La economía española volvió a crecer durante el primer trimestre de 2026, aunque lo hizo a un ritmo algo más moderado que en los últimos meses. El Producto Interior Bruto (PIB) avanzó un 0,6% entre enero y marzo, dos décimas menos que en el trimestre anterior, según los datos definitivos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE).
España encadena así 23 trimestres consecutivos de crecimiento, una evolución que sigue situando a la economía nacional entre las más dinámicas de la eurozona, apoyada principalmente en la fortaleza de la demanda interna.
El consumo de las familias volvió a desempeñar un papel esencial, con un incremento del 0,6%. Aunque el avance resulta algo más contenido que en el trimestre anterior, continúa reflejando la resistencia del mercado laboral y la capacidad de gasto de los hogares pese al aumento de la incertidumbre internacional y al encarecimiento de la energía derivado del conflicto en Oriente Próximo.
La inversión también perdió algo de impulso. Creció un 0,4%, el dato más moderado desde finales de 2024, una señal de prudencia por parte de empresas y agentes económicos ante un escenario internacional más complejo y unos costes financieros que siguen siendo elevados.
La demanda nacional aportó cinco décimas del crecimiento total, consolidándose como el gran soporte de la actividad económica. El sector exterior contribuyó únicamente con una décima, en un trimestre marcado por la caída tanto de las exportaciones como de las importaciones.
Por sectores, la construcción mantuvo un comportamiento especialmente sólido en comparación con hace un año, con un crecimiento interanual del 6,3%, un indicador que refleja el dinamismo de la actividad vinculada a la vivienda y a la obra civil. También los servicios continuaron mostrando una evolución positiva, confirmando el peso que mantienen en la economía española.
Otro dato relevante es el comportamiento del empleo. Los puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo aumentaron un 2,8% respecto al mismo periodo del año anterior, prolongando una tendencia de creación de empleo que se mantiene prácticamente ininterrumpida desde la recuperación posterior a la pandemia.
En términos interanuales, el PIB aceleró incluso su crecimiento hasta el 2,7%, impulsado casi exclusivamente por la demanda interna. Este comportamiento confirma que el consumo y la inversión siguen sosteniendo la actividad económica en un momento especialmente delicado para el contexto internacional.
Los datos conocidos esta semana muestran una economía que continúa creciendo con solidez, aunque también evidencian que el escenario exterior empieza a dejar huella sobre algunos indicadores. La evolución de los precios energéticos, la política monetaria europea y la estabilidad geopolítica seguirán condicionando el comportamiento de la economía durante los próximos meses.