La incertidumbre global obliga a las empresas españolas a rediseñar sus planes de negocio

El 44% de los directivos revisa sus estrategias ante el nuevo escenario geopolítico mientras la patronal reclama estabilidad regulatoria y menos trabas administrativas

17 de Marzo de 2026
Actualizado a las 12:53h
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La incertidumbre global obliga a las empresas españolas a rediseñar sus planes de negocio
Foto: FreePik

La creciente tensión internacional está empezando a trasladarse a las decisiones empresariales. Casi la mitad de los empresarios españoles ya ha comenzado a rediseñar sus planes de crecimiento o estudia hacerlo ante un entorno geopolítico cada vez más volátil. El diagnóstico aparece en el informe anual elaborado por KPMG junto a la CEOE, que recoge la percepción de más de mil directivos sobre los riesgos económicos y políticos que afrontan las empresas en 2026.

La economía global atraviesa un momento de incertidumbre que se filtra rápidamente en los despachos de las empresas. El 44% de los empresarios españoles afirma que ya está revisando sus planes de negocio para adaptarse al nuevo contexto internacional. Un tercio de ellos asegura haber diseñado ya una estrategia alternativa de crecimiento, mientras que otro diez por ciento prevé hacerlo en breve.

El dato refleja hasta qué punto las tensiones geopolíticas han dejado de ser una cuestión distante para convertirse en una variable empresarial más. Las guerras comerciales, los conflictos armados o las disputas por el control de las cadenas de suministro influyen directamente en la planificación económica.

El capitalismo contemporáneo vive de la previsión, pero también de la adaptación constante.

Un mercado cada vez más expuesto

El informe apunta a que las áreas más sensibles al nuevo escenario son aquellas vinculadas a la internacionalización. La expansión hacia nuevos mercados, las inversiones en el exterior o los proyectos tecnológicos que dependen de complejas cadenas de suministro se encuentran entre los ámbitos más afectados por el cambio de estrategia.

La dependencia de recursos procedentes de terceros países ha dejado de ser un problema teórico. La pandemia primero y los conflictos internacionales después han demostrado hasta qué punto las economías occidentales dependen de redes productivas que atraviesan medio planeta. Cuando esas redes se tensan, las empresas reaccionan. Una parte del empresariado europeo observa con preocupación lo que considera una pérdida de competitividad frente a otras regiones del mundo. Según el informe, el 41% de los directivos sitúa ese riesgo entre las principales amenazas para el negocio, junto al encarecimiento de materias primas estratégicas.

Detrás de ese diagnóstico aparece una inquietud que recorre buena parte del tejido empresarial europeo. La economía global se ha vuelto más incierta y menos previsible.

En ese contexto, las organizaciones empresariales insisten en una demanda recurrente. Reclaman estabilidad normativa y menor burocracia para facilitar la inversión. El 62% de los directivos consultados considera prioritario contar con un marco regulatorio estable que permita planificar con mayor seguridad.

Es una reivindicación habitual del mundo empresarial, aunque también conviene recordar que muchas de las reglas que hoy se cuestionan surgieron precisamente para equilibrar mercados y proteger derechos laborales o sociales. El debate entre regulación y libertad económica forma parte de la historia del capitalismo moderno.

Optimismo desigual

A pesar del clima de incertidumbre, el informe recoge un cierto optimismo entre los directivos. Casi la mitad espera que su negocio mejore en los próximos doce meses y tres de cada cuatro prevén aumentar sus ventas durante el año.

El optimismo no se reparte por igual entre sectores. Las empresas vinculadas a la industria aeroespacial y de defensa son las que muestran perspectivas más positivas. Ocho de cada diez directivos de ese ámbito confían en mejorar sus resultados. El dato resulta significativo. Las tensiones geopolíticas generan incertidumbre económica, pero también abren oportunidades para determinados sectores industriales. En el lado opuesto aparecen industrias más expuestas a la volatilidad de los precios energéticos o de las materias primas, como la automoción o la industria química.

El informe también refleja una tendencia clara en materia de inversión. La inteligencia artificial se ha convertido en uno de los principales focos de gasto empresarial. Casi el ochenta por ciento de los directivos considera que esta tecnología será clave para mejorar la eficiencia operativa y automatizar procesos. La transformación digital sigue avanzando, aunque no sin resistencias internas. La mitad de los encuestados reconoce que las propias estructuras de las organizaciones y la dificultad para adaptar habilidades profesionales suponen un freno en ese proceso. Las empresas cambian más despacio de lo que a veces sugieren los discursos tecnológicos.

El panorama que describe el informe es, en definitiva, el de una economía que intenta adaptarse a un mundo más inestable. Las empresas revisan sus estrategias, diversifican riesgos y buscan nuevas áreas de crecimiento.

El capitalismo contemporáneo se mueve con rapidez cuando percibe amenazas. Pero esa capacidad de adaptación convive con un entorno global cada vez más frágil, donde los conflictos políticos y las tensiones internacionales se han convertido en factores estructurales del propio funcionamiento económico.

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