“El amor es el motor de la vida de todos”

La escritora Lorena Camacho Manzanares debuta en la novela con ‘Once inviernos y medio', donde recrea su experiencia personal tras la pérdida de su primer amor

17 de Marzo de 2026
Actualizado a las 10:50h
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Lorena Camacho amor
La escritora Lorena Camacho

La joven escritora Lorena Camacho Manzanares, nacida en Palma de Mallorca, debuta en el mundo literario con Once inviernos y medio, una novela surgida de su propia experiencia a partir de la muerte de su primer amor. Se trata de una historia de supervivencia y sanación que no dejará indiferente a los lectores. No en vano Lorena asegura que escribe “para sanar, recordar y dar voz a lo que durante años no pudo decir en voz alta”.

¿Escribe para entenderse o para comprender el mundo?

Recuerdo que, de niña, con unos diez años, escribía en una libreta para intentar entender el mundo. La llenaba de preguntas. Me preguntaba por qué sentía rabia o tristeza, por qué algunas cosas dolían tanto y por qué la vida podía llegar a ser tan complicada. En aquel momento escribir era mi forma de poner orden a todo lo que no sabía explicar. Hoy escribo más para entenderme a mí misma. Siempre me ha costado hablar de lo que siento. Cuando intento explicarlo en voz alta, las palabras se me enredan y los nervios hablan más que mi propio corazón. En cambio, cuando escribo, todo encuentra su lugar. La escritura me permite escucharme con calma y decir cosas que quizá nunca sabría decir en una conversación. Escribir ha sido para mí un camino libre. Un espacio donde viajar hacia dentro y encajar cada parte de mí misma sin miedo a equivocarme. Un lugar donde no hay juicios, ni prisas, ni respuestas obligatorias. Solo estoy yo, mis pensamientos y los textos que nacen de ellos.

Once inviernos y medio es su historia. También es la historia de Luna. ¿Qué parte de su historia cuenta y qué hay de Luna en usted?

Luna es la niña de trece años que empieza contando esta historia. Nace del dolor, de las dudas y también de la rabia de no entender muchas cosas de su entorno. En realidad, Luna nace de mí. De lo que viví, de lo que sentí y de todo aquello que durante mucho tiempo no supe explicar con palabras. Ella se convirtió en la voz que me permitió contar mi propia historia. A través de Luna pude poner nombre a pensamientos y emociones que llevaba dentro desde hacía años. De alguna forma, es mi corazón hablando en voz alta. Luna también es mi parte más intensa. La que ama profundamente, la que siente nostalgia y la que guarda los recuerdos como si hubieran ocurrido ayer. Por eso su historia y la mía se entrelazan: porque muchas de las emociones que vive Luna siguen viviendo dentro de mí.

¿Le resultó complejo novelar sus vivencias?

Escribir mi historia ha sido, probablemente, el acto más valiente de mi vida. En Once inviernos y medio he plasmado todas mis vivencias: las más alegres y también las más traumáticas. Mientras escribía cada capítulo he llorado, he reído y, sobre todo, he recordado quién soy y de dónde vengo. Este proceso me permitió entender muchas cosas que de pequeña no comprendía. Mirar atrás con la mente adulta me ayudó a ordenar recuerdos, emociones y preguntas que durante años se quedaron sin respuesta. Creo que eso es lo que hace que la historia se sienta tan real. Convertir todo ese dolor en palabras, en una historia que ahora pueden leer otras personas, también me ha hecho tomar conciencia de la mujer en la que me he convertido. Aprendí a transformar las heridas en fuerza, y el dolor en un escudo que me hizo más fuerte psicológicamente.

¿Todo en este mundo va de amor, aunque nos enredamos en otras direcciones?

El amor es el motor de mi vida. Y me atrevería a decir que también lo es de la vida de todos. De una forma u otra, todos sentimos amor por alguien: por una pareja, por nuestros padres, por una hermana, por los amigos o incluso por esos peluditos que nos esperan en casa y que nos quieren sin condiciones. Pero el amor no siempre es como lo imaginamos. A veces no es correspondido, otras veces no llega de la manera que esperábamos. Hay amores que te dan libertad y te hacen crecer, y otros que, sin darte cuenta, te pueden anular. También de eso habla mi historia: de las distintas formas que puede tomar el amor. Aun así, sigo creyendo que todo en este mundo va, en el fondo, de amar. Amar a las personas, amar lo que hacemos, amar aquello que nos hace sentir vivos. Amar la escritura, amar la cocina, amar ayudar a los demás. Porque cuando hay amor, incluso en las cosas más pequeñas, todo tiene más sentido.

“Cuando intento explicarlo en voz alta, las palabras se me enredan y los nervios hablan más que mi propio corazón. En cambio, cuando escribo, todo encuentra su lugar”

¿Qué siente hoy la Lorena lectora cuando lee Once inviernos y medio en su propia voz?

Recuerdo perfectamente cuando recibí el primer ejemplar. Le dije a mi pareja: “No me interrumpas, que voy a leer mi historia como lectora”. Fue un momento muy especial. Es extraño tener tu propia historia entre las manos, verla convertida en un libro. Por momentos parecía que estuviera viviendo un sueño. Durante muchos años la idea de escribir estaba dentro de mí, creciendo poco a poco. Pero nunca pensé que realmente llegaría a hacerlo. Hasta que mi voz interior, Luna, empezó a pedírmelo con más fuerza. Sentía que necesitaba sacar todo lo que mi alma había guardado durante tanto tiempo. Hoy cuando leo mi propia historia, me siento muy real. Como si todo lo vivido hubiera encontrado por fin su lugar. También siento que hay un propósito detrás de este libro: poder ayudar a otras personas que estén pasando por situaciones parecidas. Mostrarles que, aunque el camino sea duro y a veces parezca imposible, siempre existe la posibilidad de elegir otro rumbo y salir adelante.

¿Por qué cree que los lectores conectan con una historia ajena?

Cuando escribes una historia con sentimiento y logras transmitirlo a través de las palabras, el lector lo percibe. Lo siento y, de alguna forma, lo hace suyo. A mí misma me ha pasado muchas veces como lectora con otros libros: aunque la historia no sea la mía, hay emociones que reconoces y que te atraviesan igual. Además, cuando sabes que una historia está basada en hechos reales, como ocurre en Once inviernos y medio, la conexión puede ser todavía mayor. Saber que alguien ha vivido realmente lo que está contando hace que todo tenga más peso y más verdad. Creo que la empatía es ese puente que nos conecta con historias ajenas. Pero también hay algo más: el tiempo que decides dedicar a leer, a acompañar al personaje en sus emociones, a pasar con él por sus momentos de luz y de oscuridad. Cuando un lector hace ese viaje, la historia deja de ser solo del autor y empieza a ser también un poco suya.

¿A usted le transforma leer la historia de otros? ¿Hay libros que le han cambiado la mirada?

Me encanta leer las historias de otras personas, sobre todo cuando están basadas en hechos reales. Creo que ese tipo de libros pueden cambiar tu manera de ver la vida y también la forma en la que tratas a las personas que quieres. Al final, todos tenemos un billete de vuelta, y muchas veces pasamos más tiempo corriendo de un sitio a otro que disfrutando realmente de quienes tenemos cerca. Uno de los primeros libros que me marcó profundamente fue Bajo la misma estrella, de John Green. Recuerdo que esa historia me marcó muchísimo. Los protagonistas ya estaban viviendo una realidad muy dura a causa de la enfermedad, pero encontrarse les dio una pequeña esperanza y una forma distinta de afrontar lo que estaban viviendo. Aun sabiendo que su historia podía tener un final triste, decidieron quererse, acompañarse y apoyarse. Y eso es algo que siempre se me quedó grabado: que incluso cuando el tiempo parece limitado, el amor sigue teniendo una fuerza enorme. Por eso sigo creyendo que el amor, en muchas formas, es una de las cosas más poderosas que existen.

¿Vendrán más historias?

Sí, de hecho, ya estoy escribiendo la segunda parte de Once inviernos y medio. En ella profundizo en cómo renacer tras un trauma, en cómo enfrentarnos a la realidad y atravesar las diferentes fases por las que pasa una persona que ha sufrido. Hablo de los errores que cometemos cuando dejamos que el dolor hable más que nosotros mismos, y cómo puede llegar a controlarnos. Pero también es un libro sobre fuerza y elección. Sobre aprender a elegirse a una misma, a afrontar los miedos y las batallas internas que todos llevamos dentro, y a recuperar el control de nuestra vida. Es un viaje de resiliencia, de crecimiento y de amor propio, contado con la misma honestidad que la primera parte.

Imagine una persona en caída libre, no encuentra a qué sujetarse. ¿Qué fragmento de su novela le diría?

Le diría esta parte que se encuentra al final del libro: “Cuando alguien a quién amas se va, algo muere contigo. Pero también nace algo: una fuerza que no sabías que tenías. Una resistencia que te obliga a crecer. Una luz que, aunque duela, te empuja a seguir avanzando. Esta herida te acompañará siempre, sí. Pero no te destruirá si aprendes a mirarla con amor, a pedir ayuda, a dejar que otros te sostengan. El duelo no es una tumba: es un puente. Y al cruzarlo, descubres que eres capaz de transformar la rabia, la tristeza y el vacío en algo grande, valioso y luminoso. En algo tan fuerte como tú”. Lo más importante, bajo mi experiencia, es pedir ayuda. Quien te quiere, te cuida.

 

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