La batalla perdida contra la resaca: mitos, ciencia y la búsqueda del remedio infalible

¿Existe realmente el remedio infalible contra la resaca? Ciencia, mitos y verdades incómodas sobre agua, analgésicos, vitaminas y trucos virales que prometen milagros… y casi nunca cumplen. Descubre qué funciona de verdad y qué solo alarga el sufrimiento

01 de Enero de 2026
Actualizado el 08 de enero
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Nochevieja Fiesta Resaca
Jóvenes celebran la llegada del año nuevo | Foto: FreePik

Pocas experiencias humanas son tan democráticas y tan implacables como la resaca. No distingue edad, clase social ni sofisticación etílica. Afecta por igual al bebedor ocasional y al sibarita del vino natural. Y, sin embargo, pese a siglos de experimentación colectiva, el remedio infalible contra la resaca sigue siendo una quimera.

La industria promete curas milagro, los bares juran fidelidad a combinaciones secretas y la sabiduría popular insiste en fórmulas transmitidas como dogmas. Pero ¿qué funciona realmente y qué pertenece al folclore alcohólico?

Qué es una resaca

Desde el punto de vista fisiológico, la resaca es un cóctel de deshidratación, inflamación, alteración metabólica y privación de sueño. El alcohol inhibe la hormona antidiurética, provoca pérdida de líquidos y electrolitos, irrita el sistema digestivo y genera subproductos tóxicos (como el acetaldehído) que el cuerpo debe metabolizar a marchas forzadas.

A ello se suma un factor decisivo: no todo el alcohol es igual. Las bebidas con más congéneres (sustancias químicas que acompañan al etanol, como en el whisky, el ron o el vino tinto) tienden a producir resacas más intensas que las bebidas claras.

Hidratación: el único consenso universal

Si existe un punto de acuerdo entre médicos, bioquímicos y abuelas experimentadas es este: beber agua ayuda. No cura la resaca, pero reduce su severidad. La hidratación antes de dormir, durante la noche y al despertar es la estrategia más eficaz para mitigar el dolor de cabeza, la fatiga y la sequedad generalizada.

Las bebidas isotónicas pueden aportar electrolitos, aunque su efecto no es milagroso. El cuerpo agradece el sodio y el potasio, pero sigue necesitando tiempo para recuperarse.

Comer antes y después: prevención, no cura

El famoso “no beber con el estómago vacío” tiene base científica. La comida ralentiza la absorción del alcohol, evitando picos bruscos de concentración en sangre. Grasas y proteínas cumplen mejor esta función que los azúcares simples.

El desayuno posterior ayuda a estabilizar la glucosa, pero no revierte el daño ya hecho. Comer alivia síntomas, no borra excesos.

Analgésicos: aliados con letra pequeña

El ibuprofeno puede aliviar el dolor de cabeza y la inflamación, pero debe usarse con cautela. El paracetamol, combinado con alcohol, aumenta el riesgo de daño hepático, por lo que muchos médicos lo desaconsejan tras una noche de consumo elevado.

Ningún fármaco acelera la eliminación del alcohol: el hígado procesa aproximadamente una bebida estándar por hora, sin atajos conocidos.

El mito del “volver a beber”

El llamado hair of the dog (tomar alcohol para aliviar la resaca) funciona como anestesia temporal. Reduce momentáneamente los síntomas, pero retrasa la recuperación y prolonga el malestar. Es una solución contable: desplaza el problema, no lo elimina.

Vitaminas, suplementos y promesas comerciales

Complejos de vitamina B, extractos vegetales, píldoras antirresaca y sueros intravenosos proliferan con un mensaje seductor: recuperación rápida. La evidencia científica, sin embargo, es limitada. Algunas vitaminas ayudan al metabolismo general, pero ningún suplemento ha demostrado ser infalible.

El descanso sigue siendo más eficaz y más barato que cualquier tratamiento premium.

El único remedio que nunca falla

Tras revisar estudios, mitos y prácticas culturales, la conclusión es incómoda pero clara: el único remedio infalible contra la resaca es no excederse. Todo lo demás son estrategias de mitigación.

Dormir bien, beber despacio, alternar alcohol con agua, elegir bebidas con menos congéneres y escuchar las señales del cuerpo sigue siendo la fórmula más efectiva conocida por la ciencia moderna.

La resaca, en el fondo, cumple una función evolutiva elemental: recordarnos que el placer inmediato tiene costes diferidos. Y que el cuerpo, aunque paciente, siempre acaba pasando factura.

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