Durante décadas, la ciencia ha centrado sus investigaciones sobre el origen de patologías neurológicas en la memoria, en el cerebro, en el sistema nervioso central. Hasta ahora, en la comunidad científica había un indiscutible consenso que “justificaba” la pérdida de memoria en fallos neuronales y cerebrales. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en la revista británica Nature pone en duda ese “acuerdo” y abre un escenario inquietante: el deterioro cognitivo podría comenzar en el intestino.
La investigación sitúa en el centro del problema al microbioma intestinal, el conjunto de microorganismos que habitan en nuestro sistema digestivo. Según el estudio, su envejecimiento no solo afecta a la salud digestiva: puede alterar directamente la memoria.
El experimento que sustenta esta conclusión es tan simple como perturbador. Los investigadores transfirieron microbiota intestinal envejecida a organismos jóvenes. El resultado fue inmediato: los sujetos empezaron a mostrar fallos de memoria propios de la vejez, sin que su cerebro presentara, en principio, un deterioro equivalente. En resumen, los investigadores llegaron a la conclusión que en cuerpos jóvenes, si el intestino envejece arrastra a la memoria a su degradación.
Un hilo invisible entre intestino y cerebro
Siempre según los autores del estudio, la clave está en el llamado eje intestino-cerebro, una red de comunicación constante entre ambos órganos que hasta hace poco había sido infravalorada.
De acuerdo con los resultados de la investigación, cuando el microbioma cambia con la edad aumenta la inflamación sistémica, se alteran las señales nerviosas que viajan al cerebro y se modifican procesos clave en regiones responsables de la memoria. En definitiva, el deterioro cognitivo no nace en las neuronas, sino en las bacterias intestinales.
Esta idea se refuerza con un análisis divulgativo de la propia revista Nature publicado el pasado 11 de marzo que apunta a que ciertos microorganismos pueden incluso modular la actividad cerebral y acelerar el envejecimiento mental.
Alzheimer bajo sospecha
El impacto del hallazgo de los investigadores va mas allá de una simple publicación para la comunidad científica: enfermedades degenerativas cada vez más frecuentes pero sin visos de solución inmediata como el Alzheimer podrían tener un origen más complejo de lo que se pensaba.
Como es de público conocimiento, hasta ahora, la mayoría de los tratamientos de degeneración neurológica se han centrado exclusivamente en el cerebro, en el sistema nervioso central y en la degradación neuronal. Sin embargo, según los investigadores, este enfoque podría estar incompleto, e incluso equivocado, al dejar fuera una pieza clave e inesperada: el intestino.
Si la microbiota influye en el deterioro cognitivo, entonces el Alzheimer podría no ser solo una enfermedad neurológica, sino también metabólica e incluso inmunológica.
Un obligado cambio de enfoque
Tras este importante hallazgo publicado por la prestigiosa revista británica Nature, probablemente la comunidad científica se verá obligada a cambiar de estrategia a corto y largo plazo al menos si pretende encontrar la razón al deterior cognitivo y sus enfermedades asociadas : deberá pasar de estudiar el cerebro a centrar sus investigaciones en el microbioma intestinal.
Como resultado de estas conclusiones y en esta línea, los investigadores tienen sobre la mesa varias opciones que van desde dietas diseñadas para modificar la microbiota intestinal, el suministro de probióticos dirigidos a mejorar funciones cognitivas, ejecutar trasplantes de microbiota como terapia futura y hasta el planteamiento de medicina “a la carta” basada en el perfil bacteriano de cada paciente.
Por otro lado y en el mismo sentido, existen otros estudios difundidos por la prestigiosa Escuela de Medicina Stanford Medicine, dependiente de la reconocida universidad norteamericana, que insisten en la necesidad de restaurar la comunicación entre intestino y cerebro para revertir parcialmente el deterioro cognitivo en modelos experimentales.
Cautela y prudencia
Pese al impacto del descubrimiento, los científicos se demuestran cautos puesto que los resultados se han obtenido en modelos experimentales y aún deben confirmarse en humanos.
No obstante, lo que queda en evidencia es que les obligará a cambiar de enfoque más pronto que tarde. Las conclusiones de esta última investigación les enfrenta a un nuevo escenario: el cerebro no funciona de forma aislada, sino en conexión constante con otros sistemas del cuerpo, y el intestino tiene mucho más que decir, eso parece, en cuanto enfermedades de degradación neurológica como el Alzheimer.