Estambul, la metrópolis imprescindible

La gran metrópoli turca, con casi 20 millones de vecinos, comparte pacíficamente credos (judío, cristiano, ortodoxo, musulmán) y un pasado esplendoroso imperial: hitita, romano, bizantino y otomano

17 de Enero de 2026
Actualizado el 19 de enero
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PANORAMA ESTAMBUL

La corta vida humana tiene deberes. Para los musulmanes uno de ellos es peregrinar a La Meca (Hajj). Para quienes viven tierra adentro, ver el mar. Y para los demás hay objetivos viajeros, espirituales, personales o culturales que basculan sobre el sueño cumplido. Las almas inquietas se salen de rutina y disfrutan lugares, sensaciones o estar y sentir algo diferente. Viajar es, para tales menesteres, una alternativa válida. Agustín de Hipona escribió al respecto: "El mundo es un libro y aquellos que no viajan leen sólo una página". Hoy toca pasear y disfrutar Estambul. Es la metrópolis turca con casi 20 millones de vecinos. Comparten pacíficamente credos (judío, cristiano, ortodoxo, musulmán), un pasado esplendoroso imperial: hitita, romano, bizantino y otomano. Lo integra la bandera nacional. Sobre rojo intenso acerca una estrella de cinco puntas a la magia de la media luna.

Aterrizar y disfrutar

Llegar a Estambul vía aérea es la forma más asequible. Tiene dos aeropuertos que impresionan por su denso tráfico. El ‘Internacional’ parece un gran palacio donde pululan miles de viajeros de todos los continentes. Allí llegan y vuelan a las principales capitales del mundo. El Sabina Gokcem, más cercano a la capital, aloja vuelos internacionales de medio radio y los domésticos. También es un hormiguero de viajeros.

Los precios de todo lo que se vende en ambos aeropuertos son, llamativamente, en euros. La moneda nacional, la lira, no interesa a la codicia de los mercaderes locales del siglo XXI. El dólar es bienvenido, cómo no. La tecnología punta está allí presente con robots, lectores de etiquetas para maletas o billetes. La conectividad con la metrópolis está sujeta a los atascos continuos del denso tráfico vial en Estambul. 

Desde España Turkish y Pegasus (low cost de la primera) compiten con precios asequibles y ofertas con Iberia, Vueling, Air Europa y otras charter por llevar y traer viajeros hasta Estambul. La capital turca, además, es una plataforma de tránsito a precios asequibles para destinos asiáticos, de Oriente Medio, Oceanía, africanos, europeos y hasta americanos.

Turquía es un firme competidor al liderazgo del turismo español. Hay, no obstante, mucha tela que cortar sobre este asunto. Las carencias sobre estándares europeos y norteamericanos rebajan las estrellas hoteleras, quitan tenedores a los restaurantes. Y, de alguna forma, inflan precios locales al bolsillo del viajero con divisas más poderosas que la lira turca. Muchos, demasiados, visitantes a la Turquía del turismo echan de menos precios sobre productos o servicios. El regateo es hartible.  

Los ojos se sorprenden

Estambul no se aloja en un lugar del mundo llamado por el azar. Entre el Mediterráneo y Mar Negro tiene llave por ambas orillas, la asiática y europeas turcas. La península de Anatolia que ocupa Turquía, más países de influencia en antiguas repúblicas soviéticas, añade vecindario de países como Chipre, islas griegas, Bulgaria, Irak, Irán, Armenia y Georgia.

Como diría Belmonte sobre Sevilla, Estambul está donde tiene que estar. Y esa realidad explica que las colinas que pueblan Estambul repartan su población más cosmopolita y que profesan varios credos. Estambul es destino para negocios, turismo, compras, hub áereo y naval y lugar idóneo para resignificar su puente europeo con Asia y Oriente Medio.

Los minaretes de sus mezquitas distinguen la originalidad otomana entre el Cuerno de Oro, el Mar de Mármara y el Bósforo. Fascina observar el movimiento de barcos de todos los tamaños, el ir y venir del gentío que llena sus plazas y calles

Los minaretes de sus mezquitas distinguen la originalidad otomana entre el Cuerno de Oro, el Mar de Mármara y el Bósforo. Fascina, detiene, observar el movimiento de barcos de todos los tamaños, el ir y venir del gentío que llena sus plazas y calles, más el continuo tráfico de autos y camiones. Se colmata con aviones y helicópteros que sobrevuelan el cielo.

Los olores y sabores de la metrópolis merecen un aparte. Se marida lo europeo, oriental, asiático y ese sabor local que sólo los turcos saben a dar a su gastronomía, vinos, pastelería exquisita, frutas, verduras, carnes, pescados…. El ferviente islamismo que atrajo a su liderazgo el presidente Erdogan cubre más cabezas femeninas que antaño, cuando vestían más al modo occidental. El islam es un credo de fidelidades que crecen. 

Trajo, esa realidad, otra consecuencia. El alcohol se convirtió es bien preciado sobre el que la codicia hostelera hace presa. Una cerveza cuesta entre 5 y 10 €, una copa de vino entre 8 y 12 €. Los caldos turcos son más que recomendables, pero al alcance de pocos bolsillos. Además, son difíciles de localizar en las tiendas turcas, excepto en supermercados llamémosle ‘estándar’. 

Lo demás, en cuanto a comida y bebida, es asequible. Pero gasolina, vivienda, impuestos y autos tienen precios europeos. No acompañan los sueldos medios locales de los turcos. La inflación y el incremento de los precios de los últimos tiempos a nivel global también hizo mella para relativizar la clase media turca. Como ocurre en tantos países, cada vez hay más ricos y más millones de pobres o supervivientes. 

Visitas aconsejables

Para profundizar sobre Estambul es mejor organizarse. Las distancias toman horas si hay tráfico intenso, menos si se usa el metro. El viaje a Estambul puede ser por agencia, mayorista o por cuenta de quien viaja. Hay mucho que ver y disfrutar.

La Plaza de Sultanahmet acoge visitas imprescindibles: Mezquita Azul, Santa Sofía (en interminables obras), Obeliscos, Serpentina, Palacio Topkapi, Cisternas (aljibes), Hipódromo de Constantinopla, etc. El Gran Bazar, las orillas del Bósforo, monumento a Ataturk, y el parque Gulhane añaden citas para el viajero. Casi todas estas maravillas acogen museos en su interior. Atención, preparen el bolsillo para acceder a Topkapi (50 €) y Santa Sofía (30 €), sendos sablazos son inconcebibles para homólogos europeos.

El Gran Bazar es el paraíso de compras. Encontramos artesanía, delicias, especias, oro de bajos quilates, joyería, lingotes y piedras preciosas y toda clase de imitaciones de marcas que rozan la perfección. El regateo es imprescindible, pero el sablazo circunda cualquier compra ingenua.

Los alrededores del Gran Bazar acogen más imitaciones y mejores precios previo regateo, que llega a cansar pues las gangas que se sueñan no existen. Recuérdenlo. Nadie da euros a céntimos. Y los ‘listos’ en Estambul tienen quien les engañe. Algunos vendedores hacen hasta énfasis de ello.

Hay un Bazar de las Especias, el antiguo llamado egipcio, más pequeño pero no menos dotado de tiendas. Sus alrededores concentran más tiendas y competencia en precios. Situado junto al Puente Gálata y embarcaderos. A unos 6 kilómetros de este Bazar está el barrio judío que pueblan sefardíes, antaño residentes en España y que conservan un español antiguo (ladino) para comunicarse y hasta las llaves de sus casas de donde fueron expulsados por los ‘Reyes Católicos’. España está en todas partes.  

Pasear el Bósforo en barco, con o sin comida, cena o espectáculo es otra opción factible desde distintos embarcaderos. Los turistas más militantes no pasan de recorrer mínimos trayectos, pero Mármara es un mar extenso que conecta el Mediterráneo y el Mar Negro. Se suceden palacios, mezquitas y el esplendor otomano, bizantino y de Constantinopla.

Los museos arqueológicos de Estambul merecen visita. La historia con mayúscula es omnipresente. El Mevlevi de Galata incluye recorrido por la historia sufí y ver el baile de los derviches, que conecta con lo más divino del humano, previa reserva. Museos como los de Chora, Artes y Costumbres, Militar, Arte Moderno, Pera, Rahmi, Juguete, Inocencia, Sakib Sabanci, Automóviles, Ciencia del Islam merecen la pena en visitas más extensas. Son ideales para cuando visitas Estambul va más allá de una semana.

Estambul espera a cualquier viajero que aspire a indagarla. La urbe se llena cada vez más de turistas. En días estivales soportan calores dignos de moverse hacia las magníficas playas turcas. En invierno es más natural una metrópolis con clima suave, que acaricia a sus residentes y transeúntes. De ella, rematando este artículo, escribió Napoleón: "Si el mundo fuera un solo país, Estambul sería su capital".  

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