Ganó con su primera novela, Mira a esa chica, el Premio Tusquets en 2022. Cristina Araújo Gámir (Madrid, 1980) asume el reto de mantener el listón literario al menos tan alto como su comienzo en el mundo de la ficción narrativa. En Distancia de fuga, el inicio de la relación amorosa de dos jóvenes sirve a su autora para indagar en todos los vericuetos y aldabonazos que el amor insufla a sus protagonistas, no exentos de factores exógenos determinantes, como por ejemplo el carácter retraído de él y las aspiraciones de fama y éxito artístico de ella. Dos mundos a años luz de distancia que pueden ser demoledores para dos personas que se inician en eso tan frágil e indomable llamado amor.
El amor en todas sus fases y amplitud. La tarea no es fácil, sobre todo si además la ha plasmado en una nueva novela después de su primer éxito como narradora, Mira a esa chica. ¿Ha sentido en algún momento presión ante estos dos condicionantes previos?
Presión, no, pero sí incertidumbre, porque sabía que era una novela muy diferente de la primera en muchos sentidos. Sobre todo, de lo que más había llamado la atención de Mira a esa chica. Pero no me afectó en el proceso porque esta es una historia que llevaba mucho tiempo queriendo contar, y aunque el amor es el hilo conductor, pude explorar otros contextos que me atraen mucho: las relaciones fraternales, el ambiente universitario, los dobleces de la fama, la obsesión y la dependencia emocional.
Ha asegurado en alguna entrevista que quería retratarlo todo del enamoramiento y del desenamoramiento desde dentro. ¿Qué retos principales se planteó para ello en el proceso de escritura?
Sí, quería contar el enamoramiento y el desamor desde la introspección, de modo que la gente pudiera sentirse reflejada. Casi todos hemos pasado por momentos así, para lo bueno y para lo malo. Esa tiranía mental que no te deja pensar en otra cosa, la fe o los recuerdos invadiendo el día a día. Incluso las reacciones físicas que acompañan a las emociones muy potentes. Las fases son universales, se ve en Stendhal, Tolstoi, Proust, Philip Larkin. El otro día leí una frase en una novela de Kierkegaard: “siempre y solo a través de él pienso cada pensamiento mío”. Puede sonar muy intenso, pero una gran mayoría de gente puede verse retratada ahí. Eso es lo que quería contar.
“Incluso en las relaciones sanas, sobre todo al comienzo, somos muy vulnerables”
También están muy presentes la soledad, la pérdida, la salud mental y la vulnerabilidad en los personajes protagonistas. ¿El amor es también algo de todo eso en cierto modo?
No sé si todo, pero creo que incluso en las relaciones sanas, sobre todo al comienzo, somos muy vulnerables. Proyectamos inconscientemente la mejor versión de nosotros mismos. Lo analizamos todo, lo cuestionamos todo, nos afecta al estado de ánimo. El amor es un poco patológico.
Narra la historia de Theo y Frances con saltos temporales atrás y adelante, pero todo explota durante un verano. ¿Por qué en los veranos eclosionan las historias de amor que nunca olvidamos aunque pasen para siempre?
No sé si es tanto el verano, o la edad desde la que experimentas esos veranos. En la juventud, el verano es sinónimo de libertad y de infinitud. Cambias de ambiente, horario, rutinas, no hay obligaciones, ni nadie espera nada de ti. Todo puede ocurrir y a todo puedes concederle el espacio y el tiempo que te venga en gana. Además, el verano es como una cápsula, un periodo que aguardas el año entero y que sabes que tiene fin. Eso baña cualquier experiencia de un significado especial.
¿Cómo se logra dotar de cercanía, credibilidad y verosimilitud a unos personajes cuando es algo tan íntimo como el sentimiento amoroso el que mueve todos los hilos de las relaciones personales?
Yo tiro mucho de lo que he vivido o lo que me cuentan. Me gusta mucho vigilar mis sentimientos y mis reacciones, sean dignas de orgullo o no. También me encanta escuchar a la gente, entender sus motivos. Nunca hay un solo punto de vista, y creo que ser honesto a la hora de escribir es lo que consigue que los personajes calen más hondo porque todos tenemos esa voz interior que nos juzga y corrige, y nos dicta cómo tendríamos que actuar, y es un alivio leer sobre personajes imperfectos con los que puedas sentirte identificado.
“Me gusta mucho vigilar mis sentimientos y mis reacciones, sean dignas de orgullo o no. También me encanta escuchar a la gente, entender sus motivos”
¿Cuándo toma conciencia el escritor/narrador de que los personajes caminan solos, que sienten solos, que tienen vida propia?
Uff, a mí eso me cuesta bastante. Tengo que escribir mucho sobre ellos, ponerles en situaciones que luego quizás formen parte del texto final o no, y aunque en ese momento no lo sé, me ayuda a conocerlos. Y me sorprendo cuando en fases más avanzadas, releo algo muy inicial y digo: “Ah, no, este personaje nunca haría eso o nunca hablaría así”. Es muy satisfactorio.
Y el ambiente y la atmósfera, narrativamente hablando, ¿qué importancia tienen en su novela?
Mucha. Le doy mucha importancia a los ambientes. Trato de que aporten casi tanto como la escena o la conversación, que sean llamativos y potentes. Me esfuerzo por describirlos, intercalarlos con las acciones de los personajes, porque en la vida real es así. Incluso la situación más cotidiana está atravesada de detalles que pueden influirla en mayor o menor medida, y que también tú absorbes de un modo diferente en función del día, y creo que merece la pena contarlo.
La fama que alcanza Frances gracias a su carrera como actriz profesional actúa como elemento catalizador en la historia con Theo. Mal asunto, ¿no cree? ¿Por qué la fama es tan difícil de digerir en cualquier entorno familiar o de pareja?
La verdad es que siempre me he planteado si es solo la fama, o si ese talante voluble de Frances la hubiese llevado a hacer lo mismo en menor escala. Su carácter es muy diferente del de Theo. Se evade hacia afuera, él hacia adentro, es difícil encontrarse en el medio. Pero también es obvio que la fama es una sacudida muy fuerte para el que la vive y para su entorno. Entras en otra esfera. Ves los Globos de Oro, los Oscars, y parece un mundo inaccesible y blindado. Tus problemas no dejan de ser graves, pero dejan de ser los mismos. Tienes vía libre a todo, se te conceden casi todos los caprichos, supongo que es fácil que todo se quede corto en algún momento. Y me apetecía explorar los extremos a los que te puede conducir eso. Todo lo extremo me llama mucho la atención.