Los bólidos más chapuza de la historia de la Fórmula han vuelto a demostrar en el Gran Premio de Bahréin, Bahréin por mis canicas y por mucho que lo hayan llamado así, que son poco fiables hasta rozar lo ridículo.
Y también ha quedado claro que con el software, manipulándolo, se puede hacer caer a un coche o a un piloto sin excesiva dificultad en caso de que esa sea la voluntad del equipo.
Esto último sería lo único que podría mantener vivo el campeonato hasta la última carrera, porque el niñato Antonelli, de quien no negamos que sea un excelente piloto, tiene ya tanta ventaja que es muy posible que alcance la corona tres, cuatro o cinco grandes premios antes del final de la temporada.
Un drama.
¿Quién ve la Fórmula 1 cuando yo se sabe quien es el campeón mundial?
Sí, se seguirán llenando los circuitos, y si no se llenan ya bajarán el precio de las entradas y hasta las regalarán para que así se llenen.
Pero es lo que hay. El pobre George Russell está demostrando que no es rival para su joven compañero de equipo. Quizá el software tampoco le ayude.
Pero ha sido gran alegría y placer ver a Max Verstappen ganar una carrera otra vez.
El Circo, el Gran Circo de la F1, que al igual que los otros circos ya no puede permitirse tener verdaderos animales salvajes, porque todo tiene que ser reglado y cuadriculado y esencialmente cobarde.
Si Fangio y Ascari y Stirling Moss, y también Jim Clark y Ayrton Senna, levantasen la cabeza... Admirarían también a Max Verstappen, porque con tanta estupidez es mucho más difícil demostrar la calidad final de un piloto. A Max Verstappen, y quizá también a don Fernando Alonso y a don Luis Hamilton.
En verdad los pilotos son lo único que para mí tiene en el Gran Circo actual, como siempre, interés.
Tigre Libre
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