Madrid, España entera, cree en Rafael Jódar. El madrileño se ha plantado en cuartos de final ante Jannik Sinner dispuesto a apagarle las luces. La ausencia de Alcaraz, lejos de dejar huérfano al tenis español, ha prendido una mecha en la raqueta de Jódar: su deseo voraz de batir al verdugo de su ídolo. Es inspiración pura, un "aquí estoy yo y creo en mí mismo" .
Las apuestas también empiezan a creer en el triunfo del Leganés en el torneo de Madrid. Y el lenguaje corporal de Sinner deja claro que llega con las piernas pesadas y el depósito en reserva. Ahí es donde Jódar se hace enorme. El madrileño y su tenis eléctrico y descarado que no entiende de jerarquías; la frescura de quien no tiene nada que perder y un mundo entero que ganar. El público lo sabe y el entusiasmo es una marea que va a empujar cada golpe del español, convirtiendo el estadio en una olla a presión donde Sinner va a sentir que el aire pesa el doble.
No es solo optimismo, es realidad. Jódar tiene el tenis, tiene el hambre y tiene ese aura de los elegidos que aparecen cuando nadie los espera. Sinner podrá tener la corona, pero Rafael Jódar tiene el momento, el impulso y el corazón de un país que ya lo ve levantando los brazos. No gana el que más puntos tiene en la ATP, gana el que más ganas tiene de comerse el mundo. Y ese alguien se llama Rafael Jódar.
El último set de sus tres últimos partidos lo ha ganado aplastando. 6-1, 6-1 y 6-0.
Que no nos diga nadie que no sería bonito.
Tigre Tigre