Nadie las tenía todas consigo. Absolutamente nadie. Ni siquiera el propio don Carlitos. Eran muchos días ya, muchos meses. Y la lesión parecía preocupante. Todo el mundo la comparaba con la de otro tenista ya fuera del circuito: el Potro, Juan Martín del Potro, a quién una lesión muy parecida había privado definitivamente del brillante futuro que todo el mundo le suponía.
Y para ponerlo más complicado los expertos habían afirmado que Safiullin, Román Safiullin, tenista ruso, ya había ganado a Alcaraz en su momento, y por lo tanto podía volver a derrotarlo en su regreso a la competición profesional.
Pero ni lo uno ni lo otro. Cómo le gustan al personal los malos augurios. Aunque lo cierto es que el propio Alcaraz estaba lleno de inseguridades y miedos. Pero se le pasaron todos a partir del tercer juego del primer set.
Se sintió superior a su rival en todo momento. Administró la energía con frialdad y talento. Nada de gastarse cuando no era necesario. Si ya llevas un break de ventaja, aguantas tu servicio y tranquilo, que el Open USA es muy largo.
Así que aquí lo tenemos de nuevo. A Alcaraz. Al Mito del Palmar. Al Supersaiyano. A don Carlos Carlitos.
Aun quedan muchos pasos y muchos partidos, pero la afición se ha relajado. Ha vuelto a depositar toda la fe sobre el joven tenista murciano.
Normalmente, en su siguiente partido, debería ganar a Jaime Faria, el tenista portugués, sin despeinarse demasiado (para eso lleva su flamante diadema). Aunque, por supuesto, ya veremos.
Pero hoy todos tranquilos y a celebrarlo. Felicidades por el regreso y la recuperación, genial Carlitos.
Tigre Tigre
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