Alejandro M. Gallo: "Antes los grandes magnates se ocultaban, hoy han ganado por goleada y se exhiben públicamente como héroes"

El escritor publica 'Vallekas 2084', una novela distópica que alerta sobre el poder de las nuevas corporaciones tecnológicas

10 de Febrero de 2026
Actualizado a la 13:58h
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Alejandro M. Gallo en la ciudad norteamericana de Las Vegas
Alejandro M. Gallo en la ciudad norteamericana de Las Vegas 

El escritor Alejandro M. Gallo (León, 1962) vuelve a las librerías con una novela distópica sobre multinacionales que gobiernan el mundo, pandemias, desastres clmáticos, experimentos con humanos y otras historias aterradoras. Todo ese futuro apocalíptico, en fin, que se materializa cada día un poco más ante nuestros ojos atónitos. El mundo tenebroso que dibuja Gallo, en un nostálgico homenaje a las novelas de anticipación de Orwell, Huxley, Philip K. Dick y otros maestros de la ciencia ficción, se desarrolla en 2084, donde una gran corporación (trasunto de la red social de Elon Musk) ya lo controla todo por encima de los gobiernos y las democracias. En ese escenario siniestro, un pueblo bravo y duro como Vallecas es capaz de resistir al contagio cultural inspirado por el nuevo fascismo y a otros tipos de contagios provocados por virus de laboratorio y experimentaciones con humanos. La novela, escrita en clave de parodia y humor, es un carrusel de filosofía, historia, literatura y acción que no se detiene desde la primera línea hasta la última.

En la novela plantea un mundo distópico donde una gran multinacional, Coumenn Corporation, domina el mundo en una nueva era: New Reality. Pero miras los periódicos y eso ya está pasando con Elon Musk. La autoprofecía cumplida…

En ningún momento he querido navegar por especulaciones sin sentido. Vallekas 2084 está construida sobre la posibilidad de que las actuales tendencias sociales, económicas, tecnológicas y políticas se cumplan. Philip K. Dick en La transmigración de Timothy Arche escribió: si se puede poner en circulación suficiente desinformación, se puede abolir el contacto con la realidad de todo el mundo, y probablemente también la propia. O Hannah Arendt en La verdad y mentira en política: mentir constantemente no tiene como objetivo hacer que la gente crea una mentira sino garantizar que ya nadie crea en nada. En ese momento, con gente que no cree en nada y sin contacto con la realidad, el poder puede hacer lo que quiera con ellos, sobre todo construir su identidad. Hay un estudio sobre esto de la Universidad Técnica de Dinamarca que pone los pelos de punta.

Y en ese contexto, una dictadura cibercapitalista que deshumaniza a la gente, centra la historia en Vallecas estado independiente, la última aldea de heroicos resistentes capaces de plantar cara al imperio, en plan Astérix… ¿Por qué Vallecas?

Donna Leon centra todas sus novelas en Venecia, James Ellroy en Los Ángeles, Andrea Camilleri y Leonardo Sciascia en Sicilia, Padura en La Habana… Al final eliges escenarios que conozcas muy bien, para no perder el tiempo en documentarte.

Describe minuciosamente el paisaje y paisanaje vallecano. Bares como el Rincón de Madrid, sus calles, sus plazas, esculturas, se respira una cierta nostalgia de algo que ya no es…

Vallecas ha sido un barrio con una gran identidad y un orgullo de pertenencia. Lo sé porque viví en él, aunque fuera poco tiempo, pero siempre regreso. En más de una vez, lo he comparado con el orgullo de pertenencia a una Cuenca Minera, con una solidaridad minera, proletaria, comparable a la llamada solidaridad siciliana. A lo que unimos un movimiento vecinal organizado y muy ejemplar, con emisora de radio, televisión, periódicos... A lo largo de los años se ha ido formando un todo social muy compacto.

La novela se puede leer como un homenaje en clave paródica a las grandes historias y relatos de anticipación que nos advirtieron de que el nuevo nazismo vendría de la mano de la tecnología… De hecho, 2084 remite a 1984, la novela de Orwell.

Hoy es prácticamente imposible escribir una distopía sin remitirnos a 1984 de George Orwell, Un mundo feliz de Aldous Huxley o a Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. Son referentes y con el mérito de ser los clásicos. La verdadera diferencia con la realidad a día de hoy es que en esas distopías el poder era opresor, controlador, ajeno a la voluntad del ciudadano medio. Hoy es muy distinto. Pongo un ejemplo: un alto porcentaje de gente tiene en su DNI un domicilio en el que ya no habita y no tiene intenciones de actualizarlo. Sin embargo, actualiza de inmediato su domicilio si es para el banco, la multinacional que le facilita la telefonía, el internet, la tarjeta de un gran centro comercial… Es decir, hoy le negamos la información al Estado que es quien nos ha de defender y la cedemos inmediatamente a las grandes corporaciones y la exponemos en público en las redes sociales. La diferencia está ahí: la voluntad del ciudadano en la cesión o en ser dirigido.   

Al protagonista de su historia, el inspector Da Costa, le toca la difícil misión de liderar a la resistencia y salvar al mundo de la opresión de las tecnooligarquías. Sin embargo, ya no quedan líderes revolucionarios como Da Costa en la izquierda internacional…

Desde la gran derrota del movimiento obrero estamos viendo y sufriendo eso. Un Tony Blair, líder durante años del laborismo inglés, trabajando con Trump es un ejemplo de ello. En aquellos tiempos, los grandes magnates se ocultaban. No querían ser el centro de las iras de los descamisados. Hoy es distinto, han ganado por goleada y se exhiben públicamente como héroes. Lo dijo muy claro el multimillonario Warren Buffett: la lucha de clases existe, y la estamos ganando nosotros.

El viejo mundo se desplomó con la pandemia, la nueva realidad era esto, el retorno de tipos feudales como Trump que imponen su ley y destruyen la democracia.

Hoy, con la estrepitosa derrota del movimiento obrero y la caída del muro de Berlín, solo existe un sistema económico hegemónico: el capitalismo transmutado en cibercapitalismo. Hasta algunos países hispanoamericanos que se autodenominan del pueblo, en los que Gianni Vattimo creyó ver un comunismo hermenéutico o populismo progresista para la renovación mundial, en realidad son estados capitalistas con retórica populista. Un ejemplo extremo lo tenemos en Transnistria, que está gobernado por los magnates de una gran empresa (Sheriff) que abarca todos los órdenes (supermercados, gasolineras, casas de cambio, agencias…) y hasta tiene un equipo de futbol (Sheriff Tiraspol) y un partido político que gobierna (Renovación), pero su retórica y estética es soviética cien por cien. De esa forma, en la actualidad solo existen dos modelos: la globalización del capital que libera mercancías y fronteras en el mundo y la que representa Trump, alzar muros y fronteras ante el comercio de mercancías y la movilidad de los seres humanos. Hace años, el gran arquitecto y geógrafo George Hazeldon vaticinaba que las ciudades del futuro serían como Le Mont-de-Saint-Michel. Es decir, con muros altos y regreso a la Edad Media.

En el libro habla de experimentos con humanos que acaban en virus mortales como el covid y vacunas en manos de las élites y poderosos mientras los pobres mueren contagiados. Eso también está ocurriendo en la actualidad…

El mundo de mi novela, Vallekas 2084, como en el actual, está dominado por las tecnoélites que tienen el poder, el control y son multimillonarios, con dinero para vivir muchas vidas de lujo. Ante esto solo les queda alargar la vida o la vida eterna. Hace días, Putin y Xi Jinping bromeaban sin esconderse de cómo ser inmortales. El multimillonario Bryan Johnson invierte en el Proyecto Blueprint para revertir su envejecimiento biológico, donde incluso se experimenta con el plasma de su hijo, con el objetivo de alcanzar los doscientos años. Jeff Bezos y Elon Musk financian tecnologías y empresas enfocadas en extender radicalmente la vida humana y explorar la inmortalidad. Larry Page, Sergey Brin y Larry Ellison han invertido en investigación del envejecimiento y longevidad, buscando detener o revertir el proceso de envejecimiento biológico. Evidentemente esos experimentos no son para beneficio de la humanidad en su conjunto, solo son para ellos. El problema es cuando se realizan en seres humanos, cosa que ya lo hicieron en el Tercer Reich.

Toca el tema del cambio climático que genera pobreza y desigualdad. Los polos se derriten, inundaciones, incendios devastadores. Esa batalla también la hemos perdido…

Se ha perdido desde el momento que se imponen multas por contaminar. No importa que contamines, si pagas el canon. El cibercapitalismo subsume todo, y el ecologismo está absolutamente ya integrado en él y se le utiliza. Recuerdo hace tiempo una campaña de los supermercados que informaban que ya no regalaban bolsas de plástico para preservar el medio ambiente. Era la excusa perfecta para pasar a cobrarlas.

El nuevo poder intoxica a la gente con sus bulos en las redes sociales. ¿Qué opina sobre ese asunto, le parece urgente regular plataformas como X, Facebook, Telegram o TikTok, tal como pretende el Gobierno español?

Me remito a la contestación de la primera pregunta y añado: a las redes sociales les ocurre como a cualquier mercancía peligrosa, ha de estar muy regulada y bajo control social.

En el libro, que está plagado de reflexiones filosóficas, aborda los peligros de la desinformación y de la manipulación de las palabras. Ya estamos ahí, están creado una neolengua para dominarnos…

Eso lo saben muy bien las sectas. Es la época de los charlatanes, de los embaucadores que adaptan los discursos y la retórica política a los receptores. Es el lenguaje de las creencias, de las opiniones, donde toda la retórica sebe sonar bonita, ordenada, a Power Point. Donde se construye una cosmovisión y te crean una identidad artificial después de que te han eliminado tu toma a tierra y te hacen flotar en su mundo. Lo vemos en las religiones y nacionalismos, los mayores generadores de guerras de la historia de la humanidad. Y el lenguaje es una mitad, la otra mitad es la actuación, el espectáculo, el don para lo dramático, la carga emocional. Lo estamos viendo con Trump y en todos los populismos low cost de los dos extremos políticos.

Para formar su pequeño ejército, Da Costa se rodea de jóvenes que aún tienen valor para rebelarse contra la tiranía y luchar. Sin embargo, los jóvenes de hoy se alistan en las filas de Vox. Se han vuelto los primeros colaboracionistas del nuevo régimen que se avecina. ¿Por qué?

Tal vez la respuesta a su pregunta sea la misma que a esta: ¿Las organizaciones que capitanearon la indignación social de hace años en el 15-M lo hicieron honestamente o pasarán a la historia como alguien que solo se preocupó de mejorar su status social o personal? Tal vez los jóvenes de ahora los perciben como vendidos ―o fuera de la realidad, que es peor― y van a buscar soluciones en otros lugares del espectro político. Deberíamos reflexionar sobre eso. Hace muchos años, las organizaciones de izquierdas, cuando algo no les salía bien y erraban en sus análisis, solían realizar autocrítica. Hoy, ni autocritica ni nada, inmediatamente la culpa es del otro.

En las ciudades Utopía del nuevo poder describe gente vestida con trajes amarillos a lunares rojos que llevan “chimpancés vestidos de marineritos” como mascotas. Un futuro aterrador…

Supongo que recordará en la crisis de las hipotecas subprime del 2009, cuando le preguntaron a Paris Hilton qué recomendaba ante esa situación. Y contestó: los tonos claros. Es evidente que el caldo de cultivo de todo lo que estamos hablando es la minoría de edad, una población muy infantilizada, con pocas experiencias vitales y muy asentada en la comodidad del primer mundo. A mí me hace mucha gracia cuando se le recomienda a alguien que debe salir de su zona de confort. No nos damos cuenta que eso solo es posible en un mundo de plena seguridad y opulencia, como el que vivimos. Eso no se le puede recomendar a alguien que viva en un país del tercer mundo o en un estado fallido. O en un país como México, el más peligroso del mundo, donde solo en el sexenio de López Obrador se cometieron 188.987 asesinatos perpetrados por los carteles, el triple de los muertos en Gaza. ¿Dónde está ahí la zona de confort de un ser humano?

Rebelarnos o asistir impasibles al derrumbamiento de la democracia y de la civilización. Esa es la disyuntiva…

La defensa de la democracia es la verdadera solución. El resto no es solución.

Nueva Realidad versus Viejo Mundo, ¿cualquier tiempo pasado fue mejor?

No, pero es necesario que el ser humano sea el conductor de su propio destino o seres meros títeres.

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