La mayor contribución fiscal del Ibex reabre el debate sobre quién sostiene el Estado

Las grandes cotizadas elevaron un 12 % los impuestos soportados en 2025 y alcanzaron una contribución tributaria récord

27 de Julio de 2026
Actualizado a la 13:52h
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Bolsa de Madrid en una imagen de archivo
Bolsa de Madrid en una imagen de archivo

La relación entre crecimiento económico y presión fiscal ocupa desde hace años un lugar central en el debate político español. Cada modificación tributaria dirigida a las grandes empresas suele ir acompañada de advertencias sobre una supuesta pérdida de competitividad, un deterioro de la inversión o un riesgo para el empleo. Sin embargo, los datos conocidos sobre la contribución tributaria del Ibex 35 durante 2025 dibujan un escenario bastante distinto. Las compañías que integran el principal índice bursátil español incrementaron un 12 % los impuestos soportados respecto al ejercicio anterior y elevaron su contribución tributaria total hasta los 63.843 millones de euros, el nivel más alto de toda la serie histórica elaborada por PwC.

El aumento responde, en buena medida, al crecimiento de los beneficios empresariales, pero también a la entrada en vigor de nuevas figuras tributarias y al incremento de las cotizaciones sociales derivado de la creación de empleo y del aumento de los salarios. Solo los impuestos sobre beneficios ascendieron a 7.877 millones de euros, convirtiéndose por primera vez en la principal carga fiscal soportada por estas compañías y representando el 35 % del total. Según el informe, por cada 100 euros de beneficio antes de impuestos, las empresas del Ibex soportan ahora 45 euros en tributos, frente a los 39 euros registrados un año antes.

Conviene interpretar estas cifras con prudencia. Una mayor recaudación no implica, por sí misma, que el sistema tributario sea perfecto ni que desaparezcan los desafíos relacionados con la competencia fiscal internacional o con la planificación tributaria de las grandes multinacionales. Tampoco significa que toda la contribución fiscal atribuida al Ibex corresponda exclusivamente a impuestos que recaen directamente sobre las empresas, ya que la metodología de contribución tributaria total incorpora también tributos recaudados por cuenta de terceros, como determinadas retenciones o impuestos indirectos. Esa distinción resulta relevante para comprender correctamente el alcance de los datos.

Aun así, la evolución de los impuestos soportados, aquellos que constituyen un coste efectivo para las compañías, aporta una conclusión difícil de ignorar. Las grandes empresas españolas han incrementado su aportación fiscal en un ejercicio que también ha estado marcado por elevados beneficios en numerosos sectores y por un crecimiento económico superior al de la mayoría de las economías de la zona euro. Lejos de materializarse el escenario de desplome económico que con frecuencia acompaña al debate sobre la fiscalidad empresarial, la economía española ha mantenido un comportamiento notablemente sólido.

Ese dato introduce un elemento de equilibrio en una discusión pública demasiado acostumbrada a los planteamientos absolutos. Existe una corriente que identifica cualquier incremento de la tributación empresarial con un castigo a la actividad económica. Otra sostiene que basta con elevar los impuestos para resolver los problemas de financiación de los servicios públicos. La realidad acostumbra a situarse en un terreno mucho más complejo, donde el crecimiento económico, la rentabilidad empresarial y la capacidad recaudatoria pueden evolucionar simultáneamente cuando concurren determinadas condiciones.

El verdadero debate quizá no resida únicamente en cuánto pagan las grandes empresas, sino en cómo se distribuye el esfuerzo fiscal y qué modelo de Estado se pretende sostener con esos recursos. La sanidad, la educación, las pensiones, la dependencia o la inversión en infraestructuras requieren una financiación estable que difícilmente puede descansar de manera exclusiva sobre las rentas del trabajo o el consumo. En ese contexto, la contribución de las grandes corporaciones adquiere una dimensión que trasciende la contabilidad empresarial para situarse en el corazón del contrato social.

Los datos difundidos este año no cierran esa discusión. Sí obligan, al menos, a introducir un matiz importante. Una mayor contribución fiscal de las grandes compañías no ha impedido que muchas de ellas continúen obteniendo beneficios elevados ni que la economía española mantenga un ritmo de crecimiento superior al de buena parte de sus socios europeos. Frente a los discursos que presentan la fiscalidad como un obstáculo insalvable para la prosperidad, la experiencia reciente demuestra que un sistema tributario más exigente puede convivir con empresas rentables y con una economía dinámica, siempre que exista seguridad jurídica, estabilidad regulatoria y un marco económico capaz de generar actividad y empleo.

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