España crece un 2,8%, el doble que Europa y desafía la desaceleración global

El PIB avanza  en 2025 impulsado por hogares e inversión, con sombras en el comercio exterior y dudas por el contexto internacional

26 de Marzo de 2026
Actualizado a la 13:28h
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España crece un 2,8%, el doble que Europa y desafía la desaceleración global

La economía española ha vuelto a marcar distancias con sus principales socios europeos. Los últimos datos confirmados por el Instituto Nacional de Estadística certifican que el Producto Interior Bruto (PIB) creció un 2,8% en 2025, una cifra que prácticamente duplica el ritmo de expansión de la zona euro y consolida a España como una de las economías avanzadas más dinámicas del momento.

Aunque el crecimiento es inferior al registrado en 2024, cuando se alcanzó el 3,5%, el balance sigue siendo notable en un contexto internacional marcado por la incertidumbre y la ralentización de las grandes economías europeas. Alemania, Francia o Italia han mostrado síntomas de estancamiento, mientras España mantiene una trayectoria claramente expansiva.

Producto interior bruto Volumen encadenado. Tasas de variación intertrimestral (%)
Producto interior bruto Volumen encadenado. Tasas de variación intertrimestral (%)

El motor principal de este crecimiento ha sido la demanda interna. El consumo de los hogares, que avanzó un 3,3% en el conjunto del año, se ha consolidado como la gran palanca económica. Este impulso no es casual: la creación de empleo —con cerca de medio millón de nuevos puestos de trabajo— ha permitido sostener el gasto de las familias incluso en un entorno de inflación todavía presente.

A este dinamismo se suma la inversión, que también ha desempeñado un papel clave. Destaca especialmente el comportamiento de la inversión en bienes de equipo, que creció más de un 7%, y el avance de la construcción, que superó el 5%. Este último dato cobra especial relevancia en plena crisis de acceso a la vivienda, donde el aumento de licencias y proyectos refleja una reactivación del sector.

El cierre del año fue especialmente intenso. En el cuarto trimestre, el PIB avanzó un 0,8%, el mejor registro del ejercicio. Este repunte estuvo impulsado casi en su totalidad por la demanda nacional, que aportó nueve décimas al crecimiento trimestral, compensando el efecto negativo del sector exterior.

Producto interior bruto Volumen encadenado. Tasas de variación interanual (%)
Producto interior bruto Volumen encadenado. Tasas de variación interanual (%)

Y es precisamente ahí donde aparecen las principales debilidades del modelo actual. El comercio exterior ha restado crecimiento a lo largo de 2025. Las exportaciones han mostrado un comportamiento más moderado, mientras que las importaciones han aumentado con mayor intensidad, ampliando el déficit comercial.

Este fenómeno tiene varias explicaciones. Por un lado, el contexto de tensiones comerciales internacionales, especialmente tras las políticas arancelarias impulsadas por Donald Trump, ha alterado los flujos globales de mercancías. España ha absorbido parte de las exportaciones asiáticas que antes se dirigían a Estados Unidos, lo que ha incrementado las importaciones.

Por otro lado, la economía española sigue dependiendo en gran medida de la energía exterior. Aunque el avance de las energías renovables ha permitido moderar el impacto en el precio de la electricidad, el encarecimiento del petróleo continúa siendo un factor de riesgo.

A pesar de estas sombras, también hay señales de transformación estructural. Las exportaciones de servicios no turísticos crecieron más de un 11%, consolidando sectores como la tecnología, la consultoría o la ingeniería como nuevos pilares del crecimiento. Esta diversificación reduce progresivamente la dependencia del turismo y refuerza la competitividad del tejido productivo.

El mercado laboral también ha ofrecido datos positivos. La tasa de paro descendió por debajo del 10% por primera vez en casi dos décadas, lo que supone un cambio significativo en la estructura económica del país. A ello se suma una mejora de la productividad por hora trabajada, que aumentó un 0,7%.

Sin embargo, el horizonte para 2026 no está exento de incertidumbres. El arrastre estadístico deja un crecimiento inicial del 1,1%, lo que proporciona una base sólida para el nuevo ejercicio. Pero factores externos, como el encarecimiento de la energía o los conflictos geopolíticos, podrían alterar las previsiones.

Producto interior bruto Volumen encadenado. Tasas de variación interanual (%)
Producto interior bruto Volumen encadenado. Tasas de variación interanual (%)

En particular, la inestabilidad en Oriente Medio y su impacto en los mercados energéticos plantea un escenario complejo para toda Europa. Aunque España cuenta con cierta ventaja por su mix energético más diversificado, no es ajena a las tensiones internacionales.

En este contexto, el reto será mantener el equilibrio entre el impulso de la demanda interna y la corrección de los desequilibrios exteriores. La economía española ha demostrado una notable capacidad de resistencia y adaptación en los últimos años, pero el escenario global exige prudencia.

El crecimiento sigue ahí, pero también las preguntas: cuánto durará este ritmo, qué papel jugarán los factores externos y si el modelo actual será capaz de sostenerse sin generar nuevas vulnerabilidades. España avanza, sí, pero lo hace en un terreno cada vez más incierto.

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