Banco Santander, en manos de Trump

La entidad presidida por Ana Botín tendrá que lidiar con el proteccionismo de la secta MAGA para lograr la aprobación de la absorción de Webster Bank

11 de Febrero de 2026
Actualizado a las 14:13h
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Santander Botin Trump

La expansión del Banco Santander en Estados Unidos ha dejado de ser una simple operación de balances para convertirse en un termómetro del nuevo orden económico. La ambición de Ana Botín de absorber Webster Bank no solo afronta los rigores técnicos de los reguladores, se encamina hacia un choque frontal con la doctrina del "America First" que sostiene a Donald Trump y a la secta MAGA. En la Casa Blanca de 2026, donde el pragmatismo desregulador convive con un proteccionismo visceral, el visto bueno a una entidad extranjera es cualquier cosa menos un trámite garantizado.

Aunque el mercado descuenta la solidez de la oferta, el éxito de la transacción depende de dos piezas maestras en el engranaje de la Administración Trump. Por un lado, la Office of the Comptroller of the Currency (OCC), el supervisor de la banca federal bajo la tutela del Departamento del Tesoro dirigido por Scott Bessent. Por otro, la división antimonopolio del Departamento de Justicia, ahora bajo el mando de la leal Pamela Bondi.

Estos organismos no operan en el vacío. Si bien la agenda de Donald Trump favorece históricamente la concentración y la libertad de mercado, su retórica reciente sobre la soberanía económica añade una capa de incertidumbre. La cuestión de fondo es si la Casa Blanca permitirá que una de sus entidades regionales sea absorbida por un gigante europeo en un momento de repliegue ultranacionalista. Para el Santander, la luz verde de la Casa Blanca es el peaje político ineludible en un entorno donde las fronteras económicas vuelven a levantarse.

Reserva Federal y BCE

Más allá del control político directo, el banco cántabro debe navegar por aguas técnicas igualmente agitadas. La Reserva Federal, cuyo liderazgo asumirá previsiblemente Kevin Warsh en mayo, representa el equilibrio entre la estabilidad del sistema financiero estadounidense y la apertura a la inversión extranjera. A este lado del Atlántico, el Banco Central Europeo (BCE) vigila la solvencia de la matriz, asegurando que la aventura americana no debilite los cimientos en el Viejo Continente.

El plan estratégico es claro: una vez obtenidos los permisos, el objetivo es la fusión de Webster con la filial de Santander en Estados Unidos, consolidando una plataforma capaz de competir con los titanes de Wall Street. La confianza de Botín es alta, apoyada en la ausencia de cláusulas de penalización de 489 millones de dólares si la operación descarrila por motivos regulatorios. Sin embargo, el precedente del BBVA y el Sabadell en España sirve como advertencia: la intervención gubernamental puede introducir condiciones que vacíen de contenido las sinergias esperadas, convirtiendo una victoria estratégica en una carga societaria.

La "buena vibra" de Botín y Trump

La sintonía entre Ana Botín y Donald Trump se hizo evidente en la cumbre de Davos, donde ambos intercambiaron elogios ante la élite global. Botín supo leer el guion republicano al aplaudir la agenda desreguladora de la Casa Blanca, mientras que Trump calificó su gestión de "fantástica".

No obstante, en la Administración Trump, las alianzas personales son tan volátiles como los mercados. El presidente ha denunciado sistemáticamente que otras naciones se han aprovechado de la apertura de Estados Unidos, impulsando un repliegue proteccionista que podría afectar incluso a los aliados más cercanos. La compra de una entidad doméstica por parte de capital foráneo podría ser interpretada, bajo esta óptica, como una pérdida de control sobre los recursos financieros locales.

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