“Sí aprendemos de nuestros padres, aunque sea qué no hacer”

El escritor argentino Pedro Mairal presenta su nueva novela, Los nuevos, una emotiva inmersión hacia los lazos que unen y atan a padres e hijos en una lucha intergeneracional que perpetúa la incomunicación

21 de Noviembre de 2025
Actualizado a las 14:35h
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Pedro Mairal  Si aprendimos de nuestros padres
El escritor Pedro Mairal | Foto: Carlos Ruiz B.K.

El autor bonaerense de Una noche con Sabrina Love o La uruguaya vuelve a la novela con Los nuevos (Destino), una historia intergeneracional donde se muestran las fallas insalvables entre padres e hijos, y sobre todo la soledad e incomunicación con el mundo exterior que sufren los jóvenes en la actualidad, bombardeados por mil y un estímulos exógenos perfectamente prescindibles que determinan una actitud ante la vida modelada por arquetipos que se derrumban como castillos de arena al más mínimo soplo. Y mientras tanto, sus progenitores, en vez de atender sus llamadas de alerta, confrontan con ellos víctimas de un egoísmo deleznable, propio de una generación crecida bajo el manto sacrosanto del individualismo más atroz. Mairal consigue que empaticemos a las primeras de cambio con las historias de Thiago, Pilar y Bruno.

Thiago Vinter, qué maravilloso personaje protagonista, de los que se quedan guardados mucho tiempo en la recámara del cerebro. ¿Se ha propuesto a toda costa que nos olvidemos de una vez por todas de Lucas Pereyra, el protagonista de La uruguaya?

Me alegra que Thiago tenga un lugar en el recuerdo. Mis personajes, ojalá, se vayan sumando, sin eclipsarse unos a otros, ahí están y conviven en la cabeza de los lectores y el orden en que se leen mis libros queda librado al azar. Lucas Pereyra es un cuarentón frustrado, menos querible que Thiago, claro, pero espero que tan real como él.

El triángulo de amigos adolescentes que compone Los nuevos deja ver mucha intemperie, mucha incomunicación intergeneracional, mucho desasosiego ante un futuro incierto. ¿Por qué siguen rotos todos los puentes?

Quería ubicar a estos personajes en esa intemperie que los maltrata, pero los fortalece, los hace darse cuenta de quiénes son. Todos nos sentimos solos a esa edad, incluso en familias con amor y cuidado. La distancia entre las generaciones es insalvable. Creemos que nos hablamos cara a cara con nuestros hijos o con nuestros padres, pero nos separan 30 años de distancia. Los puentes que tienen esos tres personajes son la amistad y el vínculo con algunos maestros azarosos. Thiago conoce a Aguirre, ese hombre que cuida los caballos en el lugar de veraneo. Bruno se encuentra con esos chicos mayores que él, mexicanos, que lo invitan a tocar en su banda. Pilar tiene a su abuela Tita que le enseña a manejar. Esos son sus puentes.

“Creemos que nos hablamos cara a cara con nuestros hijos o con nuestros padres, pero nos separan 30 años de distancia”

Trasciende en Los nuevos de forma evidente la ruptura generacional entre padres e hijos adolescentes. ¿Por qué seguimos sin aprender de nuestros padres y nuestros hijos tampoco lo harán de nosotros, y los suyos de ellos en un futuro más próximo que lejano?

Creo que sí aprendemos de nuestros padres, aunque sea en qué no hacer. A veces repetimos patrones de conducta y a veces tratamos de revertirlos. Somos hijos también de una época, de una manera de ver las cosas, de una manera de encarar la paternidad y la maternidad. En Los nuevos los padres aparecen difusos, ausentes, casi vistos de la rodilla para abajo, como los adultos en los dibujos animados. El enfoque de esos tres amigos esta dado desde esa perspectiva casi huérfana.

La pérdida prematura de la madre de Thiago es determinante en una deriva que tiene bastante de autodestructivo. ¿Las madres siempre serán nuestras brújulas así pasen los milenios?

Ojalá que sí. Thiago guarda consigo el amor de su madre. Casi siente que puede hablar con ella. Tiene un pareo naranja o túnica de playa que ella usaba y la lleva casi como una bandera que le recuerda esos veranos perdidos. Por momentos parece caer tan fuertemente en esas vivencias que se aliena del mundo que lo rodea. Pero en general ese amor es su fuerza secreta.

“La distancia entre las generaciones es insalvable”

La música posee aquí un claro componente fundamental en el funcionamiento argumental de la novela. ¿Ha elegido milimétricamente el playlist con algún mensaje de fondo?

Sí, las canciones funcionan en la novela como una manera en que los personajes se mandan mensajes cifrados entre sí. O incluso a veces creen adivinar mensajes en las canciones que algún amigo o familiar les hace escuchar. Cuando cada uno tiene su turno para poner una canción en el auto, saliendo de vacaciones, Thiago elige la música que escuchaba su madre que murió hace unos pocos meses: O qué será qué será, de Chico Buarque. Además los tres amigos forman una banda y escriben canciones. Al final de la novela hay un código QR que te lleva a un audio de la grabación de un ensayo. Yo escribí los tres temas que suenan, especialmente para el libro y los grabé con músicos amigos.

Los tres chicos que conforman este grupo de amigos no pertenecen, ni mucho menos, a familias desestructuradas, más bien son de clase media-alta. Y aun así, la desafección hacia sus progenitores y los adultos en general y la sensación de soledad permanente que los habita predominan también pese a ser, a priori, unos privilegiados en su sociedad. ¿Por qué ocurre esto?

Algo que se suele ver (en familias de cualquier nivel social pero más frecuentemente en clases medias altas por una cuestión de recursos y posibilidades) son padres o madres que quieren ser eternamente jóvenes y que no escuchan a sus hijos o que incluso entran en competencia. No se responsabilizan, no arman una casa estable para los hijos, siguen en un nomadismo medio hippy-chic, una discontinuidad afectiva, aparecen y desaparecen. No están para cuando los hijos realmente los necesitan. En la novela, la madre emigra y deja a Pilar viviendo con su abuela y ella después va cayendo en situaciones cada vez más precarias, casi a la intemperie.

“A veces repetimos patrones de conducta y a veces tratamos de revertirlos”

Tanto Thiago como Pilar y Bruno consiguen encontrar válvulas de escape en las burbujas de un mundo idílico que los mayores han programado para ellos. ¿Por qué los adultos no dejamos volar a nuestros hijos?

A algunos padres les da mucho miedo soltar a los hijos, no controlarlos, dejarlos hacer su vida. La madre de Bruno lo manda a estudiar economía a Estados Unidos sin importarle si a él eso le gusta o no. Tiene pensado un modelo de vida para su hijo que a Bruno no le interesa en lo más mínimo. Así funcionan (o mejor dicho, no funcionan) las expectativas ajenas. Los hijos encuentran esas válvulas de escape, o grietas en las burbujas que les crean. Necesitan escapar.

 

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