Joaquín Almunia y Josep Borrell han puesto su firma junto a la de más de un centenar de académicos sobre una denuncia que toca uno de los pilares más delicados de la Unión Europea. Schengen nació para garantizar la libre circulación, pero Bruselas lleva demasiado tiempo aceptando que algunos gobiernos recuperen controles interiores hasta convertir la excepción en una práctica cada vez menos excepcional.
El último ejemplo llega de Italia, que ha prorrogado sus controles a pasajeros procedentes de España alegando el riesgo de movimientos secundarios después de la entrada irregular de miles de personas en Ceuta. El Gobierno español considera la medida desproporcionada y sostiene que no existen pruebas de que esas personas hayan llegado al territorio continental europeo.
La discusión, sin embargo, ya supera el enfrentamiento entre Madrid y Roma. Lo que Almunia, Borrell y los demás firmantes cuestionan es la pasividad de una Comisión que tiene la obligación de proteger la libre circulación y vigilar que los Estados no conviertan las excepciones previstas por Schengen en una puerta permanentemente abierta para recuperar fronteras interiores.
Schengen no puede depender de cada Gobierno
El Código de Fronteras Schengen permite restablecer temporalmente controles ante amenazas graves para el orden público o la seguridad interior, pero exige que sean necesarios, proporcionados y utilizados como último recurso. La existencia de esa posibilidad no debería convertirse en una autorización automática cada vez que un Gobierno invoque razones de seguridad.
Italia no es además un episodio aislado. Alemania, Austria o Francia mantienen o han mantenido controles interiores durante largos periodos, una sucesión de excepciones que explica la advertencia de los firmantes y hace difícil reducir su denuncia a una simple disputa diplomática entre España e Italia.
La respuesta del comisario de Interior, Magnus Brunner, defendiendo que las decisiones de Roma y Madrid caben dentro de las reglas de Schengen, resulta insuficiente ante una cuestión mucho más profunda. La Comisión no está únicamente para comprobar que cada Gobierno encuentra un artículo al que acogerse, sino para preservar un espacio común cuya razón de ser consiste precisamente en evitar que las fronteras nacionales reaparezcan de manera sistemática.
Almunia y Borrell aciertan al llevar el debate hasta Bruselas porque la libre circulación pierde valor si termina dependiendo de la facilidad con la que cada Estado puede recuperar controles y encadenar prórrogas.
Europa no necesita proclamar constantemente las bondades de Schengen. Necesita defenderlo cuando los gobiernos empiezan a agujerearlo.
Añadir DiarioSabemos como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.