Marruecos tendrá por primera vez una mujer al frente del Gobierno y sería absurdo restar importancia a lo que significa ese hecho en un país donde las mujeres continúan afrontando importantes desigualdades jurídicas, económicas y sociales. Fátima Zahra El Mansouri, jurista de 50 años, ministra de Urbanismo y Vivienda desde 2021 y alcaldesa de Marrakech, ha sido designada jefa del Gobierno después de que el Partido de la Autenticidad y Modernidad (PAM) ganase las elecciones legislativas del 23 de septiembre con 97 de los 395 escaños. Mohamed VI cumplió así con el artículo 47 de la Constitución marroquí, que obliga al rey a escoger al jefe del Ejecutivo entre el partido que haya quedado primero en las elecciones.
El nombramiento tiene indudablemente un valor histórico, pero confundir el sexo de quien ocupa la jefatura del Gobierno con una transformación del sistema político marroquí sería ir bastante más lejos de lo que permiten los hechos. El Mansouri gobernará, formará una coalición y tendrá responsabilidades ejecutivas importantes, pero lo hará dentro de una arquitectura institucional en la que Mohamed VI continúa ocupando una posición que difícilmente puede compararse con la de las monarquías parlamentarias europeas.
La Constitución establece que el monarca preside el Consejo de Ministros, nombra a los miembros del Gobierno a propuesta de su jefe y puede poner fin a las funciones de ministros por iniciativa propia después de consultar al presidente del Ejecutivo. El Consejo de Ministros presidido por el rey delibera, además, sobre las orientaciones estratégicas del Estado, las líneas generales de los presupuestos, las leyes orgánicas, los asuntos militares, la declaración de guerra o el estado de sitio.
De modo que Marruecos tiene una primera ministra por primera vez en su historia, pero no una monarquía que haya decidido retirarse a una función ceremonial.
El partido que nació al lado del Palacio
La biografía política de El Mansouri añade otra capa bastante menos vistosa a la fotografía histórica. El PAM que llevará a la nueva primera ministra al Gobierno fue creado en 2008 por Fouad Ali El Himma, antiguo secretario de Estado de Interior, amigo de Mohamed VI y posteriormente consejero del rey. Reuters y Associated Press recuerdan ese origen al explicar la victoria electoral de la formación.
La propia trayectoria de El Mansouri discurre cerca de ese universo de poder. Procede de una familia influyente de Marrakech, su padre fue embajador en Emiratos Árabes Unidos y Le Monde recuerda que durante su carrera política llegó a recibir el calificativo oficioso de «protegida» de El Himma, uno de los hombres con mayor influencia en el entorno del monarca.
Nada de ello invalida su victoria electoral ni convierte su nombramiento en una simple decisión palaciega. El PAM ganó las elecciones y Mohamed VI tenía que escoger al jefe del Gobierno dentro de la formación vencedora. Conviene precisar este extremo porque la crítica al sistema marroquí resulta mucho más sólida cuando no atribuye al rey facultades que la Constitución no le concede.
Pero también conviene recordar qué país salió de esas urnas. Solo participó alrededor del 38% del electorado, la cifra más baja desde 2007. El PAM consiguió 97 diputados, seguido del RNI con 66, Istiqlal con 65 y el islamista PJD con 54. La primera mujer que dirigirá el Gobierno marroquí llega, por tanto, después de unas elecciones marcadas no solo por un acontecimiento histórico, sino por una abstención cercana al 62% y una profunda desafección política, particularmente visible entre los jóvenes.
Esa ausencia de las urnas resulta especialmente significativa después de las protestas juveniles que sacudieron el país en 2025. El movimiento GenZ212 reclamó mejoras en sanidad y educación, empleo y medidas contra la corrupción, al tiempo que cuestionó el enorme esfuerzo inversor destinado a grandes acontecimientos deportivos. Human Rights Watch documentó que las fuerzas de seguridad dispersaron manifestaciones, realizaron cientos de detenciones y utilizaron fuerza letal en episodios en los que murieron tres personas. Amnistía Internacional pidió una investigación independiente sobre el uso de la fuerza y denunció detenciones arbitrarias.
Ese es también el Marruecos que hereda El Mansouri.
Una primera ministra bajo una monarquía poderosa
La reforma constitucional de 2011, aprobada después de las protestas de la Primavera Árabe, trasladó determinadas competencias hacia el Gobierno y el Parlamento y estableció que el jefe del Ejecutivo debía proceder del partido ganador. No convirtió, sin embargo, a Mohamed VI en una figura protocolaria.
Freedom House sostiene en su informe de 2026 que el rey y el Palacio mantienen una posición dominante mediante sus facultades constitucionales, sus canales informales de influencia y su presencia económica, y clasifica a Marruecos como «parcialmente libre», con 37 puntos sobre 100 en su metodología sobre derechos políticos y libertades civiles.
También Human Rights Watch sostiene que durante 2025 las autoridades intensificaron la presión sobre activistas, periodistas y defensores de los derechos humanos, además de mantener la represión sobre activistas saharauis partidarios de la independencia del Sáhara Occidental. Son valoraciones de organizaciones internacionales, no una descripción asumida por las autoridades marroquíes, pero forman parte del contexto necesario para evaluar qué significa realmente un cambio en la cúspide del Ejecutivo.
Porque El Mansouri puede representar un avance para las mujeres sin que ese avance convierta automáticamente a Marruecos en una democracia homologable a las europeas. Ambas afirmaciones pueden coexistir.
Su llegada tiene una carga simbólica evidente en una sociedad donde la presencia femenina en el poder ejecutivo ha sido históricamente reducida. Una niña marroquí podrá contemplar por primera vez a una mujer presidiendo el Gobierno de su país, algo que hasta este martes nunca había ocurrido. El símbolo importa y sería injusto despreciarlo únicamente porque el sistema dentro del cual se produce tenga severas limitaciones. Otra cuestión es utilizar ese símbolo para construir una imagen de modernización política que oculte aquello que permanece intacto.
Cambia la jefa del Gobierno, no la estructura del poder
El Mansouri tendrá por delante problemas que no admiten demasiada escenografía. El desempleo juvenil, las desigualdades sociales, la pérdida de confianza en las instituciones y el malestar por la calidad de los servicios públicos estuvieron detrás de las protestas de 2025 y volvieron a sobrevolar unas elecciones en las que casi dos de cada tres electores se quedaron en casa.
También tendrá que gestionar la recta decisiva de los preparativos del Mundial de 2030 que Marruecos organizará con España y Portugal. Reuters cifra en torno a 20.000 millones de dólares las inversiones relacionadas con esa preparación, precisamente después de que una parte de la juventud marroquí cuestionara que las prioridades presupuestarias estuvieran suficientemente orientadas hacia sanidad, educación y empleo.
El nombramiento permite a Mohamed VI presentar una imagen de renovación evidente. Una mujer, jurista, con experiencia municipal y ministerial, ocupa por primera vez la jefatura del Ejecutivo. El avance existe y no necesita ser negado para señalar sus límites.
La prueba verdaderamente interesante comenzará después de la fotografía. Habrá que comprobar hasta dónde puede llevar El Mansouri su propio programa, qué capacidad tiene para responder al descontento de una generación que desconfía de las instituciones, qué sucede con las libertades públicas y cuánto espacio político queda realmente para un Gobierno elegido en las urnas dentro de un sistema en el que el Palacio conserva extensas facultades.
Marruecos ha roto un techo de cristal importante. El techo político que separa al Gobierno del poder de Mohamed VI, sin embargo, sigue siendo bastante más difícil de romper.
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