La guerra contra Irán ha dejado una factura considerable para Estados Unidos y un problema que afecta directamente a su capacidad militar. El primer balance oficial del inspector general del Pentágono cifra en 33.400 millones de dólares, unos 29.000 millones de euros, el coste de la operación hasta finales de junio y reconoce “déficits estratégicos” en las reservas de municiones.
Más de dos tercios del gasto, 22.300 millones de dólares, corresponden precisamente a las municiones utilizadas. Su elevado consumo ha dejado al descubierto, según el propio Departamento de Defensa, cuellos de botella industriales para reponer los arsenales, un problema sobre el que especialistas militares llevaban meses advirtiendo.
La cifra tampoco representa la factura completa. El cálculo no incorpora buena parte de las operaciones posteriores a junio ni el coste de reparar las instalaciones estadounidenses alcanzadas por Irán. Los ataques dañaron o destruyeron centenares de edificios en bases repartidas por Oriente Próximo y afectaron a decenas de aeronaves.
El balance humano incluye además 18 militares estadounidenses muertos y más de 400 heridos. El Pentágono llegó a desplegar más de 50.000 efectivos para sostener una operación cuyo impacto empieza a medirse también por lo que queda disponible en los almacenes militares estadounidenses.
El diagnóstico resulta especialmente incómodo para una Administración Trump que presentó la ofensiva como una demostración de superioridad militar. El informe oficial revela que esa potencia tuvo un precio considerable y que parte de la factura no se mide únicamente en dólares, sino también en la capacidad de reponer las armas utilizadas.
Añadir DiarioSabemos como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.