Piensa mal y acertarás, dice el viejo refrán español. Era dieciséis de noviembre y se disputaba la final de las ATP Finals en Turín. Sinner contra Alcaraz, Alcaraz contra Sinner. Era el año 2025. Era hace menos de diez horas... Pero ya es historia y quizá sea una historia más turbia de lo que puede parecer a primera vista.
Alcaraz y Sinner, los dos supersaiyanos del tenis actual. El mundo estaba esperando el encuentro, el choque de trenes. Y nada más empezar el partido estaba claro que Alcaraz dominaba, se le veía más fuerte y con más ganas. Aún iban igualados a dos juegos, pero si seguía así el ritmo era evidente que pronto le rompería el servicio a su rival.
Y entonces sucedió. Una emergencia médica. Qué oportuno para Sinner, qué desafortunado para Carlos Alcaraz. La emergencia médica duró nada menos que diez minutos. Si pasaba algo, y pensemos que realmente pasaba y no era teatro, podrían haber evacuado a quien fuese sin demasiado ruido y que continuase el partido. Pero no fue así. Diez minutos sin jugar. Y Sinner consiguió no enfriarse ni desconcentrarse, pero al Mito del Palmar le sucedió lo contrario: se desconcentró, se fue del tono con el que estaba jugando y un par de juegos más tarde tuvo que convocar al servicio médico porque tenía un tirón muscular.
Hay mucho dinero en juego en un partido de tenis, y no solo el de los premios que se reparten al final de los mismos. Están las apuestas, que literaria y cinematográficamente pueden resultar muy atractivas, pero que en el mundo real arruinan a muchos infelices incapaces de controlarse a sí mismos. Ya hemos oído en diferentes ocasiones esta temporada que durante los partidos se hacía de todo para intentar influir en el resultado: un grito extemporáneo cuando se va a jugar un punto muy importante, la luz de un teléfono que molesta a uno u otro jugador en un momento delicado del partido... o un enfermo justo cuando un jugador está demostrando que es muy superior a su rival y da la sensación de que tiene el partido en el bolsillo.
A todos aquellos que hubiesen apostado por Jannik Sinner, el Pecador, el Dopado (al que quitaron todos los puntos de un torneo pero solo pusieron tres meses de castigo sin jugar), les ha venido de perlas esa urgencia médica, ese forzoso parón en el partido.
Queda dicho. Aunque lo anterior no significa que Jannik Sinner haya jugado mal, ni mucho menos. En el único tiebreak que se ha disputado el italiano se ha comido al Niño del Palmar. Pero creemos de corazón que Carlos Alcaraz habría ganado la final de las ATP Finals de Turín 2025 si esa urgencia médica no se hubiera producido.
Piensa mal, y acertarás. ¿O acaso alguien se ha dado cuenta de que vivimos en un mundo podrido?
Tigre Tigre