Un articulista normal escribiría el texto que voy a poner a continuación y no seguiría dándole vueltas al tema de la relación entre el Ferrero y Alcaraz, pero yo soy un sentimental. Un sentimental y un raro. Y según el patoso Gémini hasta soy todo un equipo de gente..., pero esa es otra historia.
El tercer partido de Alcaraz en Melbourne se ha desarrollado como sigue:
Carlos Alcaraz se impuso con claridad a Corentin Moutet en la tercera ronda del Open de Australia. El español cerró el partido en tres sets, 6-2, 6-4 y 6-1, en poco más de dos horas de juego. Dominó desde el fondo de la pista, mantuvo un alto porcentaje de primeros servicios y redujo al mínimo los errores no forzados. Moutet intentó variar con dejadas y cambios de ritmo, pero no logró incomodar de forma sostenida. Con esta victoria, Alcaraz avanza a octavos de final, donde se enfrentará al estadounidense Tommy Paul, el verdugo del segundo mejor español en el ranking mundial: Davidovich Fokina (FOKI).
Supongo que eso es lo que la mayoría de los aficionados al deporte quieren oír, leer, y que les importa un bledo que la relación, que puede calificarse de paterno filial, entre Juan Carlos Ferrero y Carlos Alcaraz haya tocado a su fin.
Pero nos ha preguntado hoy al respecto uno de los lectores del periódico, y hemos mantenido una tertulia, ¿los miembros del equipo?, en la que ha quedado claro que el deporte es un mundo muy duro, que casi nadie llega, y que si Ferrero se hubiese bajado los pantalones cobrando menos de lo que considera justo, como a mí me habría gustado, repito que soy un sentimental, (y un personaje de ficción), habría sido inadecuado.
No me gusta que haya tanto dinero en el deporte. ¿A quién no se le va la cabeza si puede ganar un millón de dólares en una hora? Los deportistas son héroes, y por lo tanto ejemplo para los niños de todo el mundo. Es una basura de ejemplo, en mi opinión.
Aunque también podría hablarse sobre que Carlitos ha matado al padre, como se dice freudianamente. Porque Ferrero, de algún modo o de muchos, es su padre. Pero sucede también que el verdadero padre, el biológico, de Carlos Alcaraz, es bastante parecido al padre de Max Verstappen en la Fórmula 1. Padres propietarios. Este caballo es mío y le hago competir y correr como quiero y con quien quiero.
Entiendo que todos los españoles tenemos una relación sentimental con Alcaraz, pero entiendo también que eso es una blandenguería y en el deporte la blandenguería no tiene sitio.
Que gane el mejor en Melbourne y que, ojalá, ese mejor sea nuestro Don Carlitos.
Tigre Libre