El Holocausto, una tragedia anunciada y denunciada en su momento que nadie quiso escuchar

07 de Junio de 2020
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Karsi holocausto

Seha escrito mucho sobre el Holocausto, y en todos los géneros, pero quizá uno delos aspectos más desconocidos es cuando en pleno desarrollo de las accionescriminales de los nazis contra los judíos, que realmente se inician de unaforma violenta en las dramáticas jornadas de la Noche de los Cristales Rotos,acontecidas entre el 9 y el 10 de noviembre de 1938, algunos testigospresenciales de esos hechos los denunciaron mientras estaban ocurriendo y nadieen el planeta quiso escucharles. Luego, cuando norteamericanos, británicos ysoviéticos descubrieron el horror de lo que había ocurrido en los campos, losaliados pusieron el grito en el cielo pero ya era demasiado tarde paralamentarse.

Este conocimiento previo de la catástrofe esuno de los capítulos más desconocidos de la que podría ser, sin género de duda,una de las mayores tragedias de la historia, el Holocausto. Y es que fueronmuchos los que antes del “descubrimiento” de lo que realmente estaba pasando enlos campos de la muerte, los que advirtieron acerca de la naturaleza criminaldel régimen nazi y de la puesta marcha antes y durante la Segunda GuerraMundial de la denominada como la “solución final”, es decir, el exterminio deseis millones de judíos.

La Shoah fue un plan sistemático,organizado, planificado minuciosamente y cuidadosamente puesto en marcha porlos altos jerarcas nazis sobre todo tras la famosa cumbre conocida como laConferencia de Wannsee, una reunión celebrada en una palacio del mismo nombre,en Berlín, en que los representantes civiles, policiales y militares delgobierno de la Alemania nazi coordinan una serie de acciones y una suerte dehoja de ruta definida para perpetrar esa “solución final”.

Uno de los primeros que advirtió acerca delos hechos que estaban sucediendo en los territorios ocupados por los nazis fueel dirigente socialista judeopolaco Szmul Zygielbojm, quien, emigrado primero aFrancia y después  a Bélgica, Holanda y el Reino Unido, huyendo de su paísen 1940 después de la ocupación nazi de Polonia y conociendo de primera manolas primeras matanzas perpetradas contra los judíos, advirtió al mundo delhorror que se avecinaba de forma inminente. Tanto en Bélgica como enInglaterra, Zygielboim denunció el trato que los nazis daban a los judíos enlos territorios polacos ocupados, algo que conocía de primera mano tras haberpasado por la capital polaca, Varsovia, brevemente, y donde trabajó en elJudenrat -el Consejo Judío-, siendo testigo de la construcción del gueto de laciudad y de las primeras medidas antisemitas. 

Denunciando en varios medios la persecuciónde los judíos, bien desde los micrófonos de la BBC  como desde las líneasde The Telegraph, Zygielboim fue uno de los pocos líderes políticos que,desde las filas socialistas en las que militaba, informó a los aliados acercade lo que estaba sucediendo en Polonia y el maltrato causado por los alemanes alos judíos, puestos en el punto de mira de una gran operación criminal destinadaa borrar de la faz de la tierra a la “judería internacional”, en palabras delmismísimo Adolfo Hitler, proclamado para ser el Führer del Reich de los“mil años”. El veterano dirigente socialista llegó a denunciar en  variosforos con buena proyección internacional, como en una reunión de laInternacional Socialista en Bruselas y en varias asambleas del PartidoLaborista inglés, la trágica situación que acontecía en su país y el crueldestino que les esperaba a millones de judíos.

Cuando estaba soportando la indiferencia yel sonoro silencio de los aliados ante sus denuncias bien documentadas, enabril de 1943, Zygielboim conoció de primera mano la violenta y brutalliquidación del gueto de Varsovia a manos de las fuerzas nazis, en las queperecieron sus hija Tuvia, de apenas 16 años, y su esposa, defunciones de lasque también tuvo conocimiento, y, entonces, decidió poner fin a su vida, quizácomo un punto y final simbólico a sus denuncias nunca escuchadas ni atendidaspor nadie. Estaba en Londres, cansado y hastiado de repetir en todos los forosy lugares donde le querían escuchar que los judíos de Polonia estaban siendomasacrados por los nazis, y se despidió del mundo, a sus 48 años, de una formadefinitiva al no recibir respuesta por parte de nadie ante sus constatadasdenuncias. Nadie quiso escucharle, nadie quiso hacer nada, y seis millones dejudíos fueron asesinados ante la indiferencia del mundo. 

EL DIPLOMÁTICO QUE NARRÓ Y DENUNCIÓ ELHOLOCAUSTO

También el político católico y conservadorpolaco Jan Karski, miembro de la resistencia polaca y delegado en el interiorde Polonia de ese movimiento durante la ocupación nazi, entre 1939 y 1943,jugándose la vida y sirviendo de enlace entre el gobierno polaco en el exilio ylos combatientes dentro del territorio ocupado, fue otro de los hombres quealzó su voz contra el nazismo. En 1940, Karski fue detenido, torturado yencarcelado por la Gestapo, cuyos torturadores le enviaron a un hospital, delque fue liberado más tarde por la resistencia polaca, y tras su paso por lacárcel, de nuevo poniendo su existencia en peligro, visitó el gueto deVarsovia, disfrazado de guardián ucraniano, y conociendo de primera mano elhorror de ese gran recinto carcelario donde perecieron casi 400.000 personas.

En 1942, y como fruto de toda ladocumentación que había recogido y de su conocimiento en primera persona de losinfortunios que padecían los judíos polacos, informó a los gobiernos polaco,británico y norteamericano, acerca de la la liquidación brutal del gueto deVarsovia y los planes puestos en marcha por los nazis para exterminar a lostres millones de polacos de origen hebreo, aportando a su denuncia un microfilmque había traído desde su país con informaciones procedentes de laclandestinidad sobre los abusos perpetrados -asesinatos en masa, sobre todo-por los alemanes durante la ocupación de Polonia. 

Como fruto de todo este trabajo de Karski ysu labor de investigador del Holocausto ya en ciernes, el ministro de AsuntosExteriores polaco en el exilio, el noble Edward Raczynski, hizo llegar a losaliados un memorándum donde se detallaban las atrocidades alemanes titulado “Elexterminio masivo de judíos en Polonia bajo la ocupación alemana”, en unintento porque tanto británicos cono norteamericanos intervinieran en favor delos judíos, algo que no ocurrió, ya que las autoridades de ambos paísesjuzgarían como argumentos “exagerados” de Karski el relato del ministro. 

Karski, incluso se reunió en dos ocasionescon el presidente norteamericano de entonces, Franklin D.Roosevelt, el cardenalSamuel Stritch y el Secretario Británico de Exteriores, Anthony Eden,denunciando infructuosamente, de nuevo, los asesinatos en masa de los judíos dePolonia a manos de los nazis, pero tampoco le creyeron y desdeñaron sus informesen esos momentos, quizá cruciales para salvar millones de vidas, dejando manoslibres a la maquinaría criminal alemana para llevar a cabo con precisióncertera el Holocausto. Este diplomático polaco, que se exiliaría en EstadosUnidos tras llegar al poder los comunistas en Polonia después de la segundaGuerra Mundial, en 1945, acabaría sus días como profesor universitario en laUniversidad de Georgetown y no obtendría un reconocimiento público por suvaliente papel en la denuncia del Holocausto hasta casi el final de sus días,en la década de los noventa del siglo pasado. Karski moriría, casi en elolvido, a las 86 años, en los Estados Unidos. 

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