La entrega a la UEFA por parte del Real Madrid de un dossier de 50.000 páginas ha vuelto a poner en el primer lugar de la actualidad el Caso Negreira, esto es, las millonarias entregas de dinero del Barça al número dos de los árbitros. Todo esto sucede, además, tras hacerse pública la culpabilidad del Manchester City. Si el Caso Negreira hubiera saltado en Italia, Inglaterra o en Portugal, las consecuencias habrían sido fulminantes. Acuérdense de la Juventus enviada al pozo de la Serie B tras el Calciopoli, o del castigo inapelable al Boavista.
Pero esto es España. Aquí, la Ley del Deporte ha funcionado como un salvavidas a medida. Una manita de chapa y pintura a los plazos de prescripción y... listo, asunto arreglado en los despachos deportivos. Impunidad administrativa para el coloso. Una generosidad institucional, por cierto, que jamás tuvieron con históricos como el Real Murcia, el Burgos o el Oviedo, a los que sí aplastaron sin piedad cuando las cuentas no cuadraban.
Fueron quince años de pagos ininterrumpidos en la sombra, entre 2003 y 2018. Más de 1,4 millones en la ventana investigada por la Justicia. Un periodo dorado en el que el club culé levantó nueve de quince Ligas. Según el Barça, fueron solo pagos por asesoramientos e informes técnicos sobre árbitros que ni siquiera los entrenadores del primer equipo vieron.
Sobre el césped se aplicaba una lógica implacable de premios y castigos. Un sistema de incentivos perversos. El colegiado que se equivocaba a favor del Barça solía tener recompensa: grandes citas, finales de Copa o el premio de la internacionalidad. El que pitaba en contra o cometía un fallo contra los intereses del Camp Nou, se iba directo al congelador de la "nevera". Incluso vimos penaltis pitados un metro fuera del área, goles con la mano y hasta un partido que arrancó con casi una hora de retraso sin sanción por incomparecencia.
Hagamos un repaso de lo que sucedió en el CTA durante esas 15 temporadas, siguiendo la cronología publicada en su momento por el portal Futbolgate.
En el año 2005, Mejuto González pitó un penalti a favor del Barça por una falta de Perea a Eto’o que se produjo un metro fuera del área. Mejuto fue el árbitro designado para representar a España en el Mundial de Alemania. Por otro lado, ya en el año 2006, Daudén Ibáñez anuló un gol legal al Atlético de Madrid frente al Real Madrid, lo que trajo como consecuencia la inclusión en la «nevera» para el colegiado y, hasta su retirada, no volvió a ser designado para arbitrar ningún partido importante durante las tres restantes temporadas.
En la temporada 2006/07, Rodríguez Santiago concede un gol con la mano de Leo Messi contra el Espanyol. Ese tanto daba el título de Liga al Barça, hecho que no ocurrió por el llamado «Tamudazo». A pesar de un error tan grave, a Rodríguez Santiago se le designa para pitar la final de la Copa del Rey. En la misma temporada, el mismo colegiado dio por válido un gol al Espanyol frente al Real Madrid a pesar de que unos segundos antes había pitado una falta. No hubo sanción para el árbitro.
El CTA sí sancionó en 2008 a Álvarez Izquierdo con un mes de «nevera» por no pitar un clarísimo penalti realizado por Pepe, defensa central del Real Madrid, a favor del Athletic Club de Bilbao. Sin embargo, Clos Gómez fue nombrado árbitro internacional tras anular tres goles legales al Real Madrid frente al Atlético de Madrid y expulsar injustamente al delantero neerlandés Ruud van Nilstelrooy. Este colegiado se retiró en 2017 sin que el Barça hubiera perdido ningún partido con él y haber protagonizado escándalos como los tres penaltis pitados en sólo 12 minutos en un encuentro contra el Sporting de Gijón.
Habría que dedicar un capítulo entero a las actuaciones de Teixeira Vitienes. Errores gravísimos a favor del Barça que no fueron sancionados por el CTA. En 2009 sacó dos tarjetas amarillas al centrocampista culé Sergio Busquets y no lo expulsó. El premio del CTA fue designarle como colegiado en la Supercopa de España. Al año siguiente, Teixeira permite que se inicie el partido Osasuna-FC Barcelona con 50 minutos de retraso porque el Barça llegó tarde. Esto se considera en el reglamento como incomparecencia y, en consecuencia, el Barcelona debió perder ese partido por 3-0. Además, el árbitro no pitó un clarísimo empujón dentro del área de Pedro a Juanfran. Esa temporada, el club culé ganó la Liga por una diferencia de sólo 4 puntos y Teixeira es premiado para arbitrar un clásico en la Copa del Rey.
En ese partido FC Barcelona-Real Madrid, el colegiado anula un gol legal a Sergio Ramos, le expulsa y no pitó tres penaltis al equipo blanco, además de, al menos, 10 errores flagrantes favorables al Barça. El CTA no sancionó a Teixeira.
En el año 2012, el vicepresidente del FC Barcelona, Alfons Godall, reconoció que había un trato de favor por parte de los árbitros en favor del Barça. En concreto, afirmó que «Laporta cultivó mucho y muy a fondo las buenas relaciones con estas instituciones y eso nos ayudó. Tuvo una actuación decisiva en el mandato de Villar. Se pretendía cambiar el Comité. Lo tenía clarísimo. Tenemos que asistir [a la RFEF]. Tenemos que estar al lado de las entidades en las que se ejerce el poder y no darles la espalda. ¿A qué presidente apoya Florentino? A Gerardo González. Entonces al Barça le conviene apoyar a Villar y tener una buena relación con la Federación, donde se cuecen los Comités de árbitros, la competición y la liga de fútbol».
Esto fue sucediéndose a lo largo de los años, sobre todo durante la etapa rivalidad exacerbada entre José Mourinho, Pep Guardiola, Cristiano Ronaldo y Lionel Messi.
Ya en el año 2016, en el periodo de tiempo investigado por la Justicia, el Barça es favorecido con 19 penaltis a favor y sólo uno en contra, nueve expulsiones de los equipos contrarios, por ninguna del club culé y la concesión de, al menos, 7 goles en fuera de juego. Ese año el FC Barcelona ganó la Liga por sólo un punto de diferencia respecto al Real Madrid.
Un año después, en el último partido de Liga, con una diferencia de sólo 2 puntos entre el Madrid y el Barça, el colegiado Hernández Hernández se inventó dos penaltis en el partido que se disputó en el Camp Nou frente al Eibar. Fue elegido mejor árbitro de la temporada.
En 2017, el colegiado De Burgos Bengoetxea pitó el clásico en la Supercopa de España, un partido recordado por el penalti señalado tras un piscinazo de Luis Suárez y la expulsión de Cristiano Ronaldo tras recibir un empujón del central francés del Barça Samuel Umtiti. Meses después fue premiado con la internacionalidad.
Pero el castillo de cartas se vino abajo con un papel.
Un burofax.
Cuando el Barcelona decidió cortar el grifo de los pagos, Enríquez Negreira no envió una nota de agradecimiento; envió una amenaza en toda regla. "Contaré todas las irregularidades si no siguen pagando", vino a decir. Ese documento no habla de "informes tácticos". Habla de chantaje. De complicidad. De una tubería de secretos que amenazaba con reventar.
Al final, la Liga y la Federación han cerrado filas. Saben perfectamente que si cae el Barcelona, se desploma el negocio millonario de la televisión. La marca no se toca.
Mientras los juzgados ordinarios siguen instruyendo el sumario y se señala fecha para el juicio oral, sin prisa, el balón sigue rodando. La competición continúa, sí, pero apesta a trampa. Y es que en el país donde la corrupción parece un mal endémico, hemos descubierto que el fútbol, presuntamente, no era la excepción a la regla, sino su reflejo más fiel.
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