Capitales bálticas, el viaje necesario

Tienen idioma propio, identidad patriótica singular, minoría rusa residente y fueron el último refugio pagano medieval. Ahora los luteranos son mayoría, excepto Lituania, de mayoría católica vaticana

27 de Septiembre de 2026
Guardar
Capitales bálticas, el viaje necesario. RIGA, plaza

Quien viaja persigue metas. O reencuentra familiares, pareja o amistades. O busca nuevo hogar, horizontes laborales, formativos, exotismo, vivencias inéditas, experiencias adictivas…

O llega a lugares importantes. Donde hubo o hay algo, o mucho. Y puede ser naturaleza, historia, cultura, credos, monumentos… En tales empeños entra hasta la didáctica: ‘Se tiene que viajar para aprender’ como escribió Mark Twain. Todo vale para el viaje sin retorno. 

Una mezcla de lo escrito integra a tres países de la antigua URSS en el frío mar Báltico. Lituania (65.300 km²), Letonia (64.589 km²) y Estonia (45.227 km²). Los tres países casi completan la geografía andaluza para referenciar su extensión. Los tres tuvieron como rivales, invasores o aliados a rusos, franceses, alemanes, polacos, suecos, vikingos, hanseáticos…..     

Tales países tienen idioma propio, identidad patriótica singular, minoría rusa residente y fueron el último refugio pagano medieval. Ahora los luteranos son mayoría, excepto Lituania de mayoría católica vaticana.

Del pretendido comunismo que derribó el Muro berlinés, las tres repúblicas bálticas pasaron a adoptar el capitalismo del Euro, integrar UE y aliarse con la OTAN tras el forzado Pacto de Varsovia. El enemigo ahora es su último amo: la Rusia post-URSS versión Putin.

Las tres repúblicas merecen parada y fonda en sus capitales, las más pobladas de sus países. Son recomendables algunas visitas a espacios increíbles e inimaginables fuera de tales capitales. Sin más preámbulo vayamos al viaje más esencial.

Debe añadirse que en las repúblicas bálticas la cerveza, licores de hierbas o frutas y vodka local, mas una gastronomía basada en verduras, carnes, fiambres, pescados marinos o de lagos-ríos y pastelería son de nota. Los precios que encontramos allí, salvo sablazos inesperados, son como los españoles. El alcohol, sin embargo, encuentra al cliente pero caro. 

El sempiterno ámbar báltico obra y vende lo que sea menester, la artesanía local en cerámica, madera y de hierro es digna de compra. La educación, civismo urbano y amabilidad que encontramos en las metrópolis bálticas que integraron la URSS supera estándares confiables.  

VILNIUS
 

VILNIUS

La capital lituana sorprende al viajero si arriba a su aeropuerto. Hay más jets privados esperando al magnate que reactores de pasajeros menos adinerados. La favorable fiscalidad, cripto inversión, ciber negocios y lo imaginable en su derredor explica que algunos millonarios aterricen allí.

Vilnius fue fundada en 1323 a orillas del Neris y Vilna por el Gran Duque Gediminas. Centró rutas, comercio y apetitos territoriales ajenos. Hasta Napoleón, camino de Rusia, recaló en 1812. Quedó huella arquitectónica de todo: fachadas góticas, renacentistas, barrocas y neoclásicas.

Las cúpulas de bulbo ortodoxas maridan flechas, columnatas de iglesias católicas y protestantes. El centro de Vilnius lo declaró Patrimonio de la Humanidad la Unesco. Aloja edificios art nouveau en Avenida Gediminas y Sinagoga, cita de la comunidad judía local. La catedral acoge una estampa neoclásica; también, las iglesias de San Pedro y San Pablo, Santa Ana y San Nicolás, la decana lituana. La catedral ortodoxa y Puertas del Amanecer merecen visita. Hay diferencias de credo y estilos.   

Lituanos, letones y estonios al advertir al español o latino sonríen o empatizan. Ellos veranean, en gran número, en la península, Baleares o Canarias

Vilnius tiene más. Užupis es ‘república’ de artistas. Tienen allí himno, constitución, presidente, obispo, dos iglesias y siete puentes desde el siglo XVI. En el cementerio de Antakalnis encontramos tumbas de 3000 soldados galos (de 1812), alemanes y rusos caídos de las dos guerras mundiales, polacos de luchas de 1920. Los héroes y patriotas lituanos descansan cerca de líderes locales pro soviéticos, más artistas patrios.

Vilius es base para destapar un tesoro monumental: Castillo de Trakai, sede del Gran Ducado lituano y capital medieval desde el siglo XIII. Erigido en una isla, sus aguas reflejan altos muros de ladrillo rojo espléndidos.

Kaunas, la segunda metrópolis lituana, compila monumentos: castillo medieval, antiguo ayuntamiento, catedral, iglesia de San Francisco Javier, de Perkunas, Vytautas y monasterio jesuita. La Avenida de la Libertad (Laisves Aleja) refleja con zonas verdes los encantos lituanos.

Una última visita ultima la ruta lituana. A la ‘Colina de las Cruces’ en Siauliai. Allí peregrinan creyentes desde el siglo XIV. Es refugio ante la invasión de extranjeros al suelo lituano. Más de 50.000 cruces forjan la fe, tributan respeto a héroes y ausentes. Museos de visita recomendable en Vilnius son: MO, Galería Nacional, Víctimas del Genocidio (antiguo del KGB), del dinero y la energía también valen la pena. Hay donde disfrutar.  

Capitales bálticas, el viaje necesario. RIGA, plaza
 

RIGA

La capital letona es distinta a la lituana; junto a la estonia -Tallinn- acogió una cadena humana de dos millones de almas en 1989 para reivindicar su soberanía frente al agónico Kremlin de Gorvachov. Letonia acoge la más numerosa minoría rusa. Su fervor anti Putin le retrata como canina frente a la embajada rusa letona. En la terraza del Ayuntamiento de Vilnius ya vimos cartel recordándole que le espera La Haya por crímenes contra la humanidad y lo que obra en Ucrania, una guerra infinita criminal. 

Además del ‘amigo ruso’ y alertas telefónicas de drones en Riga la vida sigue. Su Mercado Central, de 1930, es el mayor europeo. Cinco naves de Art Nouveau completan la oferta de productos locales precisos para el cotidiano: quesos, carnes, pescado, frutas, verduras, artesanías…..

A orilla del rio Daugava, a 10 kilómetros del Báltico, Riga la fundó el arzobispo de Bremen Albert Von Buxhoeveden en 1201 con la cruz y soldados para convertir tribus bálticas al cristianismo. El zar Pedro el Grande en 1721 anexionó Riga a sus dominios, siendo la tercera metrópolis rusa tras Moscú y San Petersburgo. Tras efímera república (entre 1920 y 1940), Letonia se incorporó a la URSS. Desde 1991 es soberana la república de Letonia y recuperó esplendor. En 1997, la Unesco declaró Patrimonio de la Humanidad 475 hectáreas del centro de Riga y margen derecho fluvial

Recorrer Riga es navegar su historia. Calles adoquinadas retrotraen ambiente medieval. El castillo hoy acoge la Presidencia de la República. Un antiguo Convento y Hospital del Espíritu Santo, catedral católica de San Jacobo y casa de los ‘Cabezas Negras’ recuerda a los tratantes hanseáticos. La Catedral de Riga (Domo), joya gótica de 1211, es protestante y aloja un órgano que impresiona desde 1844: 4 teclados y más de 6.700 tubos.

Pasear en el barrio art nouveau repite edificios con fachadas de líneas sinuosas y ornato singular. Desde finales del siglo XIX los comerciantes competían por erigir su edificio de estilo Jugendstil.

No debemos obviar visitas a los distintos museos de Riga. El de la ocupación y el del KGB (Corner House) reflejan el pasado inmediato del más importante puerto báltico de la URSS, junto al extinto Leningrado (hoy San Petersburgo). El Museo Nacional y de Art Noveau, de Historia o del motor valen la pena. Cómo no, la vanguardista biblioteca letona aloja miles de libros y una arquitectura vanguardista.  

TALLINN
 

TALLINN

La capital estonia atrapa desde que se llega a ella. Vemos, como en Riga, que los cruceros-hormiguero alcanzan sus pantalanes al igual que los bloques de mini-pisos descuidados de la etapa soviética. Como observamos en las tres capitales bálticas el frenetismo constructor levantó bloques de diseño, casas y bloques de ‘nuevos ricos’ locales.

También, constatamos los adversos efectos del turismo de borregos, el que expulsa del centro a residentes en favor de restaurantes, apartamentos, hoteles y pródigas tiendas de recuerdos. La especulación se adueñó de las zonas residenciales portuarias. El metro cuadrado cotiza al alza.

Sin pausa llegamos a la capital estonia. Fundada en 1219 por daneses, les sucedieron teutones germanos. Los suecos llegaron allí desde 1561; los rusos en 1710. No obstante, las raíces alemanas siguen perennes. Influencia la arquitectura el luteranismo enfrentado al Vaticano. Desde 1991, Tallinn se reinventó y hoy luce como popular destino turístico, de cruceros y ferries que van y vienen desde Helsinki en apenas dos horas.

El casco antiguo comparte con Vilnius y Riga ser Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Se divide en tres partes: Toompea, o ‘colina de la Catedral”; Ciudad Vieja y Ciudad Estonia. La catedral ortodoxa Alexander Nevsky, levantada en 1900, y Castillo de Toompea, sede del Parlamento Estonio maravillan, por su espectacularidad. El marco de calles adoquinadas forja lo medieval. Ese es un duende de Tallinn.

El parque y palacio de Kradiorg valen la pena visitarlos. La antigua residencia zarista está espléndidamente conservada, sus jardines son una joya del buen hacer con las composiciones florales y su colorido…

Una visita recomendable es visitar zona de Pirita, ruinas del Convento de Sta. Brígida, auditorio “Valle de las Canciones” y puerto deportivo. Los grupos corales y canciones patrióticas unen al pueblo estonio en festivales veraniegos al que no falta nadie. Los rusos que abandonaron Estonia cantan otras canciones, tal minoría está con el corazón partido.   

Los museos de Tallinn merecen visita.  Vabamu recorre las ocupaciones de la capital estonia. Eesti Vabaõhumuuseum recrea arte al aire libre. Kiek in de Kök Fortification Museum es esencial para comprender la arquitectura defensiva de una metrópolis apetecida, conquistada y defendida por diferentes actores a lo largo de su historia. 

El viaje a las tres metrópolis indicadas bálticas puede tener una corta extensión pues hablamos de escapar al país más caro de Europa. Nos referimos a usar el ferry que, en dos horas, transporta a Helsinki. La capital finesa tiene dos catedrales (ortodoxa y luterana), puertos y barcos por doquier y mucha vanguardia. La Biblioteca, pasear el centro y degustar las delicias locales es cosa de bolsillo abultado. Viajar hasta Turku, Tempere o sus miles de lagos y corroborar el coraje y sonrisas de sus gentes es otra historia. 

Españoles en los países bálticos

Para los españoles disfrutar de las capitales bálticas es accesible y asequible. AirBaltic, Ryanair y Wizz Air ofertan vuelos directos desde las principales capitales españolas. Con escalas Lufthansa, SWISS, Finnair o KLM posibilitan el traslado hasta Riga, Vilnius o Tallinn. El transporte público en todas las capitales es excelente, regular y a buen precio. Los hoteles y restaurantes siguen estándares europeos y fuera de temporada estival los precios son más que razonables. 

Lituanos, letones y estonios al advertir al español o latino sonríen o empatizan. Ellos veranean, en gran número, en la península, Baleares o Canarias. Tras octubre de cada año, los días con apenas sol (6/7H) siguen los que tienen demasiada luz. Y siempre tienen mucho frío y nevadas que combaten con abrigo, tesón, trabajo irredento, alguna copa o cerveza y la esperanza de la luz del sol, sin nubes o lluvia. Lo que sobra a los españoles.    

Añadir DiarioSabemos como fuente preferida de Google de forma gratuita

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora
Lo + leído