El viejo mundo se ha derrumbado en apenas un mes. Y de la pandemia naceráun nuevo orden mundial (no solopolítico, sino también económico) que traerá consecuencias inquietantes.Grandes empresas y multinacionales que hasta hoy dominaban el planeta yformaban parte de las vidas de los habitantes de los cinco continentes quedaránborradas del mapa de un plumazo. Desaparecerán “como lágrimas en la lluvia”,tal como dijo aquel personaje de Blade Runner, la distopíacinematográfica de Ridley Scottbasada en un cuento de Philip K. Dickque curiosamente trata, entre otras cuestiones, el premonitorio asunto del inmensopoder que en el futuro acumularán las grandes corporaciones privadas.
Probablemente habrá que esperar aque el planeta se recupere de la pandemia para ver en todo su esplendor a losnuevos dueños y señores de las economías mundiales. Pero ya vamos atisbando aalgunos candidatos. Las acciones de monstruos como Amazon y Walmart, losdos gigantes estadounidenses del comercio minorista online, han alcanzado enmedio de la plaga máximos históricos en WallStreet. En el caso de la compañía fundada por Jeff Bezos, el precio de las acciones ha llegado a alcanzar los2.264 dólares por título, más de un 4 por ciento por encima del cierre del día anteriory 35 puntos más que el mínimo anual de 1.676 dólares registrado el pasado 12 demarzo. Le va tan bien la vida a esta gran multinacional del comercio digitalque ya ha anunciado su intención de contratar a 100.000 nuevos trabajadores en Estados Unidos y Europa (1.500 solo en España).Hasta tal punto ve buenas expectativas de negocio en medio del apocalipsis, queAmazon ha hecho un llamamiento a “todos los trabajadores de hostelería, de restaurantesy agencias de viajes que temporalmente han perdido sus empleos por laparalización de la actividad para que entren a formar parte de su compañía”.Venid hijos míos, papá Amazon os acogerá en su seno.
Entre los agraciados por la pedreaepidémica están también algunas compañías farmacéuticas. Una de ellas es PharmaMar, que en los últimos días se hadisparado en Bolsa después deanunciar que uno de sus antitumorales puede funcionar como antídoto contra elcoronavirus. Pero hay más empresas tocadas por la varita mágica de los diosesdel dinero, a pesar de la tragedia mundial que estamos padeciendo. Operadorescomo Glovo, Deliveroo o Uber Eatsestán viendo estos días cómo los pedidos se disparan, aunque no facilitancifras exactas. Otras firmas florecientes con un horizonte prometedor tienenque ver con industrias médicas, farmacéuticas, empresas informáticas y decomunicación como Inovio; Moderna;Novavax; Regeneron Pharmaceuticals; Top Glove; K12; Zoom Video; Teladoc;Netflix; y YouTube. Quizá el futurosea también de ellas.
Entre los elegidos están, sin duda,el banco de gestión Blackstone Group (queacaba de cerrar la mayor compra de activos de Europa) y BlackRock, el gigante estadounidense considerado como la mayorempresa de inversión de activos del mundo, con un patrimonio de más de 7billones de dólares, según datos de la propia compañía. Larry Fink, presidente y consejero delegado de este Leviatán que amenaza con engullir eluniverso entero de las finanzas mundiales, está exultante. “El mundo superaráesta crisis. La economía se recuperará. Y para aquellos inversores que notienen los ojos puestos en el suelo tembloroso de nuestros pies, sino en elhorizonte que tenemos delante, hay tremendas oportunidades en el mercado actual”.Una profecía económica que pone los pelos de punta, no solo porque Fink escapaz de ver beneficios y dólares donde el resto de los mortales solo ve dolory muerte, sino porque prestigiosos economistas como el español Santiago Niño Becerra llevan añosalertando sobre el auge de monstruos como BlackRock. Este experto (casi unfuturólogo de la economía) augura que en un futuro no muy lejano asistiremos alinmenso poder que acumularán las grandes corporaciones, una hegemonía que terminarápor liquidar la soberanía de los Estadosnacionales. Quizá ya no estemos tan lejos de que se haga realidad laprofecía, ya que cada vez con mayor frecuencia asistimos a noticias sobregrandes multinacionales que sustituyen el papel de las naciones.
“Esto abre la puerta a unadimensión absolutamente desconocida. Por un lado empresas que no son bancosprestando servicios bancarios y al mismo tiempo empresas gigantescas que cadavez se concentran más. La gran acumulación de capital dará lugar a monstruosempresariales cada vez más grandes y presentes en 150 países y ello, comocontrapartida, dará lugar a una caída del poder legislativo y ejecutivo de losEstados”, explica Niño Becerra. “A ver qué Gobierno se atreve a toserle a estascorporaciones. De hecho, la última reforma fiscal de Estados Unidos fue pensadapara que las grandes empresas repatriaran una inmensa cantidad de liquidez queese país necesitaba. Se ha llegado hasta ese punto”, alega.
¿Gobiernos legislando a la carta según los deseos de monstruos financieros? Las implicaciones del nuevo orden económico mundial que saldrá de la pandemia no están del todo claras pero apuntan hacia un escenario más bien sórdido nada propicio para el Estado de Bienestar. Inmensas corporaciones marcando las políticas de los países (incluso sustituyendo la iniciativa pública por la inversión privada), concentración monopolística, acumulación de riquezas en manos de unos pocos, precarización del trabajo (enormes cantidades de obreros explotados por imposición de las compañías) y aumento brutal de la brecha social y por consiguiente de la desigualdad entre las personas y las clases sociales.
En definitiva, podría hacerse realidad aquella otra fabulosa distopía que planteaba Metrópolis, la mítica película de Fritz Lang que plantea cómo sería la vida en una ciudad del siglo XXI donde los trabajadores infelices y famélicos viven como hormigas esclavizadas en un gueto subterráneo donde no llega la luz del sol y bajo la prohibición de salir al mundo exterior. Mientras tanto, los ricos y poderosos disfrutan de los placeres y deleites de la vida en la superficie. Y llegados a ese punto solo cabe preguntarse si esas clases obreras súper explotadas del oscuro futuro que está por llegar serán capaces de rebelarse algún día contra sus amos para imponer la justicia social y sentimientos como la fraternidad, la justicia social y el amor.
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