Treinta años de edad y dos metros de estatura. Rinderknech. Arthur Rinderknech. Terrorífico. Un gigante sudoroso con el pelo pegado a la frente y mirada de asesino. Daba miedo.
Y enfrente estaba Don Carlitos. Sonriendo, como siempre. Aunque se le veía pequeñito. Y no sudaba. Su magnífica mata de pelo tranquila y en su sitio.
Por supuesto era el gran favorito.
Pero Arthur Rinderknech, el gigante de este cuento, el Goliat de este partido, salió desde el principio dispuesto a derrotarlo y destruirlo.
Jugó con todo lo que tenía y con el máximo esfuerzo, concentradísimo. Hizo sufrir al Mito y hasta consiguió arrebatarle el primer set.
Pero David es David y sabe manejar la onda como si Dios le hubiese creado solo para eso. Carlos Alcaraz es Carlos Alcaraz y sabe manejar la raqueta como si Dios le hubiese creado para eso.
Aun así no estaba en un momento perfecto físico. El tobillo. Pero se domó a sí mismo, y el segundo set fue suyo y en el tercero el gigante estaba vencido.
Maravilla de partido.
Bravo. Tres hurras por Carlos Alcaraz y todo su equipo.
Tigre Tigre