Viajar solo sale caro: cómo el mercado turístico castiga a quienes no tienen pareja ni compañero de viaje

Del “suplemento individual” al cobro por duplicado: el turismo vacacional sigue pensado para parejas y grupos en una sociedad cada vez más diversa

04 de Junio de 2026
Actualizado a las 18:04h
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Llega el verano y las agencias de viajes despliegan amplias campañas de publicidad en redes sociales, televisión y hasta en las marquesinas de los autobuses con imágenes de magníficas playas paradisíacas, circuitos organizados, cruceros, escapadas culturales y paquetes “Todo Incluido” a precios aparentemente irresistibles. Vuelo, hotel, traslados y excursiones con descuentos imbatibles y agresivas ofertas a solo un clic en cualquiera de sus webs. Pero basta con intentar reservar uno de esos viajes siendo una persona sola para descubrir la trampa del sistema y también el engaño que esconde.

Quien no tiene compañero o compañera de viaje —ya sea por elección, circunstancias personales, viudedad, separación o simplemente porque desea viajar solo— descubre rápidamente que la libertad tiene un precio añadido: la soledad se paga incluso hasta con nombre y apellido, el llamado “suplemento individual”.

Sin embargo, en muchos casos ya no se trata simplemente de pagar un pequeño extra por ocupar una habitación individual. El problema es mucho más profundo.

Desde Diario Sabemos hemos verificado online en cuatro grandes empresas que comercializan paquetes turísticos para este verano con vuelos, excursiones y régimen de Todo Incluido a destinos como Punta Cana, Cabo Verde, Cancún o Túnez, que el simple hecho de cambiar el número de pasajeros de 2 a 1 hace que el precio literalmente se duplique. Es decir, a un solo pasajero le toca pagar prácticamente lo mismo que si viajaran dos personas.

La comprobación es sencilla y puede hacerla cualquier usuario en apenas unos minutos: se selecciona un paquete turístico con un precio determinado para dos adultos y, al modificar la reserva para un único viajero, el sistema dispara automáticamente el coste final hasta cifras que equivalen a pagar dos plazas completas.

Pero hay un detalle especialmente revelador: tras la verificación realizada por Diario Sabemos, en ninguna de las cuatro agencias online consultadas aparece siquiera la opción de aplicar un suplemento individual razonable, que podría representar un 10%, un 20% o incluso un 30-40% adicional exclusivamente sobre el precio de la habitación.

En estos paquetes aparentemente “chollo”, siempre que haya un mínimo de dos pasajeros, la penalización por viajar solo alcanza el 100% en al menos tres de las cuatro agencias online consultadas. En la restante, el sobrecoste se sitúa en un 60%, pero siempre sobre el importe total del viaje.

Es decir, de esta manera hemos verificado que no solo se cobra un plus por el uso individual de una habitación doble. También se repercute al cliente el equivalente a dos billetes de avión, dos traslados desde y hacia los aeropuertos, excursiones para dos personas y otros servicios incluidos en el paquete. El viajero solitario termina pagando como si realmente hubiera una segunda persona ocupando físicamente el viaje.

Contactados telefónicamente los cuatro operadores turísticos y consultados sobre si se trataba de un error del sistema, las respuestas fueron prácticamente idénticas:

“Es que esta oferta está pensada para un mínimo de dos personas”.

“El coste es el que sale en la web, no es un error”.

“El sistema no nos permite aplicar simplemente un suplemento por habitación individual y cobra el doble”.

En definitiva, las empresas consultadas no niegan la posibilidad de que una persona sola pueda contratar sus servicios, pero dejan completamente en sus manos el sobrecoste económico de no tener compañero o compañera de viaje.

Así, uno de los tantos “chollos” que llegan por estos días en esas newsletters o en el spam de las cuentas de correo electrónico de miles de usuarios es un viaje a Punta Cana con vuelos de ida y vuelta y régimen de Todo Incluido que puede anunciarse por 950 euros por persona. Sin embargo, si el pasajero viaja solo, el precio acaba elevándose hasta cerca de 1.900 euros, exactamente el doble, como si realmente fueran dos pasajeros.

¿Agravio comparativo?

Tras esta sencilla verificación, que cualquier lector puede realizar en la web de su agencia habitual, queda en evidencia que el mercado turístico sigue funcionando bajo una lógica profundamente pensada para parejas, familias o grupos, a pesar de que la sociedad y la manera de relacionarnos han cambiado notablemente desde finales del pasado siglo.

Resulta especialmente curioso que el sector turístico no se haya adaptado a los nuevos patrones de conducta de hombres y mujeres que se relacionan mutuamente de manera diferente. Hoy esas relaciones están estrechamente ligadas a Internet y principalmente a aplicaciones de citas como Tinder, Meetic o Grindr, a contactos cada vez más efímeros y a una “responsabilidad afectiva” en caída libre, en lo que muchos sociólogos, como el polaco Zygmunt Bauman definieron hace más de una década como “relaciones líquidas”.

A ello se suma la diversificación de los modelos familiares, con más hogares monoparentales alejados del esquema tradicional de “mamá, papá e hijos”, la emancipación cada vez más tardía de los jóvenes respecto al hogar familiar o, simplemente, la soltería como elección personal legítima y cada vez más extendida.

Sin embargo, pese a que esta nueva realidad social es visible en prácticamente todos los ámbitos del consumo y del ocio, las grandes agencias de viajes y operadores turísticos continúan funcionando bajo parámetros pensados para un cliente estándar que viaja en pareja o en grupo.

El argumento empresarial suele ser que los hoteles calculan su rentabilidad por habitación y no por persona. Pero esa explicación, aunque parcialmente cierta, no elimina una realidad incómoda: el modelo turístico actual premia económicamente tener pareja o grupo y castiga la soledad.

Pagar más para viajar solo, ya sea por decisión o por obligación, evidentemente es un agravio comparativo, discriminatorio y poco respetuoso no solo a nivel económico, sino también psicológico y emocional.

Más allá del castigo económico

Las agencias de viajes, en sus agresivas campañas promocionales, deciden con bonitas fotografías que la felicidad es estar en pareja brindando frente al mar, con grupos de amigos en resorts o en plan “familia feliz” en cruceros. Por otro lado, puede interpretarse que la publicidad recuerda a los viajeros solitarios que son una excepción incómoda y que, por tanto, deben asumir una penalización económica.

Al sobrecoste se suma además la sensación de que el mercado tampoco guarda un mínimo respeto por las circunstancias personales de ese potencial cliente.

No obstante, basta indagar en Internet para confirmar que algunas agencias —no muchas— intentan adaptarse creando programas específicos para “singles” o viajeros solos, aunque estos continúan teniendo precios igualmente elevados.

En cualquier caso, viajar solo continúa siendo, la mayoría de las veces, un lujo encubierto: viajar en familia, en pareja o en grupo abarata, pero la soledad se paga.

Está por ver si teleoperadores y agencias de viajes buscarán, a corto plazo, adaptarse a las nuevas formas de relacionarnos, a la diversificación de los modelos familiares y al respeto de la situación personal de muchos potenciales viajeros que carecen de compañía, ya sea por elección o forzados por las circunstancias, ofreciendo servicios que les respeten y no les castiguen, además, económicamente.

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