Hoy lo he visto claro. Dios Russell, perdón: George Russell, ha ganado la carrera en el RedBull Ring a base de talento, mérito y estrategia, sí, pero le han dejado hacerlo. Esa es la clave, que le han dejado hacerlo. El coche de Russell no le ha dejado tirado, le han dejado hacer la estrategia que el piloto había elegido, y el resultado es bueno para todos. Bueno para el hombre más poderoso del circo en este momento, Toto Wolff, que ve como su escudería, Mercedes se escapa en solitario. Y aunque al público le importa menos ganar el mundial de constructores es lo verdaderamente rentable en La Máxima. Russell ha adelantado a Hamilton en la clasificación del mundial y recuperado el segundo puesto. Y para sorpresa de propios y extraños Max Verstappen ha resucitado. Decimos sorpresa, pero con Verstappen que haga milagros nunca sorprende tanto.
Liberty Media, el espíritu Santo de la Fórmula 1 que mueve los hilos para que no decaiga el espectáculo, parece que va a volver a lograrlo.
Incluso podrían ser cuatro los pilotos que luchen por el mundial hasta la última carrera, si añadimos a Lewis Hamilton, que es capaz de tirar el suelo en redes sociales de la categoría reina del automovilismo. Aunque, no debemos olvidarlo, Ferrari esta gafado (quizá sea la mucha sangre derramada en los primeros años, pero esa es otra historia).
En cualquier caso, como decíamos hace un par de artículos, la F1, ha resucitado. Y a George Russell parece que le está funcionando bien lo de aliarse con el diablo.
Miro a los pilotos, tan domados en esta época, y no purdo evitar el pensamiento de que estamos viendo a Tigres a los que se trata como si fueran simples gatos.
Tigre Maullando