Alcaraz en Australia, dirigiéndose a sí mismo

22 de Enero de 2026
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Alcaraz en Australia, dirigiéndose a sí mismo

Ya no parece un super saiyano, con el pelo rubio, Carlos Alcaraz. Ya no lo parece, pero lo sigue siendo.

Me impresiona lo fuerte que se golpea la pelota en el tenis moderno. 

Estamos en Melbourne y Carlos tiene enfrente a un tenista medio sordo, Hanfman, que ya sería feliz si lograse ganarle un set. Incluso sería suficiente, algo que podrá contar a sus nietos, que le rompiesen el servicio al español una vez. Y lo logra, en el primer set, en el primer set, aunque luego el super saiyano del Palmar le devuelven la moneda de modo inmediato. 

Pero de ninguna manera ese primer set ha sido un paseo. Hora y media. Trabajo largo e intenso para el número 1 del mundo. (Estaba Alex Corretja, acompañado por el siempre entusiasta Fernando Ruiz, creo, mientras comentaba, levemente inquieto).

Los dos siguientes sets, hasta el 3-0, un paseo. 

Seguimos sin acostumbrarnos a la ausencia de Ferrero. Lamentamos, por segunda vez consecutiva en un artículo, que en el mundo de los héroes, porque los deportistas son héroes, nos haya comido, como los americanos de segunda que somos, americanos de las colonias, la infinita avaricia por el dinero. Maximizar beneficios, en la era moderna, es sólo maximizar dinero. Maximizar beneficios debería referirse a la alegría de vivir. Ferrero tendría que haber cedido todo lo que hiciera falta para seguir junto al supersaiyano de los huevos de oro.

El hombre feliz no tenía camisa, decía siempre uno de mis abuelos. 

El viernes veremos a Alcaraz de nuevo, contra Corentin Moutet, número 37 del mundo, mientras tanto: celebremos el orgullo y la felicidad que es tenerlo. Aunque nadie nos dé dinero.

Tigre Tigre

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