Parece que sí, pero en verdad no. Parece que estamos asistiendo, en un principio, a un duelo entre animales iguales. Entre dos gatos. O entre dos ratones, que nosotros no hacemos distingos entre mamíferos, a diferencia de la mayoría de la población, que idolatra al gato y desprecia al ratón (nadie le parece mal que se mate a una rata o un ratón). Pero es evidente que lo habitual en una pelea entre mamíferos, si uno es gato y otro es ratón, quien se zampe al otro sea el gato.
Y en los cuartos de final del Open de Australia 2026 Carlos Alcaraz, el Mito del Palmar era el gato, y Álex de Miñaur, el ratón.
En los tres sets del partido consiguió Alcaraz ponerse con ventaja de 3-0. Sin embargo, en el primero, el ratón logró remontar; o porque le dejaron hacerlo, y así podían jugar y entretenerse con él más tiempo, o porque realmente el más fuerte era, en ese momento, el ratón. Pero en el segundo y tercer set, con 3-0 a favor de don Carlos, el ratón ya no era, de ningún modo, el más fuerte. Ya no.
Porque el gato eran mucho gato. Aunque el ratón también era mucho ratón. Pero gato Alcaraz, cuando ya se hubo divertido, entretenido, lo suficiente, clavó las afiladas raquetas en el lomo de su rival... y se comió al valiente ratón, maravilloso jugador.
7-5, 6-2, 6-1.
Dos horas y cuarenta y cinco minutos.
Tigre Libre