Es una final de un ATP 500. Venimos de ver partidos buenísimos y durísimos. Uno detrás de otro. El duelo de El Señor del Palmar contra Rublev fue un inolvidable espectáculo. Y en la misma línea estuvo su batalla contra Kachanov.
Así que en el partido definitivo, en el último, esperábamos, el mundo esperaba, y quizá hasta el mismo Alcaraz esperaba, que la lucha sería titánica difícil y larga.
Pero su rival se deshizo. De insuficiencia. De miedo. Tenía enfrente, no simplemente a un chaval de su edad, sino al número 1 del mundo. A un tipo de veintidós tacos de quien ya el mismísimo Roberto Carretero ha dicho que, si continúa por la misma senda de creatividad y crecimiento, puede acabar convirtiéndose en el mejor voleador de la historia.
Porque es impresionante verlo. Y también es impresionante cómo ha crecido... en cuanto se ha librado de su padre tenístico: Juan Carlos Ferrero. Pero esa es otra historia y la contaremos luego en un vídeo.
Carlos Alcaraz, español, ha ganado a Arthur Fils, francés en la final del ATP 500 de Doha por 6-2, 6-1.
Y ha pedido perdón a su rival cuando se han abrazado en la red. No podía permitirse blandenguerías. Aunque desde aquí nos atrevemos a sospechar que el único juego que gana el francés en el segundo set, Alcaraz no lo ha luchado por completo con lo mejor de sí mismo.
Bravo, supersayano. Gracias por darnos tantas alegrías en este mundo, muchísimas veces difícil y convulso, en el que vivimos.
Tigre Tigre