“Soy más artista que artesano. La artesanía es la clave para vivir de lo que se hace; como hacer el pan de cada día. El arte, en cambio, es nunca bañarse dos veces en el mismo río”

Javier Puebla, un humanista no del siglo XVI ni del XXI, de otro tiempo indefinido, supera con nota en el majestuoso El año del cazador el reto de convertir la vida cotidiana en 365 relatos independientes, pero también en una novela

11 de Mayo de 2026
Actualizado a las 9:46h
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Javier Puebla by Javier Jimeno Maté (002)
El escritor Javier Puebla | Foto: Javier Jimeno Maté

Un hombre de otro tiempo. Así parece ser Javier Puebla. Pero no lo es en absoluto. Porque su literatura siempre quiere ir más allá, abriendo nuevas puertas y ventanas de la creación artística para encontrar formas novedosas de contar. Porque saber contar historias lo sabe hacer como muy pocos en el panorama literario patrio. Cualquier detalle, cualquier chascarrillo en el metro, cualquier conversación trivial le da para poco menos que una novela, al menos un relato que siempre deja en el lector el poso de la trascendencia y la reflexión, el mejor síntoma de que su literatura influye, da que pensar y, sobre todo, sirve para disfrutarla en toda su plenitud, con unos personajes tan diversos como entrañables, que los lectores hacen suyos a las primeras de cambio sin mucho esfuerzo, porque se dan a querer, como el propio Javier Puebla, un ser entrañable y excelente escritor.

Un reto mayúsculo, una obra mayúscula. ¿Orgulloso del resultado final?

Sí. Y también de la edición. El diseño de Guridi y la maqueta de Zamorano, el Contramaestre, ha logrado convertir la obra en un fascinante objeto de deseo. Era un reto casi imposible; han tenido que pasar más de veinte años desde que la aventura sucedió.

¿Se puede asegurar sin paliativos que ya es una obra de referencia personal en su larguísima trayectoria como narrador?

Es la base de todo lo que he conseguido. No habría ganado el Nadal si no hubiese escrito un cuento al día durante un año. Lo recibían muchas personas, de todos los mundos y pelajes, diariamente en su correo. Y se iban publicando relatos en todo tipo de periódicos y revistas. Y a partir de lo que aprendí, descubrí, monté el taller literario 3Estaciones, y en su estela la editorial Haz Milagros, porque el nivel del taller siempre ha estado por encima de la media española. Llevamos publicados más de sesenta libros, y hasta convocamos tres premios literarios, los Gavia. Pero de eso, si queréis, ya hablaremos en otra ocasión.

La decisión de escribir un relato diario los 365 días de un año, además de novedosa en el panorama literario planetario, es quijotesca. ¿Cuánto hay de Quijote en Javier Puebla?

Con Cervantes, me dijeron en un Club de Lectura organizado por El Corte Inglés, que tengo en común la capacidad de ser original a partir de lo común. Y quizá también como él, cuyo rostro real nadie conoce, sentí el impulso de hacer algo capaz de sorprender y llamar la atención. A él, especialmente después de muerto, le fue muy bien. Don Quijote, en El año del cazador, es el personaje de Javier Panizo, tan genial como ingenuo; enfermizamente soñador.

“Aprendí a convertir cualquier cosa en un cuento. Podría hacerlo incluso con esta entrevista”

¿Hay que ser muy diestro en el arte de narrar, muy ducho y de imaginación desbordante, para acometer esta tarea diaria durante todo un año, o simplemente basta dejarse llevar por las musas?

Para mí escribir es facilísimo, lo hago desde los cuatro o cinco años. Mi madre cuenta que uno días después de enseñarme a leer, me enseñó ella, escribí un cuentecito. Aunque lo que ella valoró fue la caligrafía impecable antes que la historia que tratase de contar yo. Pero en este libro sobre todo hay trabajo, porque no sólo es el cuento sino el armazón interior que da coherencia al conjunto. El año del cazador son 365 relatos independientes, pero también es una novela, que narra la aventura de El Cazador.

En este contundente volumen, el lector puede darse un atracón de buena literatura de trayecto corto. ¿Es este género el más exigente?

Depende de para quien. El relato corto más moderno está en instagram o tik tok actual, y no parece que necesite de un público exigente.

Si Lorenzo Silva sentencia que usted es el mejor escritor de microrrelatos que conoce”, habrá que darle la razón, ¿no cree?

Lorenzo Silva se ha ganado, a pulso, crédito ilimitado en el mundo literario. No necesita que nadie le dé la razón.

Este proyecto tiene algo de bíblico, en el sentido de que lo abras por donde lo abras, lo leas por donde lo leas, siempre empieza y termina todo en un abrir y cerrar de ojos, siempre invita a un siguiente paso a vuelta de página. ¿Se siente pastor de ovejas además de novelista?

Trato a las personas con las que me relaciono como a mí mismo; desde lo mejor de mi corazón.

“Tengo un taller literario, pero siempre explico que no enseño nada. Sólo creo un ambiente para despertar la inspiración de mis escritores. Como un DJ”

Qué duda cabe que El año del cazador puede servir prácticamente de libro de texto para aquellos interesados en iniciarse en el arte de escribir, porque cada capítulo enseña técnicas narrativas, desvela destrezas estilísticas… En definitiva, una guía para futuros escritores. ¿Cuánto hay de profesor en el escritor que es Javier Puebla?

Tengo un taller literario, pero siempre explico que no enseño nada. Sólo creo un ambiente para despertar la inspiración de mis escritores. Como un DJ. Y quien más aprende soy yo, porque los miro y leo desde el respeto y la aceptación. Leer El año del cazador también es un modo de acceder a ese tipo de ambiente inspirador.

Y qué decir de sus protagonistas, o heterónimos, que lo acompañan en esta aventura, como también lo hicieron en otras anteriores. ¿Qué les aporta su compañía ya hasta cierto punto habitual en su quehacer como novelista?

El uso de los personajes -Dulce Salgado, Max Durango, Javier Panizo…- me permite viajar a cualquier edad, lugar geográfico, o época. Dotar de ternura a una tostadora, simplemente dándole un nombre y una intención. Incluso, y es algo que cada vez hago con más frecuencia, resucitar a alguien que, físicamente, ya nos abandonó. García Márquez escribía con guantes, para combatir el frío de París, mientras dibujaba Macondo y sentía su calor.

¿Cuál es el relato que más le costó parir? ¿Y aquél que salió casi sin darse cuenta siquiera?

La respuesta para ambas preguntas es “todos y ninguno”. Voy a mencionar el 125, Mamá, porque se publicó nada más escribirlo en un libro colectivo titulado Lavapiés, y a los pocos días me lo compraron para traducirlo al inglés, y para enseñar español en Estados Unidos y Canadá. Y también como base para un guión.

Asegura que robaba cualquier historia en una escucha accidental, en el metro o en cualquier otro lugar. ¿Es solo cuestión de tener los ojos muy abiertos o también hay que darle las gracias al don natural de la imaginación desbordante?

Aprendí a convertir cualquier cosa en un cuento. Podría hacerlo incluso con esta entrevista. Quizá lo haga cuando acabe de responder a todas las preguntas, porque ya se me ha ocurrido un título. O mejor dicho, se me han ocurrido dos.

¿Cuánto hay de artesano creador en Javier Puebla y cuánto de artista puro y duro solo sometido al dictado de las musas?

Soy más artista que artesano. Para bien y para mal. La artesanía es la clave para vivir de lo que se hace, convertir la escritura en profesión; como hacer el pan de cada día. El arte, en cambio, es nunca bañarse dos veces en el mismo río. Mi barra de pan de hoy es diferente a la que hice ayer, y casi seguro que será distinta la que haga mañana. Aunque todas tendrán en común que el humilde panadero soy yo, amasando desde mi verdad, mi alegría y mi dolor.

 

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