Sí, no estoy hablando de nada meramente simbólico, ni faltando a la verdad.
Hoy, 15 de marzo del año 2026, un niño ha ganado una carrera de Fórmula 1.
Dicen los comentaristas que es el piloto más joven en haber conseguido una pole posición en la categoría máxima. Dicen los comentaristas, y eso es muy cierto, que es el segundo piloto en ganar una carrera antes de los veinte años. Pero eso es evidente, porque todos los niños tienen menos de veinte años.
Un niño, que conducía coches de carreras a una edad en la que no se le permitía sacarse el carnet de conducir. La sociedad dice que la edad es una condición determinante, y a Andrea Kimi Antonelli jamás le habrían permitido, antes de los dieciocho, examinarse para el carnet de conducir normal. (Mundo ultra regulado e idiota).
En estos tiempos, y en occidente, alguien con 19 años es, se mire como se mire, un niño. Normalmente sigue viviendo en casa de sus padres y vive archiprotegido. Y al mismo tiempo no se le permite entrar en la sociedad de los adultos. Porque es un niño.
Hoy, ese niño, un niño que representa a todos los niños del mundo tengan la edad que tengan, ha ganado un Gran Premio de Fórmula 1. Nada menos que en China. En la lejana China, para los occidentales.
Y lloraba. Lloraba como un niño, el niño Antonelli. Y todos los niños del mundo, tengamos la edad que tengamos, hemos llorado un poco con él; pero también hemos sido felices, muy felices con él.
Bravo Kimi, bro. El futuro es de los niños, de todos los niños. Niños maravillosos que se merecen, y lo tendrán, rezo en mi corazón para que así sea, un futuro magnífico.
Tigre Libre