel episodio con el posterior cambio de posición española sobre el Sáhara Occidental y con las relaciones con Marruecos. La pregunta llegó incluso a plantear si aquel espionaje podría haber condicionado decisiones posteriores del Gobierno.

Sánchez respondió que el espionaje existió y que fue denunciado ante la Audiencia Nacional, pero subrayó que continúa sin conocerse quién estuvo detrás.

“No sabemos quién lo hizo”, afirmó.

El presidente rechazó después cualquier insinuación de dependencia política y defendió que sus decisiones no demuestran que se encuentre condicionado por ningún actor extranjero. Sobre el Sáhara Occidental, volvió a encuadrar la posición española dentro de la búsqueda de una solución diplomática bajo el marco de Naciones Unidas.

La cuestión de Ceuta apareció precisamente dentro de la pregunta del estudiante, que vinculó Pegasus, Marruecos, el Sáhara y la posterior posición del Gobierno ante las crisis fronterizas, aunque la respuesta de Sánchez se concentró fundamentalmente en negar cualquier condicionamiento derivado del espionaje y en explicar su política sobre el Sáhara.

Venezuela y Zapatero cierran el turno

La última pregunta volvió a llevar a Sánchez fuera del terreno tecnológico.

Daniel Santos Ramírez, estudiante de la Harvard Kennedy School, preguntó por la situación política de Venezuela y por la relación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero con el chavismo. El estudiante reclamó al presidente español que defendiera expresamente unas elecciones presidenciales libres y que fijara su posición respecto a Zapatero.

Sánchez respondió reivindicando primero la política española hacia los ciudadanos latinoamericanos y, específicamente, hacia los venezolanos residentes en España. Después rechazó la idea de que no haya defendido una salida democrática para el país.

Recordó que no reconoció los resultados electorales de Nicolás Maduro y afirmó: “Siempre he defendido la celebración de elecciones libres en Venezuela”. Al mismo tiempo, sostuvo que el futuro político del país debe decidirlo la ciudadanía venezolana.

No desarrolló, sin embargo, una respuesta específica sobre un eventual distanciamiento personal o político de Zapatero en ese tramo final de la conversación.

Harvard dejó las preguntas abiertas

Hay un elemento del acto que explica buena parte de lo ocurrido. La organización había anunciado desde el comienzo que existiría un turno de preguntas del público y que quienes intervinieran podrían plantear sus cuestiones directamente.

El propio Mathias Risse destacó esa circunstancia al despedir al presidente. Subrayó que Sánchez había entrado en la sala sabiendo que los estudiantes podían preguntarle “absolutamente cualquier cosa” y valoró que aceptara ese formato abierto.

Ese fue finalmente el otro gran elemento político de la visita.

Sánchez acudió a Harvard para defender que las democracias todavía conservan capacidad suficiente para someter a las grandes tecnológicas a la ley y para advertir de que el control de la inteligencia artificial no puede quedar exclusivamente en manos de quienes la desarrollan. Harvard confirmó oficialmente que ese era precisamente el objeto central del encuentro.

Pero durante algo más de una hora el presidente pasó también por un examen mucho más amplio. Los estudiantes llevaron a Harvard debates que ocupan desde hace meses la política española y obligaron a Sánchez a responder sobre corrupción, su familia, Pegasus, Marruecos, el Sáhara y Venezuela.

Y probablemente ahí estuvo la imagen más singular del acto: un presidente que había acudido a explicar cómo deben rendir cuentas los grandes poderes privados terminó respondiendo, en uno de los foros universitarios más conocidos del mundo, a preguntas directas sobre cómo rinde cuentas su propio Gobierno.

 

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