“Es sano ver con claridad de dónde vienen nuestros miedos”

El escritor sevillano Salvador Navarro busca en la literatura explicaciones que solo se encuentran ahondando en nuestro pasado y en ‘No mires atrás’ halla no pocas respuestas

08 de Julio de 2026
Actualizado a las 10:27h
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Salvador Navarro 1

Salvador Navarro (Sevilla, 1967) es un escritor que siempre busca la mirada del niño, como si para él la literatura fuera un espejo retrovisor que le ayuda a entender el mundo que tiene por delante. En No mires atrás, su nueva novela, nos cuenta la historia de Iker, un treintañero que en el momento más exitoso de su vida descubre que su pasado no fue tan idílico como sus padres le contaron. Es entonces cuando comienza a plantearse una interesante dicotomía entre descubrir detalles de lo ocurrido o seguir adelante ignorándolo todo.

¿No mires atrás es una advertencia dentro de tu novela o es algo más?

Toda novela no deja de ser un juego que planteas al lector y No mires atrás lo hace para provocarle un viaje al período de la infancia, allí donde se deciden tantas cosas de nuestro presente. En este caso propongo que sea de la mano de Iker, un treintañero donostiarra que, en el momento más exitoso de su vida, empieza a comprender claves de su pasado que no sabe muy bien si le interesa conocer. ¿Querríamos tener todo el detalle de los desgarros o infidelidades que pudieran haber sufrido nuestros padres?

¿Toda historia familiar se sostiene con amor, pero también con mentiras? 

Las mentiras son necesarias y no son incompatibles con el amor, sobre todo en un entorno tan delicado y potente como es el familiar, que tiene que ir muy mal para que se rompa. De hecho, una de las claves para que eso no ocurra es saber mantener a salvo parcelas de intimidad innegociables. Todos tenemos derecho a un cierto grado de perversión.

Iker, el niño de tu novela, ¿tiene algo que ver con tu historia particular o también es un poco la historia de todos?

Una novela es más grande cuanto apela a más gente. Todos, en mayor o menor grado, podemos empatizar con Iker, aunque haya momentos en que te puedan entrar ganas de zamarrearlo. Es fácil encontrar en el pasado episodios en los que vimos cosas de nuestros padres a través de una rendija y preferimos cerrar los ojos. En mi caso también. Tuve una infancia feliz y una adolescencia desgarrada y, con el tiempo, pude reconstruir en mi cabeza determinadas escenas muy duras que me ahorraron mis padres.

“Las mentiras son necesarias y no son incompatibles con el amor, sobre todo en un entorno tan delicado y potente como es el familiar”

La memoria normalmente se ve como una fortaleza. Pero, en lo afectivo, ¿también opera como un ajuste de cuentas?

La memoria es un tesoro cambiante que nos determina. Puedes contar historias del pasado con total sinceridad y, cada vez, hacerlo de forma distinta, hasta llegar a conformar escenas que en realidad nunca ocurrieron. Cuando tengo pesadillas intento encontrar, antes de despertar, la clave de lo ocurrido en el sueño, porque si no lo hago empiezo el día con mal pie. Con la infancia pasa lo mismo, si queda muy borroso ese período y no te das el tiempo de analizarlo, tus días del presente acaban conviviendo con cierto desasosiego. Es sanísimo, sin obsesiones, ver con claridad de dónde vienen nuestros miedos.

Cuéntanos sobre la estructura de la novela. ¿Hay algo de diario?

Al ser narrada en primera persona por Iker, sí daría pie a verla como un diario, pero al mandar sobre todo el diálogo tiene más estructura cinematográfica, incluso teatral. Eso sí, transcurre en apenas unas semanas, por lo que no pierdes en ningún momento el norte del relato. Nunca vas a dejar de ir de la mano de Iker, no hay nada que vayas a ver que no esté viendo él.

¿No mires atrás rompe con tus anteriores novelas o mantiene una mirada?

La mantiene, sin duda. Quien me lee, me reconoce. Cambian las tramas, los conflictos, los escenarios, pero nunca la aproximación tierna al alma humana y el tono de thriller psicológico que caracteriza a mis novelas. El centro es el ser humano y los recursos son el diálogo, el tacto, los silencios, el mirarse a los ojos de mis personajes.

También te interesa el cine. De hecho, tu obra ha sido llevada al séptimo arte. ¿Te gustaría que No mires atrás tuviera su adaptación?

Con la adaptación al cine de mi novela No te supe perder aprendí mucho. Sufrí mucho también. Sobre todo, entendí lo diferentes que son los dos lenguajes y la importancia de entenderte bien con el director para transmitir el espíritu del libro a la pantalla. Requiere un esfuerzo titánico y yo prefiero seguir a lo mío, que es el disfrutar como un enano de escribir en soledad.

 

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