Pocas veces se han visto finales de Máster 1009 tan aburridas y descafeinadas. Ninguna lucha. Ningún espectáculo. Ningún interés.
Sinner parece capaz de arrollar a todos los tenistas del momento, y más aún en ausencia del genial Carlos Alcaraz, pero su tenis es cualquier cosa menos atractivo.
Eficaz, sí. Pero eficaz desde un punto de vista mecánico. Y añadimos que, viéndole, es imposible no pensar que fue declarado culpable de dopaje y que en lugar de cumplir tres años cumplió sólo tres meses. Hay que ponerle freno al cerebro para no sospechar de que se sigue dopando y simplemente ha encontrado el método para que no detecten lo que pueda estar usando. Porque la ley sólo castiga al que pilla. El que es más listo que la norma, y se salva y la esquiva, sale sonriendo.
En Instagram el público madrileño, y la muy maltratada prensa local, se entristece e indigna al ver los palcos vacíos. A ver el tenis en Madrid sólo van los invitados de las grandes empresas y grupos financieros. Si al menos fuesen a ver el tenis..., pero les importa un bledo. La mayoría sólo van a zampar y a hacer un poco de vida social.
Al Master 1000 de Madrid habría que darle la vuelta como a un calcetín. Que lo compre otro, que lo dirija a otro, por favor.
Aunque suponemos, ay, que seguirá siendo negocio, es una auténtica patata el actual espectáculo.
Tigre Libre